El Gobierno de la Buenos Aires dispuso la prohibición del uso de teléfonos celulares en las aulas de las escuelas secundarias públicas y privadas a partir del ciclo lectivo 2026. La medida incluye a estudiantes y docentes, con excepciones por motivos de discapacidad o necesidades de apoyo.
EL FIN DEL CELULAR EN EL AULA PORTEÑA
Desde esta semana, los estudiantes secundarios de la Ciudad de Buenos Aires tienen una nueva regla que cumplir: el celular queda prohibido dentro del aula. La medida, anunciada por el Ministerio de Educación porteño, alcanza a todas las escuelas secundarias de gestión estatal y privada, y también a docentes.
La normativa establece que el uso de teléfonos quedará limitado exclusivamente a aquellas actividades educativas que lo ameriten como herramienta pedagógica. Y aún en esos casos, la actividad deberá realizarse con equipos de la institución y bajo supervisión docente.
Las únicas excepciones previstas contemplan casos de discapacidad, enfermedad o necesidades específicas de apoyo.
CÓMO SE IMPLEMENTARÁ
La puesta en marcha de la medida requiere que cada institución de educación secundaria redacte su propio reglamento interno. Ese reglamento deberá definir los mecanismos de guardado de dispositivos, comunicar la normativa a toda la comunidad educativa y elevarla a la supervisión.
Además, se fortalece el rol del Facilitador Pedagógico Digital (FPD) como referente institucional de Protección Digital Infantil y Adolescente, con una función formativa y preventiva para fomentar un uso seguro de los celulares.
El rol de las familias también es clave: el gobierno porteño busca generar un frente común con las escuelas para acompañar la medida.
LO QUE DICEN LOS NÚMEROS
La normativa no surge de la nada. En agosto de 2024, el gobierno de Jorge Macri ya había comenzado a limitar el uso de celulares en el aula, planteándolo como un canal de distracción más que de aprendizaje.
Después de un año de experiencia piloto, los resultados son contundentes:
- 7 de cada 10 estudiantes de primaria y 6 de cada 10 de secundaria señalaron que prestan más atención en clase y aprenden mejor
- Más de la mitad afirmó que conversa más con sus compañeros
- La mayoría de los docentes y directivos encuestados indicó que disminuyeron las interrupciones y los llamados de atención en clase, y que aumentó la interacción cara a cara
- La mitad de los alumnos de primaria coincidió en que las restricciones no generaron mayor aburrimiento en el aula
El Ministerio de Educación maneja cifras que justifican la decisión: el 94% de los estudiantes secundarios lleva el celular todos los días a la escuela, y 5 de cada 10 estudiantes quieren dejar de usarlo y no pueden.
LAS EXCEPCIONES Y ALCANCES
La norma recién emitida viene a completar la iniciativa de 2024, que ya había prohibido el uso de celulares para estudiantes de nivel inicial y primario, así como otros dispositivos digitales (tablets, relojes inteligentes) que no podrán ser encendidos durante toda la jornada, incluidos recreos, comedor y otros espacios.
Para el nivel secundario, la nueva regulación permite que los colegios privados decidan si se permite el uso de celulares en los recreos. Pero en el aula, la prohibición es absoluta.
LA PALABRA OFICIAL
Mercedes Miguel, ministra de Educación de la Ciudad, defendió la medida con énfasis: «Fuimos pioneros en Argentina y Latinoamérica en prohibir el uso de celulares en nivel inicial y primaria y regularlo en secundaria. Hoy, con la evidencia en la mano, decidimos dar un paso más y declarar aulas libres de celulares».
«La escuela debe ser un espacio de atención, vínculo y aprendizaje. Estamos a favor de usar la tecnología con sentido pedagógico; no estamos en contra de la tecnología. Pero nuestra obligación es cuidar el bienestar digital de los chicos. Ordenar su uso es una decisión educativa, no disciplinaria», sentenció.
EL DEBATE DE FONDO
La medida porteña se inscribe en un debate más amplio sobre el impacto de la tecnología en la educación. Mientras algunos especialistas advierten sobre los riesgos de la exposición temprana y la dependencia digital, otros señalan que la solución no es prohibir sino educar en el uso responsable.
El gobierno porteño eligió el camino de la regulación estricta, al menos dentro del aula. Los resultados de la experiencia piloto parecen respaldar la decisión. Pero el verdadero desafío será lograr que la medida se implemente de manera efectiva y uniforme en todas las escuelas, y que no se convierta en un nuevo motivo de conflicto entre estudiantes, docentes y familias.



























