La Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar hoy cubren apenas el 39% de la canasta alimentaria y solo el 18% de la canasta total, cuando en 2024 llegaban al 71% y 31% respectivamente. Con un costo de vida hasta 55% más alto según mediciones actualizadas, el desfasaje entre ingresos y gastos empuja a un escenario donde más del 90% de los hogares está endeudado y el crédito se usa, principalmente, para comprar alimentos.
El deterioro del ingreso no solo impacta sobre los salarios, sino también sobre las transferencias sociales. Lo que durante años funcionó como una red mínima de contención —la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar— muestra hoy una pérdida acelerada de capacidad real frente al aumento del costo de vida. El resultado es un descalce creciente entre lo que el Estado transfiere y lo que efectivamente cuesta sostener la vida cotidiana.
Los datos más recientes muestran una caída abrupta en la cobertura de estas políticas. Para un hogar tipo de dos adultos y dos adolescentes, la AUH y la Tarjeta Alimentar pasaron de cubrir el 71% de la canasta básica alimentaria en noviembre de 2024 al 39% en febrero de 2026. Cuando se amplía la mirada a la canasta básica total —que incluye servicios esenciales— la caída es aún más pronunciada: del 31% al 18% en el mismo período .
Este retroceso no responde a una reducción nominal de los ingresos, sino a una pérdida de poder adquisitivo frente a una inflación que, especialmente en alimentos, avanza más rápido que el promedio general.

El problema oculto: medir con canastas desactualizadas
Una de las claves para entender la profundidad del deterioro está en cómo se mide el costo de vida. Los cálculos oficiales continúan basándose en patrones de consumo relevados hace más de dos décadas, lo que introduce una distorsión significativa.
Investigaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina advierten que, si se utilizan canastas más actuales —basadas en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018— el costo de vida sería entre 40% y 55% más alto que el reflejado en las estadísticas tradicionales .
En ese escenario, la cobertura real de la AUH y la Tarjeta Alimentar no solo es menor, sino que podría caer entre 6 y 10 puntos porcentuales adicionales, profundizando aún más el desfasaje entre ingresos y gastos.
Comparación temporal: la caída en pocos meses
| Indicador | Noviembre 2024 | Febrero 2026 | Variación |
|---|---|---|---|
| Cobertura CBA (alimentos) | 71% | 39% | -32 puntos |
| Cobertura CBT (total) | 31% | 18% | -13 puntos |
👉 La caída no es gradual: es rápida y sostenida.

La consecuencia directa: deuda para comer
Cuando los ingresos —formales o estatales— no alcanzan, el ajuste no se produce automáticamente en el consumo, sino que se traslada al financiamiento. En ese punto, la deuda deja de ser una herramienta y se convierte en una condición.
Los datos más recientes muestran que el 91,7% de los hogares argentinos tiene algún tipo de deuda, con un crecimiento marcado del sobreendeudamiento: los hogares con más de tres deudas pasaron del 8% en 2024 al 23,5% en 2026 .
Al mismo tiempo, se deteriora la calidad de esa deuda:
- 81,8% presenta deudas impagas
- 34,5% ya enfrenta instancias judiciales
- solo 18,25% mantiene deudas en situación regular
El crédito, además, cambia su función de manera explícita: el 61% del uso de tarjetas se destina a la compra de alimentos, consolidando una dinámica donde endeudarse es necesario para comer.
Comparación estructural: antes vs. ahora
| Etapa | Función del ingreso | Función del crédito |
|---|---|---|
| Pre-crisis | Cubrir consumo básico | Financiar bienes durables |
| Transición | Cubrir parcialmente consumo | Complementar ingresos |
| 2026 | Insuficiente | Sustituir ingresos (comida) |
👉 El cambio no es solo económico: es estructural.
Presión financiera extrema
El impacto del endeudamiento también se refleja en la carga sobre los ingresos:
- 38% de los hogares destina más del 50% de sus ingresos al pago de deudas
- en 2024 ese número era solo del 18%
A esto se suma un deterioro subjetivo clave:
- 37% cree que no podrá salir de sus deudas
- 19% ni siquiera puede proyectar su situación financiera
👉 No solo hay crisis económica: hay pérdida de horizonte.
Interpretación: de la asistencia a la insuficiencia estructural
El dato más relevante no es únicamente que la AUH cubra menos, sino que ya no logra cumplir su función histórica: garantizar un piso mínimo de subsistencia. Aun con aumentos nominales importantes —como el 492,9% mencionado por el gobierno— el efecto de la inflación erosiona completamente esa mejora en términos reales .
Esto genera un desplazamiento claro:Ingreso estatal↓→Cobertura insuficiente→Endeudamiento→Fragilidad estructural
En ese esquema, la política social deja de compensar desigualdades y pasa a ser insuficiente frente a un sistema de precios que avanza más rápido que los ingresos.
El paso hacia una insolvencia estructural
Lo que muestran los datos no es solo un deterioro coyuntural, sino un proceso más profundo. Cuando la asistencia estatal cubre menos de la mitad de los alimentos, cuando el costo de vida real es sustancialmente mayor al medido y cuando más del 90% de los hogares está endeudado, el problema deja de ser financiero.
Se vuelve estructural.
La deuda ya no es un puente ni una herramienta. Es el mecanismo que sostiene, precariamente, la vida cotidiana. Y en ese desplazamiento —donde el ingreso no alcanza, la asistencia no cubre y el crédito ocupa su lugar— lo que emerge no es solo una crisis, sino una economía organizada en torno a la supervivencia.



























