La pobreza cerró 2025 en 28,2% y la indigencia en 6,3%, con una baja de hasta 3,4 puntos en el semestre. Sin embargo, el 41,3% de los menores sigue en situación de pobreza y la brecha de ingresos alcanza el 35,7%.
El último dato oficial muestra una leve mejora en los indicadores sociales, pero también deja en evidencia las tensiones estructurales que atraviesa la economía. Según el INDEC, la pobreza alcanzó al 28,2% de las personas en el segundo semestre de 2025, mientras que la indigencia se ubicó en 6,3%.
La reducción respecto al primer semestre fue de 3,4 puntos porcentuales en personas y 3,1 puntos en hogares, impulsada por una mejora relativa en los ingresos frente al costo de vida.
📉 Una mejora explicada por los ingresos
El descenso en la pobreza tiene una explicación técnica clara: los ingresos crecieron más rápido que las canastas básicas.
- Ingresos familiares: +18,3%
- Canasta básica alimentaria (CBA): +11,9%
- Canasta básica total (CBT): +11,3%
Este diferencial permitió que más hogares superaran la línea de pobreza, al menos en términos estadísticos. Sin embargo, este resultado no necesariamente implica una mejora estructural del bienestar.
La brecha sigue siendo alta
Uno de los indicadores más relevantes es la llamada “brecha de pobreza”, que mide cuánto le falta a un hogar pobre para dejar de serlo.
En el segundo semestre de 2025:
- Ingreso promedio hogares pobres: $783.493
- Canasta básica total: $1.219.130
- Brecha: 35,7%
Esto implica que, incluso entre quienes están por debajo de la línea de pobreza, los ingresos están muy lejos de cubrir las necesidades básicas.
La brecha sigue siendo alta
Uno de los indicadores más relevantes es la llamada “brecha de pobreza”, que mide cuánto le falta a un hogar pobre para dejar de serlo.
En el segundo semestre de 2025:
- Ingreso promedio hogares pobres: $783.493
- Canasta básica total: $1.219.130
- Brecha: 35,7%
Esto implica que, incluso entre quienes están por debajo de la línea de pobreza, los ingresos están muy lejos de cubrir las necesidades básicas.
Desigualdad territorial
La pobreza también presenta fuertes diferencias regionales:
- Noreste: 32,7%
- Cuyo: 32,3%
- Noroeste: 28,4%
- Gran Buenos Aires: 28,3%
- Región Pampeana: 26,2%
- Patagonia: 25,4%
En indigencia, los niveles más altos también se concentran en el NEA (7,5%) y el conurbano bonaerense (7%).
Esto refleja una estructura desigual donde las regiones con menor desarrollo económico presentan mayores niveles de vulnerabilidad.
Radiografía social
| Variable | Situación actual | Lectura |
|---|---|---|
| Pobreza | 28,2% | Baja leve |
| Indigencia | 6,3% | Sin cambios relevantes |
| Niñez | 41,3% | Máximo nivel |
| Brecha pobreza | 35,7% | Alta distancia |
| Ingresos vs canasta | +18,3% vs +11% | Mejora estadística |
| NEA | 32,7% | Mayor pobreza |
| Patagonia | 25,4% | Menor incidencia |
🧠 El punto clave: mejora estadística vs realidad económica
El dato central es que la reducción de la pobreza se explica por una mejora relativa de los ingresos frente a las canastas, no necesariamente por un crecimiento sostenido del poder adquisitivo.
Esto introduce un elemento clave en el análisis:
👉 la pobreza puede bajar en términos estadísticos
👉 sin que mejore significativamente la calidad de vida
Además, otros indicadores muestran tensiones:
crecimiento de la informalidad
caída del consumo
aumento del endeudamiento
deterioro del empleo.
Un equilibrio frágil
El descenso en la pobreza convive con señales contradictorias. Por un lado, mejora el indicador; por otro, persisten condiciones estructurales de fragilidad.
Este equilibrio depende de:
- evolución de los ingresos
- inflación futura
- empleo
- asistencia social
Cualquier deterioro en estas variables puede revertir rápidamente la tendencia.
Baja la pobreza, pero no la fragilidad
El dato oficial muestra una mejora, pero con límites claros. La pobreza sigue afectando a más de un cuarto de la población y a casi la mitad de los niños.
Cuando la brecha sigue siendo alta y el ingreso no alcanza para cubrir lo básico, la reducción del indicador no implica una solución del problema.
Implica, en todo caso, una mejora parcial en un contexto todavía frágil.
Y en ese punto, la pregunta ya no es cuánto baja la pobreza.
Es cuánto puede sostenerse esa baja.



























