Legisladores de La Cámpora, el peronismo y distintos bloques respaldaron un proyecto contra las agresiones dirigidas a Myriam Bregman. El pronunciamiento coloca al gobernador ante una contradicción: Cúneo acaba de incorporarse al PJ bonaerense, respaldó su candidatura presidencial y pretende competir por la Gobernación en 2027.
La Cámara de Diputados bonaerense se prepara para repudiar las expresiones misóginas de Santiago Cúneo contra Myriam Bregman. La iniciativa reunió firmas de la izquierda, La Cámpora, otros sectores del peronismo, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica, y podría llegar al recinto durante la próxima sesión.
El proyecto fue presentado por el diputado Christian Castillo después de que Cúneo atacara a Bregman desde su programa de streaming. El dirigente no se limitó a cuestionar sus posiciones políticas: realizó comentarios sobre su cuerpo, su vestimenta y su sexualidad, y recomendó presentarla de una manera “más trolita” para mejorar su supuesto vínculo con determinado electorado.
Las expresiones excedieron una discusión partidaria. Constituyeron una descalificación basada en el género que buscó reducir la intervención pública de una dirigente política a su apariencia física y a una sexualización forzada. El mecanismo es conocido: cuando la destinataria es una mujer, el debate abandona rápidamente sus argumentos para concentrarse en el cuerpo, la ropa, la edad o la vida sexual.
La reacción legislativa puede convertirse ahora en el primer costo interno de la reciente incorporación de Cúneo al Partido Justicialista bonaerense y al espacio político que impulsa la candidatura presidencial de Axel Kicillof.
Un repudio que atravesó los bloques
Entre quienes acompañaron la iniciativa aparecen Facundo Tignanelli, referente legislativo de La Cámpora, y Soledad Alonso, cercana a Cristina Fernández de Kirchner. También firmó Noelia Saavedra, vinculada políticamente con la intendenta de Moreno, Mariel Fernández.
El respaldo se extendió a Diego Garciarena, de la Unión Cívica Radical; Romina Braga, de la Coalición Cívica; y Mónica Schlotthauer, de la izquierda. Esa composición le otorga al proyecto un carácter transversal y reduce la posibilidad de presentarlo como una maniobra exclusiva de la disputa interna peronista.
La probable aprobación del texto no implicará una sanción penal ni administrativa contra Cúneo. Se tratará de una declaración política de la Cámara, cuyo valor reside en establecer un límite institucional frente a expresiones consideradas discriminatorias y violentas.
La Legislatura no deberá determinar si Cúneo puede continuar expresándose ni juzgar sus opiniones ideológicas. La discusión es otra: si las agresiones sexuales y misóginas pueden ser normalizadas como una forma válida de confrontación política.
El repudio también obliga al peronismo bonaerense a discutir qué límites está dispuesto a establecer dentro de su política de ampliación. Cúneo ya no es solamente un comunicador externo que lanza provocaciones desde un estudio. Es un afiliado reciente del PJ, se incorporó públicamente a la construcción de Kicillof y anunció su intención de disputar la sucesión provincial.
El nuevo aliado que rápidamente se volvió incómodo
Cúneo formalizó su afiliación al Partido Justicialista bonaerense en agosto, durante un acto encabezado por Andrés Larroque y Mariano Cascallares. La incorporación fue presentada como parte de la apertura partidaria promovida por el sector alineado con Kicillof.
Durante aquella actividad, afirmó que regresaba a un espacio que había permanecido “secuestrado”, en una crítica dirigida contra la anterior conducción de La Cámpora. También sostuvo que el PJ debía abrirse a sectores que habían competido por fuera de su estructura y confirmó que pretendía participar en las elecciones de 2027 como precandidato a gobernador.
Cúneo había sido candidato a diputado nacional en 2025 y consiguió alrededor de 117.000 votos, equivalentes al 1,2 %. Su aporte electoral es limitado, pero su incorporación formó parte de una estrategia más amplia: reunir expresiones dispersas del peronismo, movimientos nacionalistas, estructuras sindicales y dirigentes enfrentados con el kirchnerismo.
Esa expansión tiene una lógica comprensible para un gobernador que busca proyectarse nacionalmente. Kicillof necesita salir de los límites bonaerenses, construir una identidad propia y sumar sectores que no se encuentran completamente alineados con Cristina Kirchner.
El problema aparece cuando la ampliación electoral incorpora figuras cuyos discursos chocan con las posiciones históricas del mismo espacio. El regreso de Cúneo al PJ pudo mostrarse inicialmente como una señal de pluralidad. Sus ataques contra Bregman revelan el costo de una apertura sin condiciones políticas claramente establecidas.
La incorporación de nuevos dirigentes no obliga a compartir cada una de sus opiniones. Pero cuando esos dirigentes representan públicamente al espacio, respaldan a su conductor y pretenden ocupar cargos, sus intervenciones dejan de ser exclusivamente personales. También afectan la identidad de la fuerza que decidió recibirlos.
La contradicción de La Cámpora
La firma de legisladores vinculados con La Cámpora contiene, además, una fuerte carga interna. Cúneo había celebrado su regreso al justicialismo como la liberación de un partido supuestamente capturado por ese sector. Ahora son diputados camporistas quienes acompañan el repudio contra sus expresiones.
La jugada permite a La Cámpora ubicarse del lado de Bregman y, simultáneamente, exhibir una contradicción del armado de Kicillof: el gobernador busca construir una alternativa amplia frente a Javier Milei, pero uno de los dirigentes recién incorporados utiliza contra una adversaria política un lenguaje degradante semejante al que el peronismo denuncia cuando procede del oficialismo nacional.
No significa necesariamente que el proyecto haya sido concebido para golpear al gobernador. La naturaleza de las expresiones alcanza por sí sola para justificar el pronunciamiento. Sin embargo, sería ingenuo ignorar que el caso se desarrolla dentro de una pelea más amplia por la conducción, la identidad y las candidaturas del peronismo.
La Cámpora puede repudiar a Cúneo sin romper con Kicillof. También puede aprovechar el episodio para cuestionar los criterios con los cuales el gobernador amplía su espacio. Ambas dimensiones conviven.
Por eso resulta prematuro hablar de una fractura en Fuerza Patria. Hasta el momento existe una tensión política concreta, no una ruptura. Los legisladores pueden votar el repudio y continuar integrando el mismo bloque. La verdadera dimensión del conflicto dependerá de la reacción de Cúneo y, sobre todo, de la posición que adopten Kicillof, Larroque y las autoridades del PJ bonaerense.
Bregman no fue cuestionada por sus ideas
Cúneo intentó presentar su ataque como parte de una discusión política. Acusó a Bregman de reclamar atención del gobernador, la definió como una dirigente irresponsable y contrapuso esa supuesta actitud con las obligaciones de Kicillof frente al ajuste nacional.
Esa discusión podría haberse desarrollado mediante argumentos. Podía cuestionar las posiciones de la izquierda, su estrategia electoral, su relación con el gobierno bonaerense o sus críticas a la gestión provincial. En cambio, desplazó el debate hacia la apariencia y la sexualidad de Bregman.
Recomendar que una dirigente muestre el escote, aparentar una mayor disponibilidad sexual o adaptar su cuerpo para conseguir votos no refuta ninguna posición política. Busca disminuir a la adversaria, expulsarla simbólicamente de la discusión racional y convertirla en objeto de observación masculina.
Tampoco se trata de un exceso aislado que pueda excusarse únicamente por el tono provocador de un programa. La comunicación política basada en el insulto suele presentarse como irreverencia, pero esa etiqueta no elimina su contenido. La provocación también construye sentidos y establece qué formas de violencia se vuelven tolerables.
El caso adquiere mayor gravedad porque Argentina atraviesa una expansión de los discursos agresivos desde las máximas autoridades políticas. La degradación pública de adversarios, periodistas, artistas y dirigentes sociales dejó de ser una anomalía para transformarse en método de acumulación electoral.
Si la oposición pretende diferenciarse de esa práctica, no puede condenarla solamente cuando proviene de Javier Milei y relativizarla cuando aparece dentro de sus propias alianzas.
El límite de una construcción sin filtros
Kicillof viene sosteniendo que el peronismo debe funcionar como columna vertebral de una alianza más amplia. La propuesta busca incorporar radicales, movimientos sociales, sectores productivos, sindicatos y dirigentes que se alejaron del justicialismo durante los últimos años.
La ampliación es necesaria para cualquier fuerza que aspire a construir una mayoría nacional. Pero ampliar no significa renunciar a toda frontera ética o política. Una coalición puede contener diferencias económicas, institucionales y estratégicas; lo que no puede hacer sin pagar un costo es desconocer los discursos de quienes pretenden representarla.
Cúneo ofrece al kicillofismo un perfil confrontativo, una audiencia propia y un discurso nacionalista que busca captar sectores desencantados. También arrastra antecedentes de declaraciones ofensivas, acusaciones extremas y una lógica comunicacional basada en la provocación permanente.
Su incorporación obliga entonces a responder una pregunta incómoda: ¿la capacidad de sumar adhesiones alcanza para justificar cualquier alianza?
El dilema no se resuelve expulsando automáticamente a quien formule una declaración cuestionable. Pero sí exige una respuesta pública. Guardar silencio equivale a trasladar el costo de las agresiones hacia todo el espacio.
Kicillof podría rechazar las expresiones sin renunciar a su política de apertura. El PJ bonaerense podría exigir una rectificación. Cúneo podría retractarse y reconocer que cruzó un límite. Todas esas posibilidades continúan abiertas.
La peor salida sería convertir la denuncia de misoginia en una simple escaramuza entre La Cámpora y el gobernador. Esa lectura reduciría a Bregman a una pieza de la interna y volvería a invisibilizar el contenido de la agresión que originó el proyecto.
Una prueba para el peronismo bonaerense
La discusión legislativa ofrece al peronismo una oportunidad para definir qué clase de oposición pretende construir. No alcanza con presentar un programa económico diferente al de Milei si se reproducen las mismas formas de violencia contra las mujeres que participan en política.
El repudio no debería depender de la pertenencia partidaria de la víctima ni de la ubicación interna del agresor. Bregman es una adversaria electoral del peronismo y una crítica persistente de Kicillof. Nada de eso vuelve aceptable que se la ataque mediante referencias sexuales.
La defensa de la convivencia democrática se vuelve creíble precisamente cuando alcanza a quien piensa distinto.
El proyecto puede ser aprobado y quedar reducido a una declaración sin consecuencias. También puede funcionar como el inicio de un debate más profundo sobre los límites de las alianzas electorales y la responsabilidad de los espacios políticos frente a los discursos de sus integrantes.
Cúneo quiso cuestionar a Bregman, pero terminó colocando a Kicillof frente a su primera gran contradicción después de abrirle las puertas del PJ. El gobernador pretende representar una alternativa al modelo político y comunicacional de Milei. Para conseguirlo tendrá que demostrar que la diferencia no se limita al programa económico: también alcanza a la manera de tratar a quienes disputan poder, especialmente cuando son mujeres.
La ampliación puede sumar nombres, votos y estructuras. Pero si no establece límites, también puede importar hacia adentro aquello que dice combatir afuera.



























