El Presidente aseguró que la Quinta ya recibe tratamiento de “base militar”, afirmó que su Gobierno deportó 30 mil “terroristas”, rechazó que la economía esté en recesión y explicó que la inflación mayorista sería bastante menor sacando alimentos y combustibles. Gobernar era más fácil de lo que parecía: si el dato molesta, se lo desestacionaliza hasta que confiese.
Javier Milei volvió de la Asamblea de la ONU con novedades importantes: vive en una base militar, Argentina estaría llena de terroristas extranjeros y la economía anda bárbaro siempre que uno tenga la delicadeza de no mirar determinados números.
La primera revelación fue sobre Olivos. Después del escándalo por los despidos del personal civil, la compra de 29 toneladas de carne y los gastos cuestionados en jardinería, el Presidente explicó que la residencia ahora recibe tratamiento de “base militar”.
“Tengo algunos enemigos pesados en el mundo”, justificó.
La Quinta pasó así de residencia presidencial a instalación castrense con parrilla. Los civiles fueron desplazados, Casa Militar tomó el control y hasta las tareas domésticas quedaron bajo estructura militar.
La próxima vez que el churrasco salga seco no vuelve a la cocina: se abre un sumario.
Milei también respondió por las 29 toneladas de carne y aseguró que en Olivos comen unas 300 personas por día. Según su explicación, esa cantidad incluso representa aproximadamente la mitad de quienes comían durante la administración anterior.
El ajuste llegó a todas partes menos al freezer.
Pero la entrevista todavía guardaba artillería pesada. El Presidente afirmó que su Gobierno deportó alrededor de 10 mil “terroristas” el año pasado y otros 20 mil este año, personas que, según sostuvo, ingresaban desde otros países para “dinamitar el modelo argentino”.
Treinta mil.
Al Qaeda debe estar preocupadísima por la competencia.
Después llegó la economía, territorio donde el Presidente también encontró enemigos, aunque esta vez trabajan con estadísticas.
Milei rechazó que Argentina esté atravesando una recesión y cuestionó las interpretaciones basadas en los indicadores desestacionalizados. Incluso cargó contra quienes leen negativamente los números oficiales y habló de “deshonestidad intelectual” entre economistas.
La particularidad es que parte de esos números salen del propio Indec.
El organismo mide; el Presidente apela.
Con la inflación mayorista hizo una demostración todavía más pedagógica. Frente al salto de 0,8% a 2,1%, sostuvo que, si se elimina el impacto de combustibles y alimentos, el resultado sería mucho menor.
Una metodología extraordinaria para atravesar cualquier crisis económica.
Si se quita la comida, no sube el supermercado. Si se quita la nafta, no aumenta llenar el tanque. Si se quita el alquiler, la vivienda deja de ser un problema.
Y si se quita al ciudadano, el salario alcanza fenómeno.
Entre una base militar, 30 mil supuestos terroristas deportados, estadísticas que miden mal y una inflación que mejora sacándole justo aquello que la gente compra, el Gobierno encontró finalmente una fórmula económica imposible de refutar.
No está cara la vida: sobran gastos de vivir.


























