Feira de Santana, Bahía. La escritora brasileña Cris Vaccarezza participó los días 24 y 25 de septiembre de 2026 de la 10.ª Feira de Graduação de la Universidade Estadual de Feira de Santana (UEFS), realizada en el campus universitario. Autora de al menos cuatro libros propios, Vaccarezza atraviesa una etapa de su trayectoria cada vez más cercana a la literatura para las infancias.
Los primeros libros tienen una manera extraña de quedarse con nosotros. Uno puede olvidar el nombre de la maestra que enseñó a juntar las letras, el color de las paredes del aula, incluso quién compró aquel cuento que durante meses hubo que leer todas las noches, pero el personaje permanece, la ilustración vuelve y alguna frase se instala en la memoria con esa obstinación que tienen las cosas descubiertas por primera vez. Quizás por eso Cristiane “Cris” Vaccarezza habla de la literatura para las infancias como algo bastante más importante que un entretenimiento: los libros, sostiene, también pueden educar, acoger, despertar preguntas y ayudar a construir futuros.
Ese universo acompañó su participación los días 24 y 25 de septiembre de 2026 en la 10.ª edición de la Feira de Graduação de la Universidade Estadual de Feira de Santana (UEFS), realizada presencialmente en el campus universitario de Feira de Santana, Bahía, Brasil. El encuentro forma parte de las iniciativas mediante las cuales la universidad pública abre sus puertas y pone en contacto su producción académica, cultural y educativa con estudiantes y comunidad.
Para Vaccarezza, ese encuentro adquiere además un significado particular. Después de transitar por la poesía y la narrativa destinada principalmente al público adulto, la autora se encuentra cada vez más próxima a la literatura infantil y a una idea que atraviesa esta nueva etapa de su recorrido: la formación de lectores comienza mucho antes de que alguien pueda explicar qué significa ser lector.
“Los libros también educan, acogen, despiertan preguntas y ayudan a construir futuros”, expresó la escritora al referirse a este momento. Su deseo tampoco se reduce a presentar publicaciones. Vaccarezza habla de llevar “mis historias, mis personajes” y, sobre todo, de esas “ganas inmensas de conversar con niños, familias, educadores y lectores”.
Una vida entre la ciencia y las palabras
Cris Vaccarezza nació en Salvador de Bahía en 1972 y desarrolló buena parte de su vida personal y profesional vinculada a Feira de Santana. Su biografía parece construida sobre territorios que, vistos desde afuera, podrían parecer separados. Se formó como cirujana dentista y continuó sus estudios en áreas vinculadas con la radiología odontológica, la imaginología y la ortodoncia, además de incorporar formación en psicoanálisis. La literatura, sin embargo, no llegó después de esas profesiones como un pasatiempo tardío. Las palabras estaban desde antes.
Vaccarezza comenzó a escribir durante su juventud y durante años encontró en ese ejercicio una manera de observarse y observar aquello que ocurría a su alrededor. Entre 2010 y 2016 mantuvo el blog Poesias Acidentais, donde reunió poemas, cuentos y crónicas. Parte de aquel universo terminaría saliendo de la pantalla para convertirse en libro, como si los textos hubieran esperado pacientemente el momento de encontrar otra forma de llegar a los lectores.
Su producción publicada permite identificar al menos cuatro libros propios: Poesias Acidentais (2024), Inimputável – À margem da loucura (2025), Fragmentos de Mim (2025) y Carolina Libertária (2026), además de participaciones en obras colectivas. En ellos aparecen registros diferentes, pero también preocupaciones que regresan: las emociones, las relaciones humanas, la condición femenina, la violencia, la memoria, la justicia y las posibilidades de reconstruirse después de aquello que parecía destinado a quebrarnos.
De Carolina Libertária a otros lectores
Uno de los capítulos más recientes de esa trayectoria es Carolina Libertária. La obra coloca en el centro cuestiones relacionadas con las mujeres, la violencia de género, la libertad y las estructuras que convierten determinadas formas de sometimiento en una herencia que parece transmitirse de una generación a otra. Vaccarezza presentó el libro durante 2026 en diferentes espacios literarios de Bahía, ampliando un recorrido que ya la había llevado a ferias y encuentros de literatura.
Ahora aparece delante de ella otro tipo de lector.
No necesariamente uno más sencillo.
Escribir para las infancias significa dirigirse a personas que todavía no han aprendido muchas de las cortesías que los adultos utilizamos frente a los libros. Un adulto puede terminar educadamente una página que no le interesa; un niño mira hacia otro lado. Puede aburrirse sin culpa, enamorarse de un personaje en cuestión de minutos o hacer una pregunta que desarme en una frase todas las explicaciones que los mayores tardaron años en construir.
Tal vez por eso resulte significativa la palabra que Vaccarezza utiliza cuando habla de esta nueva etapa: preguntas. No dice solamente que los libros enseñan. Dice que despiertan preguntas. La diferencia no es pequeña. Enseñar puede consistir en transmitir una respuesta; despertar una pregunta significa conseguir que alguien quiera seguir buscando después de cerrar la última página.
La universidad como territorio de lectura
Que ese encuentro ocurra en la Universidade Estadual de Feira de Santana también importa. La UEFS es una institución pública con una trayectoria sostenida en actividades de extensión, educación y promoción cultural en Bahía. La 10.ª Feira de Graduação, celebrada durante dos jornadas en septiembre, convirtió nuevamente el campus en un espacio de circulación de experiencias y conocimientos y permitió acercar la vida universitaria a públicos diversos.
En ese contexto, la literatura destinada a las infancias deja de ocupar el lugar secundario al que algunas veces se la relega. Los libros infantiles son también una primera tecnología de la imaginación. Antes de que una persona pueda discutir teorías, interpretar textos complejos o entrar a una universidad, alguien tiene que haberle enseñado que dentro de unas páginas puede existir algo que merece su atención.
Y formar lectores tampoco consiste solamente en enseñar a leer. Una persona puede reconocer perfectamente todas las palabras de una página y no volver voluntariamente a un libro durante años. El desafío empieza después de la alfabetización: conseguir que la lectura se transforme en curiosidad, placer, refugio, descubrimiento o incluso desacuerdo.
Allí adquiere sentido la voluntad de Vaccarezza de conversar no solamente con niños, sino también con familias y educadores. Alrededor de cada lector pequeño suele existir un adulto que compra un libro, lo recomienda, lo presta, lo lee en voz alta o simplemente deja que permanezca al alcance de una mano curiosa.
Cuando todo puede empezar con un libro
La trayectoria de Cris Vaccarezza permite mirar ese encuentro desde otro lugar. La mujer que escribió poesía, exploró personajes atravesados por conflictos adultos y construyó historias alrededor de la libertad, la violencia, la memoria y la reconstrucción personal se acerca ahora a quienes todavía están aprendiendo las palabras con las que algún día nombrarán esas mismas cosas.
No significa abandonar lo anterior. Significa abrir otra puerta.
Porque la infancia tampoco es un territorio sin miedo, injusticias, pérdidas, identidad o diferencias. Lo que cambia es la manera de narrarlas. Y quizás allí esté uno de los desafíos más difíciles para cualquier escritor: encontrar palabras suficientemente sencillas para ser comprendidas sin convertir en sencillo aquello que quiere contar.
Después de cuatro libros propios y de un recorrido que atravesó poesía y narrativa, Vaccarezza encuentra ahora una nueva generación frente a sus historias. Algunos de esos lectores apenas estarán aprendiendo a leer; otros llegarán de la mano de sus familias o docentes. Ninguno sabe todavía qué libros recordará dentro de veinte o treinta años.
Ese es precisamente el misterio.
Porque una feria termina, los puestos se desmontan, las personas regresan a sus casas y los escritores continúan con sus vidas. Pero un niño puede llevarse un libro debajo del brazo sin sospechar que acaba de guardar dentro de su mochila algo que recordará cuando sea adulto.
No es poca cosa cambiar de lectores después de haber publicado cuatro libros. Mucho menos cuando los nuevos lectores son niños.
Porque un adulto puede cerrar un libro y olvidarlo sobre una mesa. Un niño puede cerrar el mismo libro y llevarse al personaje consigo durante el resto de su vida.
Y quizá sea allí, mucho antes de las bibliotecas, las universidades y las grandes novelas, donde empieza realmente la historia de un lector.



























