La exdiputada radical pasó de criticar a Milei a integrar el Ejecutivo y operar territorialmente.
Fue designada en el INAES y busca captar intendentes radicales rumbo a 2027.
El movimiento impacta en la interna opositora y en la estrategia electoral en Córdoba.
Del rechazo al alineamiento: el giro político de Carrizo
“La política no perdona la coherencia cuando aparece el poder”. El caso de Soledad Carrizo condensa ese principio. Hace apenas un año cuestionaba el “ajuste mesiánico” de Javier Milei y advertía sobre riesgos institucionales. Hoy ocupa un cargo en el Estado nacional y trabaja activamente en el armado político de La Libertad Avanza en Córdoba.
El giro no es solo discursivo. Es funcional. Carrizo acompañó en el Congreso las leyes clave del oficialismo y terminó integrándose al esquema libertario con una lógica clara: aportar estructura territorial donde el mileísmo es débil.
Ejemplo: este tipo de desplazamientos no es nuevo en la política argentina. Sectores del radicalismo ya migraron en otros momentos hacia espacios de poder dominante. La diferencia ahora es el contexto: un gobierno libertario que necesita anclaje territorial urgente.
El objetivo: construir poder donde Milei no lo tiene
El nombramiento de Carrizo como vocal del INAES no es decorativo. Es instrumental.
El Instituto tiene influencia directa sobre más de 250 cooperativas en Córdoba, que funcionan como verdaderos nodos de poder local. En muchos municipios, esas cooperativas tienen más capacidad de gestión e incidencia que los propios intendentes.
Ahí está la clave de la estrategia:
no se trata solo de sumar dirigentes, sino de controlar redes territoriales con capacidad real de movilización y recursos.
Ejemplo: en provincias como Córdoba, donde el Estado provincial no siempre llega con fuerza, las cooperativas operan como “Estado paralelo”. Quien influye ahí, construye poder político directo.
La disputa radical: intendentes como botín electoral
Carrizo sale a disputar el activo más valioso del radicalismo cordobés: los intendentes.
Hoy, esos jefes comunales son la base del proyecto de Rodrigo de Loredo. Captarlos implica desarmar una candidatura antes de que se consolide.
El objetivo es claro:
trasladar esa estructura al armado de Gabriel Bornoroni, quien proyecta su candidatura a gobernador en 2027.
Ejemplo político: en sistemas provinciales, los intendentes no son solo figuras locales. Son quienes garantizan votos, logística y estructura electoral. Sin ellos, cualquier candidatura queda en el aire.
El choque con el peronismo: cooperativas vs. obra pública
La jugada de Carrizo también impacta en la estrategia del gobernador Martín Llaryora.
El peronismo provincial apuesta a utilizar las cooperativas para desplegar obras de urbanización y sostener su base electoral. Si el mileísmo logra penetrar ese entramado, rompe un eje central del poder territorial del oficialismo cordobés.
Esto anticipa un conflicto directo con el Ministerio de Cooperativas provincial.
Ejemplo: cuando dos fuerzas políticas disputan el control de estructuras territoriales —como cooperativas o programas sociales—, lo que está en juego no es gestión. Es hegemonía electoral.
Una estrategia nacional: absorber, no construir desde cero
El movimiento revela algo más amplio: la lógica de construcción de Milei.
En lugar de crear estructura propia desde cero, el oficialismo busca absorber cuadros existentes, especialmente del radicalismo. Es más rápido, más eficiente y menos costoso políticamente.
Carrizo es un caso testigo de ese método.
Ejemplo: este tipo de cooptación fue utilizado históricamente por distintos gobiernos para consolidar poder en territorios adversos. La diferencia es que ahora ocurre en un espacio que se definía como “anti-casta”.
Del discurso a la estructura
El dato central no es el cambio de posición de Carrizo. Eso, en política, es frecuente.
El dato es otro:
el oficialismo empieza a construir poder real en el territorio.
- capta dirigentes con experiencia
- disputa intendentes
- interviene en estructuras locales
- proyecta candidaturas provinciales
La política, al final, siempre vuelve a lo mismo:
territorio, estructura y poder.
Y en Córdoba, ese proceso ya empezó.



























