Flávio Bolsonaro sacó el 47,23% y Lula da Silva el 44,92% en la primera vuelta brasileña. Javier Milei felicitó al hijo de Jair por la “histórica elección”, llamó “comunista” a Lula y anunció que “la libertad avanza en Brasil”. Falta el balotaje, pero pedirle que espere el resultado definitivo es marxismo electoral.
Milei vio 47,23% y se le descorchó el Twitter. “Felicitaciones querido amigo Flávio Bolsonaro”, escribió después de que el senador brasileño quedara primero con 55,7 millones de votos. Flávio ganó la primera vuelta, sí. Presidente todavía no es. Pero después de festejar déficit cero contando deuda, contar una Presidencia sin llegar al 50% debe parecer una formalidad contable.
Del otro lado quedó Lula con 52,9 millones de votos, apenas 2,7 millones menos, y con derecho a disputar el balotaje. Milei prefirió resumir semejante masa electoral con una categoría académica de su escuela diplomática: “el comunista de Lula”. Extraño comunismo ese donde el líder se presenta a elecciones, puede perderlas y necesita conseguir votos para seguir gobernando. A este ritmo, la próxima revolución bolchevique la organiza el Tribunal Electoral.
“El continente americano es de ciudadanos que quieren vivir en libertad”, agregó el Presidente argentino. Los casi 53 millones que votaron a Lula aparentemente pertenecen a otro continente o marcaron mal la casilla. Geografía libertaria: América empieza donde gana un amigo.
Después llegó el momento más hermoso: Milei expresó su deseo de trabajar junto a Bolsonaro para que Argentina y Brasil “sigan siendo grandes socios comerciales, culturales y políticos”. O sea que primero llamó comunista al presidente actual de Brasil y dos líneas después recordó que Brasil es un socio fundamental de Argentina. La revolución cultural es feroz hasta que aparece una aduana.
También habló de “oportunidades infinitas” entre ambas naciones. Y ahí apareció, por unos segundos, la economía real: empresas, exportaciones, importaciones, industria, inversiones. Esa cosa aburridísima donde un empresario brasileño no acepta “Viva la libertad, carajo” como medio de pago.
La felicitación tampoco sorprende. Milei mantiene una afinidad política explícita con la familia Bolsonaro y convirtió buena parte de su política exterior en una reunión de amigos donde primero se pregunta qué piensa el invitado y después qué país representa. La Cancillería dejó de ser diplomacia y se parece cada vez más al grupo de WhatsApp del asado.
Flávio llega fortalecido al balotaje. Lula llega golpeado, pero vivo y con casi el 45%. Ahora empieza otra elección: negociar apoyos, conquistar abstencionistas, disputar votantes y conseguir la mayoría necesaria. Es decir, toda esa parte tediosa que viene después del tuit.
Milei, en cambio, ya resolvió Brasil desde Buenos Aires.
Vio 47%, gritó victoria y mandó felicitaciones.
Si Flávio pierde el balotaje, siempre pueden denunciar que el otro 53% era comunista.


























