Eduarda Campopiano tiene 23 años, obtuvo más de 1,8 millones de votos y llegará a la Legislatura paulista. Agradeció la colonización, llamó “caníbales” a los pueblos indígenas y aseguró que enterraban niños vivos. Brasil eligió futuro y le vino con carabela.
Eduarda Campopiano consiguió 1.824.466 votos y se convirtió en la diputada estadual más votada de San Pablo. Tiene 23 años, pertenece al Partido Liberal de Flávio Bolsonaro y una explicación bastante sencilla de la conquista de América: menos mal que llegaron los europeos.
“¡Gloria a Dios que colonizaron, gloria a Dios que catequizaron a los pueblos indígenas!”, dijo en el podcast RedCast. Después explicó que la extrema derecha llegó para decirles que “hacer sacrificios y comerse el brazo del hermano no está bien” y habló de niños enterrados vivos.
Colón murió en 1506. Se perdió una votante por cuatro siglos.
La reconstrucción histórica de Campopiano tiene la ventaja de que entra completa en un reel: los indígenas eran salvajes, llegaron los europeos, apareció la civilización y fin del documental. La esclavitud, el saqueo territorial, las matanzas y el sometimiento pueden esperar la segunda temporada.
La dirigente saltó de 3.583 votos como concejala de Praia Grande en 2024 a más de 1,8 millones para la Asamblea Legislativa paulista. Dos años de carrera y ya consiguió algo que muchos políticos tardan décadas en lograr: extrañar una época en la que ella tampoco habría podido votar.
Su especialidad política es el antifeminismo. Se presenta como enemiga de las feministas y sostuvo que el femicidio “no existe”, aunque reconoce que un hombre puede aprovechar su superioridad física para atacar a una mujer y que eso debería constituir un agravante.
Existe el hombre, existe la mujer, existe el asesinato, existe la desigualdad y existe el agravante.
El femicidio no. Debe habérselo llevado un portugués.
Campopiano construyó su popularidad en redes sociales y ahora convirtió esa audiencia en poder político. Ese es el dato que vuelve insuficiente tratarla simplemente como una provocadora de Internet: 1,8 millones de personas pusieron su nombre en una urna.
El fenómeno acompaña el crecimiento electoral del bolsonarismo. Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta presidencial y disputará el balotaje contra Lula da Silva el 25 de octubre. Campopiano emerge dentro de ese mismo espacio con una fórmula bastante más económica que cualquier programa de gobierno: convertir prejuicios históricos en contenido viral y después pasar por caja electoral.
No necesita máquina del tiempo.
Tiene algoritmo.
Tampoco hace falta discutir demasiado sobre modernidad. Una mujer de 23 años, formada políticamente en las redes sociales, llega mediante el voto popular a ocupar un cargo público y utiliza esa plataforma para reivindicar la colonización.
Quinientos años de historia para terminar descubriendo que la novedad era el encomendero con WiFi.
Campopiano ya tiene la banca.
Los indígenas eran caníbales.
Los colonizadores, salvadores.
El femicidio no existe.
Y ella es la renovación.
Por suerte ganó la joven. Mirá si elegían a alguien con ideas viejas.


























