Cristian Ritondo banca la reelección de Jorge Macri, mientras Fernando De Andreis sostiene que el candidato porteño debe elegirlo Mauricio. El pequeño detalle es que De Andreis también quiere ser elegido. El PRO todavía negocia cómo sobrevivir a Milei, pero ya tiene abierta la sucesión de un muerto que respira.
El PRO encontró finalmente algo que todavía puede disputar sin pedirle permiso a Karina Milei: el PRO.
Cristian Ritondo y Fernando De Andreis quedaron enfrentados por la candidatura porteña de 2027 justo cuando ambos deberían estar negociando con los libertarios un acuerdo para que no se los coman crudos. Ritondo sostiene que Jorge Macri debe buscar la reelección. De Andreis cree que la decisión tiene que quedar en manos de Mauricio Macri. Hasta ahí podría parecer una discusión institucional. El problema es que uno de los nombres que espera la bendición de Mauricio es el propio De Andreis.
La renovación política argentina tiene esas maravillas: papá elige al candidato y casualmente el candidato estaba sentado al lado de papá.
Ritondo tiene un argumento bastante menos barroco. Jorge Macri ya gobierna la Ciudad y, según aseguran en su espacio, mide alrededor de 40 puntos. Por eso lo considera el candidato natural. Además viene de cerrar políticamente con él y hasta lo acompañó en Washington. Para Ritondo sería difícil explicarle al electorado que van a reemplazar al jefe de Gobierno mientras aseguran que gobierna fenómeno.
Aunque tampoco sería la primera vez que el PRO intenta solucionar un problema que todavía no tiene.
De Andreis, mano derecha de Mauricio, empuja en cambio un acuerdo con La Libertad Avanza y reclama que la lapicera siga en poder del expresidente. La discusión contiene una sutileza preciosa: mientras defiende el derecho de Mauricio a elegir, De Andreis aspira a suceder a Jorge.
No está operando para sí mismo. Está defendiendo las instituciones, especialmente la institución de que lo nombren a él.
Jorge, mientras tanto, hizo algo mucho más peligroso para las aspiraciones internas: empezó a acomodarse. Mejoró su relación con Javier Milei y fue invitado a viajar con la comitiva oficial a París. Pasó del hielo presidencial a compartir gira con el libertario mientras Mauricio atraviesa una relación cada vez más áspera con la Casa Rosada.
En resumen, Milei se lleva mejor con Jorge que con Mauricio, Mauricio puede elegir al rival de Jorge y De Andreis espera que Mauricio descubra que el mejor rival de Jorge es De Andreis.
Los Macri ya no tienen árbol genealógico: tienen fixture.
El jefe de Gobierno también cree haber recuperado terreno después de las turbulencias libertarias y apuesta a una agenda de derecha dura, con desalojos, despliegue policial y gestión urbana. En su entorno leen las encuestas como una señal de recuperación y consideran absurdo entregar una candidatura competitiva antes siquiera de sentarse a discutir seriamente con los libertarios.
Ritondo lo resume con una pregunta incómoda: si tienen al jefe de Gobierno y consideran que mide bien, ¿cómo van a reemplazarlo sin admitir implícitamente que hizo algo mal?
La respuesta probablemente necesite menos ciencia política que terapia familiar.
Porque todo esto sucede mientras el PRO intenta cerrar un acuerdo electoral con un Gobierno que viene administrándole afecto con la generosidad de una expareja tóxica: cuando necesita leyes, llama; cuando llega la hora de repartir candidaturas, clava el visto.
Y en semejante contexto, la dirigencia amarilla decidió concentrarse en lo verdaderamente urgente: pelearse por quién será dueño de una candidatura que todavía tienen que negociar con otro partido.
Mauricio quiere conservar la lapicera. De Andreis quiere que Mauricio escriba su nombre. Ritondo quiere que Jorge siga. Jorge quiere seguir. Y los libertarios miran la escena sabiendo que todos terminarán sentándose con ellos.
El PRO pasó de gobernar la Nación, la Provincia y la Ciudad a discutir quién administra la última caja de zapatos.
No se están repartiendo la torta: están a las piñas por la bandeja.


























