Después de reunirse en Nueva York con fondos de inversión y empresarios, Axel Kicillof suspendió la gira que preparaba para la feria internacional de Shanghái. La explicación fue la visita del Papa, pero en el entorno diplomático chino cayó mal la indefinición bonaerense. El multipolarismo está bárbaro hasta que hay que confirmar asistencia.
Axel Kicillof volvió de Nueva York con una certeza geopolítica: se puede hablar con todo el mundo, pero no necesariamente hay que atenderle el teléfono a todo el mundo.
El gobernador suspendió el viaje que preparaba a China para participar de la Exposición Internacional de Importaciones de China, prevista en Shanghái. La visita venía siendo trabajada para acompañar empresarios argentinos interesados en abrir mercados y permitirle a Kicillof construir vínculos políticos y comerciales con la potencia asiática.
Pero apareció un inconveniente inesperado en las relaciones internacionales bonaerenses: el calendario.
La explicación para cancelar fue la visita de León XIV a la Argentina. Sin embargo, las fechas dejaban margen: Kicillof podía participar de actividades en Shanghái el 5 y 6 de noviembre y regresar antes de la agenda papal bonaerense, que incluye el Cotolengo de Don Orione el 9 y la misa en Luján el 11.
O sea, Francisco ya no está, pero el Papa igual consiguió hacer caer un viaje a China sin mover una ficha.
El asunto cayó peor en la representación diplomática china. El entorno del embajador Wang Wei habría intentado durante días obtener una confirmación clara desde La Plata sin conseguirla.
Y ahí apareció un pequeño choque cultural. La diplomacia china trabaja las reuniones importantes con mucha anticipación, mientras que la política argentina posee una tradición más artesanal: vemos, hablamos, te aviso y cualquier cosa culpamos a la agenda.
La cancelación resulta especialmente llamativa porque llega inmediatamente después de la gira estadounidense de Kicillof. En Nueva York se reunió con fondos tenedores de deuda bonaerense, representantes empresariales y también apareció José Luis Manzano, empresario que viene expandiendo sus negocios y cuenta con vínculos tanto con el Gobierno nacional como con sectores del establishment estadounidense.
También participaron representantes de fondos como Vanguard, GoldenTree y Eaton Vance. Kicillof aprovechó además el viaje para reunirse con Zohran Mamdani y Pedro Sánchez.
Una agenda bastante amplia para un dirigente que intenta proyectarse nacionalmente y mostrar que puede conversar con actores internacionales sin tener que disfrazarse ideológicamente para cada foto.
El problema es que Washington y Beijing miran esas fotos también.
La organización del frustrado desembarco chino había pasado primero por Sabino Vaca Narvaja y luego por Cecilia Nicolini, asesora bonaerense en asuntos internacionales y una de las encargadas, junto con Carlos Bianco, de organizar la agenda exterior del gobernador.
Pero esta vez el avión no despegará.
No está probado que las reuniones estadounidenses hayan provocado la cancelación china, y la explicación oficial gira alrededor de la visita papal. Lo concreto es bastante más incómodo: Kicillof terminó una gira por Estados Unidos y, acto seguido, dejó plantada una agenda que Beijing esperaba definir con tiempo.
China quería una respuesta formal. La Provincia terminó respondiendo a la argentina.
Después de Wall Street, el viaje a Shanghái quedó en “vemos y coordinamos”.


























