Defensa autorizó una permuta de toneladas de membrillo para conseguir repuestos de una camioneta Chevrolet S10 del Ejército. El expediente oficial expone el nivel de deterioro presupuestario en las Fuerzas Armadas bajo el gobierno de Milei. Mientras anuncian F-16 y épica militar en televisión, en los cuarteles ya funcionan como feria barrial administrada con expediente electrónico.
El gobierno libertario logró algo extraordinario: llevar a las Fuerzas Armadas argentinas a una mezcla entre economía medieval, grupo de Facebook Marketplace y almacén de pueblo quebrado.
Porque sí, ocurrió de verdad.
En el año 2026, el Ministerio de Defensa terminó autorizando un canje de toneladas de membrillo para conseguir repuestos de una camioneta modelo 2010.
No es sátira.
No es sketch de Capusotto.
No es una alegoría sobre el colapso estatal.
Es un expediente oficial de la República Argentina.

Mientras Luis Petri y los libertarios posan con cascos, aviones F-16 y discursos sobre soberanía militar, adentro del aparato de Defensa la situación parece administrada por vecinos organizando una rifa para arreglar la trafic escolar.
“¿Quién tiene un alternador? Nosotros ponemos dulce.”
La imagen es demasiado perfecta para esta época. Una Chevrolet S10 2010 del Ejército Nacional siendo reparada mediante trueque alimenticio mientras el gobierno vende fantasías geopolíticas de potencia occidental alineada con Washington y la OTAN.
El ejército de TikTok.
Las Fuerzas Armadas versión feria americana.

Y lo mejor es el organismo involucrado: la Dirección de Remonta y Veterinaria. Un nombre que ya suena a película olvidada sobre mulas militares del siglo XIX pero que hoy funciona como símbolo involuntario del derrumbe material del Estado argentino.
Porque ahí aparece el detalle más brutal de toda la historia: dentro del propio Ejército admiten que este tipo de prácticas existen hace años… pero que “con la malaria de este gobierno” la situación empeoró.
Esa frase sola explica todo.
No estamos hablando únicamente de un canje pintoresco.
Estamos viendo cómo la crisis presupuestaria empezó a transformar instituciones enteras en mecanismos de supervivencia improvisada. El problema no es el membrillo. El problema es que el Estado argentino ya administra partes sensibles de su estructura como familia endeudada intercambiando electrodomésticos usados para llegar a fin de mes.
Mientras tanto, afuera, los libertarios siguen actuando como si gobernaran Dubai.
La contradicción es pornográfica.
Por un lado anuncian compras militares millonarias, alineamiento estratégico internacional y modernización bélica. Por el otro, los cuarteles tienen salarios pulverizados, obra social detonada, militares sin cobertura médica y vehículos viejos reparados mediante permutas de fruta procesada.

Top Gun versión almacén regional.
Y el gobierno encima intenta vender todo esto como eficiencia administrativa. Como si el problema fuera simpático. Como si el retorno del trueque estatal representara creatividad libertaria y no directamente precarización extrema de funciones públicas básicas.
Porque claro: para el mileísmo toda degradación estatal puede maquillarse como “innovación”.
¿No hay presupuesto?
“Gestión alternativa.”
¿No alcanzan fondos?
“Optimización de recursos.”
¿No pueden comprar repuestos normalmente?
“Permuta estratégica de membrillo.”
Maravilloso.
Lo más argentino de toda la escena es que nadie parece sorprendido del todo. Los militares están acostumbrados al abandono presupuestario histórico. Pero incluso dentro de las Fuerzas Armadas la situación ya empieza a sentirse grotesca. Sobre todo porque el contraste con la propaganda oficial resulta obsceno.
La televisión libertaria habla de soberanía occidental, rearme estratégico y liderazgo continental mientras los tipos que manejan camionetas del Ejército probablemente estén calculando cuántos kilos de fruta necesitan para cambiar una batería.
Y ahí aparece Carlos Presti, jefe del Ejército, cada vez más cuestionado internamente. Porque prometieron relanzamiento, modernización y recuperación institucional… pero lo que termina apareciendo en los expedientes son escenas de economía de guerra administradas con formularios digitales.
El ajuste libertario llegó finalmente a una etapa fascinante donde el Estado sigue existiendo… pero funcionando como club barrial fundido.
Lo impresionante es que el gobierno todavía logra sostener épica incluso en medio de semejante derrumbe operativo. Hablan de grandeza nacional mientras los cuadros medios sobreviven entre recortes, salarios destruidos y logística improvisada.
La motosierra terminó convirtiendo a Defensa en un capítulo perdido de “El Zorro”.
Solo falta que la próxima licitación diga:
“Se permutan dos bolsas de batata por municiones y un radiador usado.”
Y honestamente, ya nadie descartaría que ocurra.
Viste que la casta siempre fuimos nosotros, debes de darte cuenta.

























