El 1° de octubre de 2025, el actor de «El Bululú» bajó al subte B en Chacarita. Una oficial lo detuvo. Le pidió el DNI «por su color de piel». Lo trató de «chorro». Le preguntó si era peruano. Le pegó en la cabeza con una macana. El actor volvió a hablar esta semana. El CELS difundió su testimonio. La Oficina de Transparencia de la Policía abrió una investigación. Pero lo que nunca se supo es qué pasó con esa policía. Si la echaron. Si la condenaron. Si el gobierno porteño, que vende seguridad como si fuera jabón en polvo, hizo algo para que esto no vuelva a pasar. Porque en este país, los negros pueden ser personalidades destacadas de la cultura, pero igual los paran en la calle. Y después, nadie se acuerda.
Osqui Guzmán es actor. Trabajó con Pablo Echarri. Hizo «El Bululú». En 2009 fue nombrado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene una carrera intachable. Pero el 1° de octubre de 2025, nada de eso le importó a una policía.
Bajó al subte B en la estación Dorrego, Chacarita. Venía de una entrevista. Se dirigía a un ensayo de «Druk». Llamó por teléfono a su esposa, Leticia. En eso, una oficial se le acercó. Sin denuncia. Sin operativo. Sin razón.
Le pidió el documento «de malas formas». Guzmán se lo mostró. La policía no se lo devolvió.
«Me dijo que el algoritmo me había reconocido, que yo era chorro, que ya me conocía, que estuve en la cárcel. Me preguntó si era peruano», relató el actor en un video que difundió el CELS. Guzmán le respondió que era argentino. La agente insistió. «El algoritmo te reconoció, vos sos chorro, sabemos lo que hacés».
El problema es que el sistema de reconocimiento facial de la Ciudad no funciona desde hace años por una medida judicial. La policía mintió. O inventó. O repitió lo que escuchó decir a sus superiores.
La golpiza
Guzmán le pidió que le devolviera su documento. La oficial le ordenó que se callara la boca. Guzmán no se calló. La agente sacó la macana y le pegó en la cabeza.
Después del golpe, Guzmán llamó al 911. Intervinieron la Fiscalía N°5 de la Ciudad y la Oficina de Asuntos Internos de la Policía. La Oficina de Transparencia y Control Externo del Ministerio de Seguridad de la Ciudad abrió una investigación.
Seis meses después, nada
Hoy, seis meses después del episodio, no hay información pública sobre si la agente fue sancionada. Tampoco sobre si el gobierno porteño, que en ese momento encabezaba Jorge Macri, tomó alguna medida concreta para que esto no vuelva a pasar. El actor volvió a hablar esta semana. No porque haya novedades. Sino porque el olvido es otra forma de violencia.
El CELS advirtió: el caso de Guzmán «no es una excepción». Los operativos de detenciones masivas en el subte y los colectivos «están guiados por estereotipos racistas». La organización lo dice con todas las letras: las policías detienen a las personas por su apariencia. Eso es ilegal. Pero sigue pasando.
«Esta cara, este color»
Guzmán lo explicó con una claridad que duele: «Nos unifican en un solo criterio. Esta cara, este color, este tipo de persona está ligado a la delincuencia». La policía dijo que el «algoritmo» la había alertado. El sistema de reconocimiento facial de la Ciudad no funciona. La excusa no es un error. Es una confesión: la policía detiene gente por su color de piel y después inventa una tecnología para justificarlo.
Guzmán tiene una carrera, tiene un nombre, tiene un respaldo. Por eso pudo denunciar. Por eso su caso llegó a los medios. Por eso, tal vez, la Oficina de Transparencia abrió una investigación. Los que no tienen nada de eso, directamente desaparecen.
Nos leemos pronto.



























