Caputo faltó al gabinete justo cuando Milei sentó a la mesa a Alberto Ades, un economista que critica su programa y aparece como posible reemplazo. A la noche, Toto ya estaba recuperado para ir al streaming del Gordo Dan. La fiebre era selectiva: atacaba únicamente en horario de oficina.
“Santo Domingo, tomando mamajuana, gozando en Colombia, Venezuela y las Bahamas…”
Podría ser una canción de verano. Pero también parece el parte cambiario de Carlos Melconian.
“Los dólares se van a Punta Cana”, viene repitiendo el economista para describir lo que considera un tipo de cambio que “no da más”. Los argentinos ponen la reposera, el Banco Central pone los dólares y el Caribe agradece el modelo productivo.
Justo en ese clima, Luis “Toto” Caputo amaneció enfermo.
No cualquier día.
El día en que Javier Milei llevó a la reunión de gabinete a Alberto Ades, doctor en Economía de Harvard, crítico del programa de Caputo y mencionado como posible ministro si Toto alguna vez pasa de Hacienda a la sección Objetos Perdidos.

Alberto Ades
Una gripe con timing de escribano.
Ades llegó a la Rosada con su libro bajo el brazo y horas después de haber dicho que “la política monetaria no se entiende”.
Toto mandó certificado.
Es razonable.
Hay cuadros que empeoran cuando aparece tu reemplazo.
—Presidente, Toto está enfermo.
—Uy, qué pena. Alberto, sentate ahí.
—¿En qué silla?
—En la que todavía está calentita.
El problema fue la recuperación.
Porque Caputo estaba demasiado enfermo para asistir al gabinete, pero suficientemente sano para confirmar esa misma noche su presencia en La Misa del Gordo Dan.
La ciencia acaba de aislar el primer virus que se contagia en Casa Rosada y muere frente a una webcam.
El faltazo tampoco cayó en el vacío. Venía de París, donde Caputo habría admitido ante gobernadores problemas de consumo y recaudación y reclamado acelerar acuerdos políticos. Milei, en cambio, reaccionó furioso cuando trascendió aquella conversación.
Y entonces apareció Ades.
No como reemplazante, claro.
Como invitado.
También el verdugo entra como invitado hasta que alguien trae el hacha.
Mientras tanto, Patricia Bullrich viene reuniéndose con Melconian, que mira el dólar y ve turistas haciendo check-in. Ades mira la política monetaria y no la entiende. Toto mira a Ades sentado en gabinete y desarrolla síntomas.
El Presidente asegura que el programa funciona.
Nunca hubo tantos economistas alrededor de algo que funciona tan bien.
A la noche, ya recuperado, Caputo volvió a garantizar que no imagina “ningún escenario” donde Milei pierda, aunque explicó que acumula reservas por el eventual “riesgo kuka”.
No puede ocurrir.
Pero por las dudas compra dólares.
Eso no es confianza: es dormir abrazado al matafuegos mientras explicás que no hay incendio.
Así quedó el gabinete económico: Ades calentando en el banco, Melconian siguiendo vuelos al Caribe, Bullrich pidiendo cambios, Milei puteando periodistas y Toto con una enfermedad que distingue perfectamente entre una reunión de ministros y un programa de streaming.
“Santo Domingo, tomando mamajuana…”
Los dólares se van a Punta Cana.
Toto, por ahora, solamente se fue del gabinete.


























