Documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos exponen los planes del ultraderechista Steve Bannon y el pedófilo Jeffrey Epstein para «derrocar» al pontífice argentino. Correos electrónicos, financiamiento a grupos ultracatólicos y una película sobre escándalos vaticanos: la trama que buscaba silenciar la voz más crítica contra el nacionalismo trumpista.
Mientras el mundo se escandaliza por las fotos de Trump y Epstein abrazados en una escultura satírica, los archivos desclasificados guardan una historia más oscura y menos comentada: la de una conspiración gestada en los niveles más altos del poder estadounidense para derribar al papa Francisco.
Los documentos, liberados en febrero de 2026 por orden del Departamento de Justicia, revelan una trama que combina política ultraderechista, financiamiento oscuro y el sello inconfundible de Jeffrey Epstein. En el centro de la tormenta, un nombre: Steve Bannon, el estratega intelectual del trumpismo .
«Derribemos a Francisco»
En junio de 2019, apenas unos meses antes de que Epstein fuera arrestado por tráfico sexual de menores, Bannon le escribió un mensaje que hoy forma parte del expediente judicial:
«Derrocaremos al Papa Francisco. Los Clinton, Xi, Francisco, la UE… Vamos, hermano!» .
La frase no era una bravata aislada. Bannon, católico de origen y arquitecto del movimiento MAGA (Make America Great Again), consideraba al Papa argentino un «enemigo ideológico» . ¿El motivo? Francisco había cometido el pecado imperdonable para la ultraderecha: defender a los migrantes, criticar el nacionalismo exacerbado y recordar que construir muros no es cristiano.
El choque venía de lejos. En febrero de 2016, durante su viaje a México, un periodista le preguntó al Papa sobre las propuestas migratorias del entonces candidato Trump, que incluían un muro en la frontera sur. La respuesta de Francisco fue un misil: «Una persona que piensa sólo en construir muros, donde sea, y no construir puentes, no es cristiana» .
Trump reaccionó con furia. Bannon, que ya coordinaba su campaña, encontró en esa respuesta la confirmación de que el Papa era un obstáculo para su proyecto político.
El plan: financiar a los enemigos de Francisco
Los archivos muestran que Bannon no se conformó con declamaciones. Diseñó una estrategia internacional para socavar al pontífice, y para eso necesitaba dinero. En sus intercambios con Epstein, le solicitó apoyo financiero para fortalecer su red de movimientos populistas cristianos de extrema derecha en Europa .
El objetivo era articular una ofensiva desde dentro de la propia Iglesia. Bannon ya había fundado en 2017 The Movement, una organización con sede en Bruselas destinada a unir partidos nacionalistas contra la Unión Europea, defendiendo una identidad basada en las raíces «judeocristianas» de Occidente .
Sus aliados: figuras de peso como Viktor Orbán en Hungría y Matteo Salvini en Italia. Su meta: combatir el «globalismo» y las posturas a favor de los migrantes que Francisco defendía .
La «academia de gladiadores» y el monasterio
Uno de los proyectos más ambiciosos de Bannon fue la creación de una «academia de gladiadores» en el imponente monasterio de la Certosa di Trisulti, en el centro de Italia, una propiedad de los cistercienses . El plan era formar a jóvenes ultracatólicos en la ideología de la «guerra cultural» contra el progresismo. Epstein, según los documentos, estaba al tanto del proyecto y participaba en las conversaciones para financiarlo .
La película sobre la homosexualidad en el Vaticano
Otra pata de la conspiración era la realización de una película basada en el libro del periodista francés Frédéric Martel, «Sodoma: Poder y escándalo en el Vaticano», que expone la extendida homosexualidad en la curia romana .
En los mensajes, Bannon le propone a Epstein ser el «productor ejecutivo» de la película. «Ahora eres productor ejecutivo de ‘ITCOTV’ (En el armario del Vaticano)», le escribe . La idea era usar el escándalo para desacreditar a Francisco y a la institución que representaba.
Martel, consultado sobre el encuentro que mantuvo con Bannon en París, declaró que el estratega trumpista intentó conseguir los derechos del libro, pero que él los rechazó porque ya estaban comprometidos con otra corporación .
El enemigo común: Francisco
¿Por qué tanto esfuerzo contra un Papa que, según las encuestas, era una de las figuras más queridas del mundo? La respuesta está en la cosmovisión de Bannon.
El analista Bernardo Barranco lo explica con claridad: «Francisco tenía posturas progresistas en materia de pastoral social, ecología y, sobre todo, una visión muy firme en defensa de los migrantes» . Para el nacionalismo trumpista, eso lo convertía automáticamente en un adversario.
En un artículo de 2018, Bannon había descrito a Francisco en la revista The Spectator como «indignado de desprecio», acusándolo de alinearse con las «élites globalistas» . Según SourceMaterial, incluso instó a Salvini a «atacar» al pontífice .
La respuesta del FBI: no hubo hackeo vaticano
En medio de esta tormenta, comenzó a circular en redes una teoría muy distinta: que los archivos Epstein habían sido hackeados desde el Vaticano por orden de Francisco para exponer a sus enemigos .
La versión se volvió viral, alimentada por usuarios que recordaban las diferencias públicas entre Trump y el Papa. Pero el FBI salió a desmentirla categóricamente .
«No existe confirmación oficial ni evidencia que respalde la afirmación de un hackeo desde el Vaticano», declaró el Buró Federal . Los archivos, aclararon, fueron obtenidos mediante procesos legales e incautaciones judiciales, y publicados en cumplimiento de la Epstein Files Transparency Act, una ley aprobada a fines de 2025 que obliga al gobierno a hacer públicos todos los documentos no clasificados del caso .
¿Qué pasó con el hacker del Vaticano?
La confusión tiene una explicación: en los documentos del FBI aparece mencionado un «hacker personal de Epstein» que supuestamente tenía pasaportes de Irán, Israel y de la Ciudad del Vaticano .
La ciudadanía vaticana es extremadamente exclusiva: solo se otorga a cardenales, miembros de la diplomacia de la Santa Sede o personas que residen en el recinto por una función específica . Esto desató todo tipo de especulaciones sobre una conexión del entorno de Epstein con la Iglesia.
Sin embargo, investigaciones periodísticas identificaron a esa persona como Vincenzo Iozzo, un ingeniero italiano experto en seguridad digital, fundador de Slash ID (una empresa de protección de identidades), con quien Epstein mantuvo contacto entre 2014 y 2015 para temas de ciberseguridad . No hay evidencia de que Iozzo haya trabajado para el Vaticano ni de que haya participado en ningún hackeo.
La frase descontextualizada
Otro elemento que alimentó las teorías fue un correo del propio Epstein donde, hablando de la decoración de su casa, menciona que «cuando vivió con el papa Juan Pablo II en el Vaticano» observó ciertas columnas . La frase, inquietante, carece de contexto y no ha podido ser corroborada por ninguna fuente .
Francisco: el blanco, no el autor
La evidencia es clara: lejos de haber orquestado un hackeo contra Epstein, el papa Francisco fue víctima de una conspiración orquestada por el entorno del pedófilo y el brazo político de la ultraderecha estadounidense.
Mientras Bannon y Epstein planeaban cómo «derribarlo», el pontífice argentino seguía firme en su defensa de los migrantes, los pobres y la justicia social. Los archivos no lo muestran como un conspirador, sino como el blanco de una trama que buscaba silenciar su voz .
Expediente Connors
La historia tiene una ironía trágica: los mismos que hoy difunden teorías sobre un complot vaticano para hackear a Epstein son, en muchos casos, los que ayer aplaudían a Bannon y celebraban sus ataques contra Francisco. La desinformación no tiene ideología: tiene objetivos.
Mientras tanto, los documentos siguen ahí, esperando que alguien los lea con atención. Y lo que muestran es que, en la guerra cultural que Bannon declaró contra el Papa, el único que usó herramientas sucias fue él.
Expediente Connors: caso abierto.





























