Martín Menem, el presidente de la Cámara de Diputados que llegó con la promesa de terminar con los privilegios de la casta, acordó con UPCN una suba de hasta 30% para el personal jerárquico. Los directores de área tendrán un incremento del 20% sobre el 10,5% que ya se aplicó al resto del personal. En números concretos: un empleado de la categoría más alta pasará a cobrar alrededor de 2,7 millones de pesos brutos. Un trabajador de base, de los que limpian los pasillos y atienden los expedientes, apenas llegará a los 790 mil pesos. La diferencia es de casi dos millones de pesos entre el que está arriba y el que está abajo. Y para coronar, Sharif Menem, el sobrino de 24 años de los primos riojanos, se llevó un crédito hipotecario del Banco Nación por 357 millones de pesos. El Congreso, dijo una fuente parlamentaria, «es una fiesta de créditos y aumentos salariales para los jerárquicos mientras que los trabajadores transitorios no llegan a fin de mes». Menem, que prometió motosierra, parece haberla guardado en el placard.
Martín Menem llegó a la presidencia de la Cámara de Diputados con un discurso de ajuste, de orden, de ponerle fin a los privilegios de la casta. Dijo que iba a bajar el gasto, que iba a transparentar los contratos, que iba a terminar con los curros. Pero la realidad, como suele ser más tozuda que los discursos, muestra otra cosa.
Este miércoles, UPCN comunicó el acuerdo salarial que el riojano selló con el sindicato. El texto es una obra de arte de la geometría variable: los directores de área tendrán un incremento del 20% sobre el aumento general, los subdirectores un 16% y los jefes de departamento un 12%. A eso se suma el 10,5% que ya se había acordado para el resto del personal. En total, los jerárquicos se llevan un 30% de suba. Los de abajo, un 10,5%.
Los números que escupen bronca
El resultado es una foto que debería estar en la entrada del Congreso para que la vean todos los que pasan. Un empleado de la categoría más alta llegará a percibir un salario bruto de alrededor de 2,7 millones de pesos. Un trabajador de la categoría más baja, de los que hacen el trabajo pesado, los que atienden los expedientes, los que limpian los pasillos, cobrará poco más de 790 mil pesos. La diferencia es de casi dos millones de pesos entre el que está arriba y el que está abajo.
Para colmo, la mayoría de los empleados de planta transitoria tienen categoría 7. Su salario bruto trepará apenas por arriba de 1,3 millones de pesos. Eso es lo que cobra un trabajador eventual en el Congreso. Un número que, comparado con los 2,7 millones de los jefes, parece un chiste.
El sobrino de 24 años y el crédito millonario
El aumento a los jerárquicos no llegó solo. Vino acompañado de un escándalo paralelo que le explotó a Menem en la cara. Sharif Menem, su sobrino de 24 años, el hijo de Lule Menem, se llevó un crédito hipotecario del Banco Nación por 357 millones de pesos. El joven, que tiene un ascenso meteórico en el mundo empresarial, accedió a un préstamo que para cualquier mortal sería imposible de conseguir.
En los pasillos del Congreso, la bronca se respira. Fuentes parlamentarias le dijeron a LPO: “El Congreso es una fiesta de créditos y aumentos salariales para los jerárquicos mientras que los trabajadores transitorios no llegan a fin de mes”. Un legislador, que prefirió no dar su nombre, agregó: “Le dio un 31 por ciento a la casta y un préstamo a su sobrino, pero a los trabajadores le aumentaron un 10,5 en tramos”.
La resolución escondida
Según las mismas fuentes, la resolución que oficializa el aumento a los jerárquicos todavía no fue publicada. “La tienen escondida”, comentaron. Menem habría sellado el acuerdo justo cuando estalló el escándalo de su sobrino. El timing, como siempre en estos casos, no es inocente.
Un legislador consultado intentó justificar lo injustificable: “Nadie quería ocupar los cargos y el aumento a los jerárquicos fue la forma que encontraron de que agarren”. Pero la excusa no cierra. Porque si nadie quería ocupar los cargos, quizás el problema no es el sueldo, sino el tipo de personas que los ocupan.
La motosierra que no llegó
Milei llegó con la motosierra prometiendo cortar el gasto público. Menem, en su rol de presidente de Diputados, se sumó a la cruzada contra la casta. Prometió transparencia, austeridad, eficiencia. Pero lo que se ve en los hechos es otra cosa: aumentos discrecionales para los de arriba, créditos multimillonarios para los sobrinos, y los trabajadores de a pie, los que realmente sostienen el funcionamiento del Congreso, con aumentos que no alcanzan para cubrir la inflación.
La casta que Menem decía combatir, al final, resultó ser la misma que él mismo representa. Los jerárquicos, que son los que toman las decisiones, se llevan la parte del león. Los trabajadores rasos, los que no tienen voz en la mesa de negociación, se quedan con las migajas.
La casta sigue viva y coleando
Menem dijo que iba a terminar con los privilegios. Pero los privilegios, cuando están institucionalizados, no se terminan con discursos. Se terminan con acciones. Y las acciones de Menem, hasta ahora, muestran que la casta no solo no se terminó, sino que se fortaleció.
El aumento a los jerárquicos es un escupitajo en la cara de los trabajadores que todos los días se rompen el lomo en el Congreso. El crédito al sobrino es la confirmación de que el nepotismo no es un defecto, sino una política de Estado. Y la resolución escondida es la prueba de que la transparencia, en este gobierno, es un verso más.
Ahí tenés la motosierra que votaste. Le diste un 30% a los jefes, un 10% a los empleados de a pie y un crédito de 357 millones a tu sobrino de 24 años. La casta, al final, no estaba en el peronismo. Estaba en tu oficina.



























