Santilli intenta juntar a los gobernadores radicales para destrabar la suspensión de las primarias y, si no alcanza en Buenos Aires, prepara cena con Milei en París. Cornejo exige garantías por Petri, Pullaro ni siquiera viajaría y siete senadores pueden definir la reforma. La UCR volvió a descubrir su lugar en la política argentina: la bisagra, pero ahora con millas.
Diego Santilli tiene una misión: conseguir que los gobernadores radicales ayuden al Gobierno con las PASO.
Primero intentará convencerlos acá.
Si no funciona, los lleva a París.
La política argentina finalmente encontró una doctrina internacional: si el radical no afloja con café, probá con croissant.
Todo incluido, menos las garantías
Santilli busca sentar a Carlos Sadir, Leandro Zdero, Juan Pablo Valdés, Maximiliano Pullaro y Alfredo Cornejo. Entre ellos controlan políticamente buena parte de los votos radicales que necesita el oficialismo en el Senado.
El premio podría ser una cena con Javier Milei durante la Argentina Week.
No está confirmado si el menú incluye entrada, plato principal y promesa electoral incumplible.
Cornejo es el hueso más duro. Quiere que la Casa Rosada garantice que Luis Petri no terminará compitiendo por la gobernación mendocina contra su espacio.
Es decir: antes de ayudar a Milei a quedarse sin PASO, quiere asegurarse de quedarse sin Petri.
Negociación republicana.
Pullaro pidió la cuenta antes de sentarse
Maximiliano Pullaro directamente no viajaría a París y ya viene marcando una diferencia importante: puede discutir una suspensión de las PASO, pero no necesariamente su eliminación.
Tiene lógica.
Los gobernadores quieren negociar las primarias con Milei y, al mismo tiempo, algunos exploran construir una alternativa presidencial para 2027.
Y para hacer una primaria presidencial existe un pequeño inconveniente técnico: necesitan que existan las primarias.
Es como vender el auto para comprar nafta.
Patricia encontró a los culpables
Bullrich señaló que el problema está en los radicales del Senado y Santilli salió con el ablandador.
La bancada radical tiene diez miembros, aunque siete están vinculados a los gobernadores involucrados en la negociación.
Siete votos.
Toda una tradición partidaria resumida en una cifra suficientemente pequeña como para entrar en una mesa de restaurante.
Cornejo quiere recibo
El problema de fondo es la confianza.
Los gobernadores quieren garantías de que después de acompañar al Gobierno, la Casa Rosada no les plantará candidatos propios en sus provincias.
Una exigencia bastante razonable considerando el método político vigente: “Votame esto y después vemos” es el pagaré oficial de la República Argentina.
Por eso Santilli intenta cerrar el acuerdo antes de que avance el calendario electoral.
Si hace falta, habrá cena parisina.
Milei pone la mesa.
Santilli lleva los radicales.
Cornejo pide garantías.
Pullaro ni viaja.
Y la UCR vuelve a ocupar su posición histórica: todavía no sabe si va a decir que sí, pero ya preguntó quién paga la cena.


























