El miércoles a las 16.30, el presidente recibirá en la Rosada al gendarme que estuvo 448 días secuestrado en Venezuela. La reunión es un mes después de su liberación. El gobierno dice que respetó «los tiempos personales» de Gallo. Lo que no dice es que quien lo liberó fue la AFA, no la Cancillería. Que Claudio Tapia usó sus contactos en el fútbol para sacarlo de una cárcel venezolana mientras la diplomacia oficial miraba el techo. Que el gobierno llegó después, cuando Gallo ya estaba en Ezeiza, para sacarse la foto. Ahora, un mes más tarde, Milei lo recibe. La pregunta es si va a agradecerle a Tapia o si va a seguir tratándolo de «mafioso». Gallo, mientras tanto, pidió «no olvidar» a los presos políticos que quedaron en Venezuela. El gobierno, por ahora, no dijo nada.
Nahuel Gallo estuvo 448 días preso en Venezuela. Lo secuestraron el 8 de diciembre de 2024, cuando cruzó la frontera para ver a su mujer y a su hijo. El régimen de Maduro lo acusó de terrorismo y espionaje. Una farsa. Pero durante 448 días, la farsa fue su vida.
El gobierno de Javier Milei prometió traerlo de vuelta. La Cancillería emitió comunicados. La ministra de Seguridad dijo que «lo vamos a traer». El presidente lo mencionó en el Congreso. Pasaron los meses. Y Gallo seguía preso en El Rodeo I, un lugar que él mismo describió como «de bastante tortura psicológica».
Quién lo liberó realmente
El domingo 1° de marzo, Gallo llegó a Ezeiza. No lo trajo un operativo de la Cancillería. No lo trajo un comando de los servicios de inteligencia. Lo trajo un avión privado fletado por la Asociación del Fútbol Argentino.
Claudio Tapia, presidente de la AFA, usó sus contactos en la Conmebol y en la Federación Venezolana de Fútbol para gestionar la liberación. Lo hizo en silencio. Sin ruedas de prensa. Sin declaraciones grandilocuentes. Mientras la Cancillería dormía, Tapia movió los hilos.
El propio Gallo lo confirmó en su primera aparición pública, el 3 de marzo, en el Edificio Centinela de la Gendarmería. Agradeció a la AFA. Agradeció a Tapia. De Milei, ni una palabra.
El gobierno llegó después
Una vez que Gallo estaba en el país, la administración Milei se apuró a hacerse la foto. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y el canciller, Pablo Quirno, lo recibieron en Ezeiza. Patricia Bullrich lo invitó a ver una obra de teatro. Ahora, un mes más tarde, Milei lo recibe en la Rosada.
El gobierno dice que respetó «los tiempos personales» de Gallo. Que querían que se reencuentre con su familia antes de la reunión oficial. Suena lindo. Pero la realidad es tozuda: el gobierno no pudo traerlo. Quien pudo fue la AFA. Y la foto de Milei estrechando la mano de Gallo no borra 448 días de inacción.
Lo que Milei debería decir (pero no va a decir)
El presidente tiene una oportunidad esta tarde. Puede agradecerle a Tapia públicamente. Puede reconocer que sin la gestión del fútbol, Gallo seguiría preso. Puede dejar de lado la grieta y admitir que un «negro de mierda», como lo llaman en su entorno, hizo lo que toda la Cancillería no pudo.
Pero no lo va a hacer. Milei va a recibir a Gallo, va a sonreír para la foto, y va a seguir insultando a Tapia en las redes. La hipocresía, también, es una política de Estado.
El olvido de los que quedaron
Gallo, mientras tanto, pidió «no olvidar» a los presos políticos que permanecen en Venezuela, entre ellos el argentino Germán Giuliani. La frase debería ser un recordatorio para el gobierno. Pero la Casa Rosada ya está pensando en la próxima foto.
El miércoles a las 16.30, Milei recibirá a Gallo. Los medios oficiales repetirán la imagen. Dirán que el gobierno hizo todo lo posible. Dirán que la gestión fue clave. Pero los que saben lo que pasó saben la verdad: el fútbol lo trajo, la política se llevó el aplauso.
Nos leemos pronto.



























