El Presidente utilizó la Argentina Week para hacer campaña por su reelección y aseguró que 2028 será el mejor año económico de la historia. Presentó como respaldo financiero unos US$75.000 millones, aunque sumó reservas, swaps y contratos de futuros que no constituyen una única caja de dólares disponibles.
París, Francia, 1.º de octubre de 2026. Javier Milei convirtió su presentación ante inversores internacionales en un acto anticipado de campaña. Durante la Argentina Week, el Presidente condicionó el futuro económico del país a su reelección en 2027, prometió que 2028 será “el mejor año económico de la historia argentina” y aseguró que un Congreso favorable permitiría desplegar un “milagro” de reformas.
“Si nos votan, van a experimentar un milagro”, afirmó frente a empresarios, banqueros y representantes de fondos de inversión. La frase combinó dos mensajes: una invitación a colocar capitales en la Argentina y una advertencia sobre los riesgos que, según Milei, implicaría un triunfo opositor.
El discurso mostró que el Gobierno no viajó a Francia únicamente para presentar sectores productivos o negociar inversiones. También buscó internacionalizar la campaña presidencial de 2027 y transmitir a los mercados que la continuidad del programa económico dependerá de la permanencia de La Libertad Avanza en el poder.
Una campaña financiada con agenda presidencial
Milei proyectó un triunfo en primera vuelta si el oficialismo repite los resultados de los últimos comicios. También sostuvo que podría conseguir el control de Diputados y quedar cerca de una mayoría en el Senado, un escenario que permitiría profundizar la desregulación, las privatizaciones y la reducción del Estado.
La afirmación todavía pertenece al terreno de la especulación electoral. La composición del próximo Congreso dependerá de las listas, las alianzas provinciales, la participación y la evolución económica durante el año previo a las elecciones. Tampoco resulta automático que repetir un porcentaje obtenido en una elección legislativa permita ganar una presidencial sin segunda vuelta.
El Presidente presentó su continuidad como garantía de rentabilidad para los inversores. En sentido inverso, describió a la oposición como una amenaza para la estabilidad y aseguró que “el 70% de los argentinos no quiere volver atrás”. No explicó qué estudio respalda ese porcentaje ni cómo se compatibiliza con encuestas que muestran un deterioro en la aprobación de su política económica.
La intervención se produjo en un viaje oficial, con recursos del Estado y una delegación integrada por ministros y gobernadores. Por esa razón, el uso de la actividad para pedir indirectamente el voto abre una discusión política: Milei habló como jefe de Estado ante capitales extranjeros, pero organizó buena parte del mensaje como candidato.
El “milagro” que depende de las urnas
La promesa de que 2028 será el mejor año económico de la historia no constituye una proyección técnicamente verificable. Una previsión seria debería precisar crecimiento, empleo, salarios, inversión, inflación, pobreza y distribución del ingreso. Milei ofreció una consigna política, no un programa cuantificado.
El Gobierno sostiene que la eliminación del déficit fiscal, la desregulación y la apertura económica crearán las condiciones para una expansión sostenida. Sin embargo, la estabilidad contable no garantiza por sí sola una recuperación del consumo, la industria ni los ingresos familiares.
La actividad económica registró una fuerte caída mensual en julio y distintas entidades redujeron sus previsiones de crecimiento para 2026. La pobreza alcanzó al 32,3% de la población, el desempleo llegó al 7,9% y la informalidad laboral ronda el 45%. Al mismo tiempo, minería, hidrocarburos y algunos complejos exportadores mantienen una evolución más favorable que la industria orientada al mercado interno.
Esta economía a dos velocidades permite mostrar crecimiento en sectores que generan divisas mientras comercios, pequeñas empresas y hogares siguen enfrentando dificultades. El desafío no consiste solamente en aumentar el producto, sino en lograr que esa expansión se traduzca en empleo formal, salarios y capacidad de consumo.
Una bazuca que mezcla dólares con promesas
El punto más discutible del discurso fue la supuesta “bazuca” de US$75.000 millones. Milei afirmó que el Gobierno cuenta con US$20.000 millones adquiridos como reservas, US$20.000 millones correspondientes al swap con Estados Unidos, una cifra semejante del acuerdo con China y US$15.000 millones en posiciones de futuros.
La suma aritmética alcanza los US$75.000 millones. El problema es que esos componentes no poseen la misma naturaleza y no pueden tratarse como si fueran billetes depositados en una caja de libre disponibilidad.
Las compras de reservas pueden mejorar el activo del Banco Central, pero para conocer su capacidad real de intervención deben descontarse pasivos, encajes bancarios, depósitos, obligaciones con organismos internacionales y otros compromisos. La diferencia entre reservas brutas, netas y líquidas resulta decisiva.
El swap con China es una línea de intercambio de monedas y no una transferencia gratuita. Argentina renovó un acuerdo cercano a US$19.000 millones, pero solamente una porción aproximada de US$5.000 millones permanece activada. Utilizar el resto requiere cumplir condiciones y puede generar costos financieros.
El swap con Estados Unidos representa un respaldo relevante, pero también es financiamiento sujeto a condiciones, plazos y devolución. Su existencia fortalece la capacidad de respuesta del Banco Central, aunque no debe confundirse con reservas propias obtenidas mediante exportaciones o inversión productiva.
La posición en mercados de futuros es todavía más diferente. Un contrato futuro permite intervenir sobre expectativas cambiarias y asumir compromisos de liquidación, generalmente en pesos. No equivale a poseer US$15.000 millones para vender en el mercado. Contabilizarlo como parte de una caja de dólares mezcla liquidez, crédito contingente y herramientas derivadas.
Milei utilizó una metáfora militar para comunicar capacidad de fuego financiera, pero la potencia de esa “bazuca” dependerá de cuánto dinero puede utilizarse efectivamente, durante cuánto tiempo y con qué costo.
Comparar futuros con la base monetaria
El Presidente sostuvo que, frente a una base monetaria aproximada de US$30.000 millones, la posición en futuros permitiría retirar de circulación el equivalente a la mitad de los pesos. La comparación simplifica mecanismos diferentes.
La base monetaria está compuesta por billetes, monedas y depósitos de los bancos en el Banco Central. Los futuros cambiarios, en cambio, generan ganancias o pérdidas según la diferencia entre el valor pactado y el tipo de cambio vigente al vencimiento.
Si el Banco Central vende futuros para contener expectativas y luego el peso se devalúa, debe afrontar una pérdida. Esa liquidación puede obligarlo a emitir pesos, esterilizarlos o absorber el impacto fiscal y monetario por otra vía. La herramienta puede funcionar como señal y cobertura temporal, pero no reemplaza la acumulación genuina de reservas.
La verdadera capacidad para enfrentar una corrida depende de la confianza, la liquidez disponible, el acceso al financiamiento y la coherencia del régimen cambiario. Un arsenal financiero anunciado pierde efectividad si los actores económicos creen que será utilizado para defender un valor insostenible.
La promesa energética a Europa
Milei ofreció a la Argentina como proveedor confiable de energía para Europa. Señaló que el continente aprendió los riesgos de depender de proveedores inestables y destacó que el país puede exportar gas, petróleo y minerales desde una región pacífica y alineada con Occidente.
La oportunidad existe. Vaca Muerta, el desarrollo del gas natural licuado, el litio y los proyectos de cobre pueden aumentar las exportaciones durante los próximos años. Francia y otros países europeos también buscan diversificar sus proveedores y asegurar minerales esenciales para la transición energética.
Pero convertir recursos naturales en desarrollo exige infraestructura, tecnología, financiamiento y estabilidad normativa. También requiere controles ambientales, participación de las provincias y respeto por los derechos de las comunidades. Exportar más hidrocarburos o minerales no garantiza por sí mismo industrialización ni distribución territorial de la riqueza.
El Gobierno concentra su propuesta en atraer capitales mediante beneficios fiscales, seguridad jurídica y desregulación. La discusión pendiente es cuánto valor quedará en el país, qué empleos se generarán, qué impuestos pagarán las compañías y quién financiará las obras necesarias.
Milei contra Macri y el kirchnerismo
Durante su exposición, el Presidente cuestionó tanto al kirchnerismo como al gobierno de Mauricio Macri. Al primero lo acusó de haber sostenido industrias poco competitivas mediante restricciones cambiarias y protecciones. Al segundo le reprochó haber pedido confianza internacional antes de resolver el déficit fiscal.
La crítica a Macri tuvo un objetivo preciso: convencer a los inversores de que esta vez la experiencia liberal sería diferente. Milei afirmó que su administración realizó primero “el trabajo duro” y solo después salió a buscar capitales.
Sin embargo, el programa todavía enfrenta problemas que también afectaron al macrismo: necesidad de dólares, dependencia del financiamiento externo, fragilidad política y dificultad para que la estabilidad macroeconómica llegue a la economía cotidiana. La diferencia fiscal es relevante, pero no elimina los riesgos cambiarios, productivos y sociales.
Su rechazo a un nuevo “plan platita” apuntó a garantizar que no incrementará el gasto para mejorar sus posibilidades electorales. También anunció que buscará reformar la Carta Orgánica del Banco Central para limitar el financiamiento monetario del Tesoro.
La independencia monetaria puede mejorar la credibilidad, pero ninguna reforma reemplaza la necesidad de administrar crisis. Un Banco Central sin facultades suficientes para actuar también puede quedar impedido de responder ante corridas bancarias, shocks externos o emergencias financieras.
Inversores atentos, no convertidos
La Argentina Week reunió a funcionarios, gobernadores y ejecutivos de compañías vinculadas con energía, minería, agroindustria, salud y tecnología. La presencia empresarial refleja interés por las oportunidades del país, pero no equivale a compromisos concretos de inversión.
Los capitales evalúan rentabilidad, estabilidad institucional, disponibilidad de divisas, infraestructura y posibilidad de retirar utilidades. También observan el riesgo país, que continúa por encima de los 600 puntos y encarece el financiamiento argentino.
Las promesas presidenciales pueden mejorar el clima político de una reunión, pero los desembolsos llegan cuando existen contratos, permisos, garantías y previsibilidad. El entusiasmo discursivo no sustituye el costo del crédito ni las condiciones materiales de producción.
Milei viajó a París para vender una Argentina futura: abundante en energía, abierta al capital y gobernada durante otro mandato por La Libertad Avanza. El problema es que los inversores no compran milagros; compran flujos, activos y garantías.
El Presidente prometió que la prosperidad aparecerá después de su reelección. La campaña encontró así una fórmula cómoda: los resultados extraordinarios siempre quedan colocados un año más adelante. Mientras tanto, la economía presente deberá demostrar si la bazuca contiene dólares utilizables o apenas una suma ruidosa de reservas, préstamos y papeles.




























