Enero de 2026. El sur de Argentina arde. 15 mil hectáreas arrasadas en Chubut, evacuados, cenizas que no terminan de caer. La fiscalía confirma que al menos un foco fue intencional. En las cenizas aparecen restos de bombas de fragmentación M26, munición militar israelí. En las redes, una palabra resucita: Plan Andinia. La teoría que habla de la colonización judía de la Patagonia vuelve con las llamas. Y en el medio, un nombre: Eduardo Elsztain, el hombre que financia a Javier Milei, dueño del hotel donde el presidente se instaló en campaña, vinculado a Rafael Advanced Defense Systems, la empresa que arma a los británicos en Malvinas. Mientras tanto, Israel abre una agregaduría económica en Buenos Aires, promete inversiones, y el gobierno argentino congela el traslado de la embajada a Jerusalén porque una petrolera israelí quiere perforar en el Atlántico Sur sin permiso. Coincidencias, claro.
A principios de enero, el sur de Argentina ardía. Las llamas en Chubut arrasaron más de 15.000 hectáreas, forzaron evacuaciones y dejaron un rastro de cenizas que aún no se apagó. Pero mientras los bomberos luchaban contra el fuego, en las redes ardía otra cosa: la teoría del Plan Andinia. Vecinos de El Hoyo, Puerto Patriada y Epuyén señalaban a extranjeros, a israelíes, a un plan que nunca se terminó de demostrar pero que nunca se terminó de olvidar.
El fuego y las bombas de fragmentación
En medio de la desesperación, aparecieron datos que los medios oficiales no quisieron amplificar. La fiscalía de Chubut confirmó que al menos uno de los incendios fue intencional, provocado con acelerantes como combustible. En las zonas arrasadas, se encontraron restos de municiones militares M26, un tipo de bomba de fragmentación usada por fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel. La pregunta que ningún periodista de la city se anima a hacer es simple: ¿qué hacían bombas israelíes en medio de la Patagonia? ¿Y por qué aparecieron justo cuando el fuego se llevaba puesta la tierra?
El Plan Andinia no es una teoría de internet. Es historia. Theodor Herzl, el padre del sionismo, propuso en 1903 establecer un estado judío en la Patagonia cuando la opción de Palestina parecía lejana. La idea quedó en los archivos, pero nunca desapareció. En los últimos años, la Patagonia se convirtió en un imán para inversores extranjeros, para fondos de inversión que compran tierras a precios irrisorios, para empresarios que llegan con carpetas llenas de proyectos. Y también, según denuncian las comunidades mapuche, para extranjeros que recorren sus tierras, toman coordenadas y desaparecen.
Elsztain, el dueño de todo
En el centro de la tormenta aparece un nombre recurrente: Eduardo Elsztain. El empresario dueño del Grupo IRSA, uno de los mayores terratenientes de la Argentina, es también el financista más cercano a Javier Milei. Viaja con él, aparece en sus fotos, lo presenta a la comunidad judía ortodoxa. Y según revelaron investigaciones que ningún medio argentino quiso profundizar, Elsztain tiene vínculos accionarios con Rafael Advanced Defense Systems, la empresa israelí que desarrolló el sistema de defensa antimisiles Iron Dome.
Elsztain no es un empresario más. Fue quien alojó a Milei durante la campaña en el Hotel Libertador, de su propiedad, y le abrió una red de contactos comerciales internacionales al acercarlo a la corriente ortodoxa de la comunidad judía. En la primera gira internacional como presidente electo, antes que a los gobernadores argentinos, Milei viajó a Nueva York para visitar la tumba del rabino Schneerson. En esas visitas, lo acompañaba Elsztain.
Pero lo que enciende todas las alarmas es otro dato: Rafael provee el «cerebro» tecnológico del sistema Sky Sabre, la defensa aérea que el Reino Unido instaló en las islas Malvinas. El software MIC4AD, desarrollado por la compañía israelí, es el que coordina los radares y los lanzadores de misiles que protegen el archipiélago. Traducción: un empresario argentino, íntimo del presidente, tiene participación en la empresa que arma a los británicos en un territorio que Argentina reclama como propio.
El excombatiente Gastón Alberdi, que alguna vez militó en La Libertad Avanza, fue contundente: «Elsztain proveyó la tecnología que sustenta la defensa aérea británica en las islas Malvinas». Desde el Centro de Ex Combatientes de La Plata, la advertencia fue más grave: «Hoy nuestro país se encuentra bajo un plan sistemático de entrega de la soberanía nacional».
El hombre que maneja las tierras del Estado
La trama se completa con un nombre: Nicolás Pakgojz. Es el presidente de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), el organismo que tiene en su poder tierras e inmuebles del Estado nacional, entre ellas más de 200.000 hectáreas que pertenecen a las Fuerzas Armadas. Pakgojz no llegó ahí por casualidad. Es un ex funcionario de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires, donde defendió desde la función pública todos los proyectos del grupo IRSA, propiedad de Elsztain. Antes de entrar a la función pública, su mentor Andy Freire había sido parte del directorio de IRSA.
El objetivo de la administración libertaria es salir a vender esta reserva enorme de tierras, muchas ubicadas en las regiones más productivas del país. Cresud, cuyo CEO es el hermano de Eduardo, Alejandro Elsztain, es la punta del ovillo desde sus «unidades de negocios agrícolas y ganaderos del grupo», con más de un millón de hectáreas en el país. «Ahí está el know how de Pakgojz para abrir esa inmobiliaria rural estatal que le permita obtener dólares frescos al Tesoro», informó la investigación de Letra P.
Un dato no menor: la recaudación por la venta irá a Rentas Generales y no a las Fuerzas Armadas. Y el gobierno ya avanzó en la privatización de las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse, que pasaron a manos de la AABE para facilitar su venta.
Mekorot: el agua que se entrega
Mientras la Patagonia ardía, en las oficinas del gobierno se cocinaba otra entrega: la del agua. Mekorot, la empresa estatal israelí de agua, se convirtió en la favorita para quedarse con AySA, la empresa que provee agua potable al Área Metropolitana de Buenos Aires . Las conversaciones habrían comenzado durante el viaje de Milei a Israel . La empresa israelí ya firmó contratos de asistencia técnica con al menos cinco provincias argentinas y elaboró un «Plan Maestro de Recursos Hídricos» para Catamarca y para Río Negro .
El agua argentina, ese recurso que debería ser de todos, está en la mira de la misma empresa que, según denuncias internacionales, es parte del aparato de dominación israelí sobre el territorio palestino. Fundada en 1937 para asegurar el agua a los colonizadores sionistas, Mekorot fue denunciada ante las Naciones Unidas por su política de apartheid . Mientras Gaza sufre un colapso hídrico donde entre el 90% y 95% del agua no es apta para consumo humano, Israel impide el traslado de agua potable, utilizando el recurso como arma de exterminio . La misma empresa que opera bajo la lógica del robo de agua en Palestina ahora pone sus ojos en Argentina.
El presidente de Mekorot, Yitzhak Aharonovich, no es un ingeniero o técnico. Es un exministro de Seguridad israelí, responsable de crímenes de lesa humanidad según organizaciones de derechos humanos .
En Catamarca, el Plan Maestro presentado por Mekorot busca imponer un modelo de gestión del agua que prioriza la minería y el fracking sobre las comunidades locales . En Río Negro, el plan es la puerta de entrada para el modelo israelí de «valor económico del agua», que transforma un derecho humano esencial en una mercancía más . La diputada Mercedes de Mendieta, del Frente de Izquierda, presentó un proyecto para expulsar a Mekorot del país y frenar la privatización de AySA .
El choque que frenó la embajada
Mientras la Patagonia ardía y los vínculos de Elsztain con Rafael se conocían, en la política internacional pasaba otra cosa. Argentina había prometido trasladar su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, una de las promesas de campaña más celebradas por Milei. Pero en enero de 2026, el gobierno congeló el plan.
El motivo, según reveló el canal 12 de Israel, fue un conflicto con la empresa Navitas Petroleum. La compañía israelí planea perforar petróleo en el Atlántico Sur, en la plataforma de las islas Malvinas, sin autorización argentina. El gobierno de Milei calificó la operación como «unilateral e ilegítima» y advirtió que la empresa «opera de manera ilegítima en territorio argentino sin contar con los permisos de exploración y explotación».
La tensión fue tal que la embajada, que debía inaugurarse en abril, quedó en suspenso. Y mientras tanto, Elsztain, el empresario que financia a Milei y maneja la AABE a través de Pakgojz, seguía vinculado a la empresa que arma a los británicos en Malvinas y a otra que extrae petróleo en las mismas aguas.
La secta que creó a Milei
El analista Sebastián Salgado fue más lejos. En una entrevista que ningún medio grande quiso reproducir, vinculó a Milei con la Jabad-Lubavitch, una organización judía ortodoxa con fuerte presencia en Argentina. Según Salgado, «ese grupo de poder político al cual él pertenece, que es la Jabad-Lubavitch, son los creadores del presidente Milei». Y agregó: «Milei es un personaje que encontraron y moldearon para responder a los intereses de esa secta, que tiene que ver con parte de la estructura del sionismo a nivel mundial».
No es una teoría menor. Milei viaja seguido a Nueva York para visitar la tumba del rabino Schneerson, líder del movimiento Lubavitch. En esas visitas, lo acompaña Elsztain. En su primera gira internacional como presidente, antes que a los gobernadores argentinos, fue a Israel, lloró en el Muro de los Lamentos, anunció el traslado de la embajada, y se fotografió con Netanyahu como si fuera un candidato local.
Las inversiones que vienen
Mientras tanto, el gobierno israelí no para de mover fichas. En noviembre de 2025, el canciller Gideon Saar visitó Buenos Aires y anunció la apertura de una agregaduría económica en Argentina para 2026. La comitiva empresarial que lo acompañaba buscaba inversiones en energía, salud digital, ciberseguridad. Saar no escatimó elogios: «La reforma del presidente Milei es una de las más ambiciosas del mundo actual».
También se trabaja en vuelos directos entre Buenos Aires y Tel Aviv. Y en el marco del plan que Milei bautizó como «Acuerdos de Isaac», en clara alusión a los Acuerdos de Abraham que Trump impulsó en Medio Oriente, Argentina se posiciona como el socio estratégico de Israel en la región.
Expediente Connors
El Plan Andinia fue una idea de Theodor Herzl en 1903. Un siglo después, la Patagonia arde. Las acusaciones de que Israel está detrás de los incendios vuelven a circular. Elsztain, el financista de Milei, dueño del hotel donde el presidente se instaló en campaña, tiene vínculos con la empresa que arma a los británicos en Malvinas. Pakgojz, el abogado de Elsztain, maneja la Agencia de Administración de Bienes del Estado y ya está preparando la venta de tierras militares. Mekorot, la empresa israelí que roba agua en Palestina, avanza sobre AySA y la Patagonia. Navitas, la petrolera israelí, perfora en el Atlántico Sur sin permiso argentino. Y mientras tanto, Israel abre una oficina comercial en Buenos Aires, promete inversiones y el presidente se declara «el más sionista del mundo».
Puede ser todo casualidad. Puede ser que el fuego en Chubut haya sido solo un incendio más, que las bombas de fragmentación hayan quedado de un ejercicio militar antiguo, que Elsztain sea solo un empresario que invierte donde le conviene, que Pakgojz sea solo un funcionario eficiente, que Mekorot solo quiera ayudar con el agua, que Navitas no tenga nada que ver con la embajada congelada.
O puede ser que la historia nunca se termina de cerrar. Que el Plan Andinia, como el fantasma que nunca se va, siga esperando su momento en la Patagonia.
Expediente Connors: caso abierto.




























Excelente nota lastima que nuestros politicos estan tan vendidos como el presidente