El gobierno de Trump le puso un ultimátum a Anthropic: o le entregan sus sistemas para vigilancia masiva y armas autónomas, o pierden 200 millones de dólares y quedan vetados como enemigos extranjeros. Anthropic se negó. OpenAI aceptó el trato. 4 millones de personas ya borraron ChatGPT. Un estudio del King’s College reveló que el 95% de las IA optan por lanzar bombas nucleares en simulaciones de guerra. El futuro que nos espera.
El gobierno de Trump le dio un ultimátum a Anthropic, la única empresa de IA que intentaba poner límites éticos: o nos das tus sistemas para espiar a los ciudadanos y para que los drones maten sin intervención humana, o te sacamos 200 millones de dólares de contrato y te etiquetamos como «riesgo para la seguridad nacional», lo mismo que le hacen a las empresas chinas que consideran enemigas.
Anthropic dijo que no.
Horas después, OpenAI anunció un acuerdo con el Pentágono para ocupar su lugar.
Lo que estaba en juego
El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue claro: querían dos cosas que Anthropic consideraba líneas rojas desde su fundación.
Primero: que su inteligencia artificial se usara para vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses. Segundo: que pudiera integrarse en sistemas de armas autónomas capaces de matar sin supervisión humana.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, respondió con una carta que no debería hacer falta escribir: «Hoy en día, los sistemas de IA no son lo suficientemente fiables como para impulsar armas totalmente autónomas. No vamos a poner en riesgo a combatientes y civiles, estadounidenses o de cualquier otro país, a sabiendas» .
La respuesta del gobierno
El viernes venció el plazo. La Casa Blanca cumplió su amenaza: etiquetó a Anthropic como «riesgo en la cadena de suministro», una designación que implica que ninguna empresa que trabaje con el gobierno puede contratarlos. Es la misma categoría que usan contra Huawei .
Horas después, OpenAI anunció que había llegado a un acuerdo con el Pentágono para usar sus modelos en la red clasificada.
La gente reaccionó
En las redes explotó el movimiento #QuitGPT. La consigna era simple: si OpenAI se vendía al Pentágono, que pagaran el costo de imagen. Las desinstalaciones de ChatGPT se dispararon un 295%. Hasta ahora, 4 millones de personas borraron la app de sus teléfonos .
Sam Altman, CEO de OpenAI, tuvo que dar explicaciones a sus propios empleados. En un mensaje filtrado, dijo: «Creo que hice algo mal. No debimos apresurarnos. Los problemas son complejos. Intentábamos reducir la tensión, pero pareció oportunista y descuidado» .
Mientras tanto, Claude, la app de Anthropic, se convirtió en la más descargada de Estados Unidos por primera vez en la historia .
El estudio que nadie debería ignorar
El King’s College de Londres simuló escenarios de guerra con sistemas de IA de Anthropic, OpenAI y Google. El resultado es escalofriante: en el 95% de los casos, los modelos optaron por lanzar armas nucleares. Mostraron «poca vacilación» incluso cuando se les recordaban las consecuencias humanas catastróficas. Ninguno eligió la desescalada total ni la rendición .
Lo que viene
Anthropic resistió, pero también cedió. La misma semana de su enfrentamiento con el Pentágono, anunció que abandonaba su principal compromiso de seguridad: ya no garantizarán medidas de protección antes de entrenar nuevos modelos .
Jared Kaplan, director científico de Anthropic, lo justificó con una frase que debería helarnos la sangre: «Si nosotros frenamos mientras otros avanzan sin salvaguardas, el mundo sería menos seguro» .
Traducción: la carrera armamentista de la IA ya empezó. Y no hay freno.
El dato final
El viernes, mientras el Pentágono y OpenAI celebraban su acuerdo, Claude seguía siendo la app más descargada. La gente votó con el bolsillo y con los dedos. Pero eso no detiene una bomba nuclear.
El estudio del King’s College no deja lugar a dudas: cuando llegue el momento, el 95% de las IA elegirán matar a millones antes que rendirse. Y ahora, gracias al acuerdo con OpenAI, el Pentágono tiene las suyas.
Nos leemos pronto.



























