Park Hang-seo, entrenador del Kanchanaburi Power FC, fue víctima de insultos xenófobos después de un partido de la segunda división tailandesa. Un espectador lo llamó reiteradamente «Kimchi man» y también atacó verbalmente a un futbolista de Madagascar. El club condenó públicamente la discriminación y sus integrantes tuvieron que intervenir para evitar un enfrentamiento físico.
Un episodio de discriminación racial y xenofobia provocó un enfrentamiento entre el entrenador surcoreano Park Hang-seo y un espectador durante la jornada del domingo 1 de noviembre en Pattaya, Tailandia.
El incidente ocurrió después del empate 2-2 entre Kanchanaburi Power FC y Pattaya United, correspondiente a la segunda división del fútbol tailandés. Cuando el entrenador visitante se dirigía a los vestuarios del estadio Nong Prue, un hombre desde las tribunas comenzó a insultarlo haciendo referencias despectivas a su nacionalidad.
Según los videos difundidos en redes sociales y la cobertura de medios tailandeses y surcoreanos, el espectador repitió la expresión «Kimchi man» —hombre del kimchi— acompañada de insultos en inglés. La referencia al alimento tradicional coreano fue utilizada para ridiculizar el origen nacional del director técnico.
La reacción de Park y la intervención de sus jugadores
Inicialmente, Park colocó un dedo sobre sus labios para pedir silencio al espectador. Sin embargo, ante la continuidad de las provocaciones, respondió con gestos de enojo, simuló lanzar un golpe y desafió al hombre a bajar de la tribuna.
Jugadores, colaboradores del cuerpo técnico y personal del encuentro intervinieron para separar a los involucrados y acompañaron al entrenador hacia los vestuarios.
El incidente quedó registrado en imágenes que circularon rápidamente por las redes sociales. No se informó que hubiera agresiones físicas entre el entrenador y el espectador.
También atacaron a un futbolista africano
La hostilidad no se limitó al entrenador surcoreano. Según la información publicada por la cadena SBS, el mismo espectador habría dirigido comentarios ofensivos al mediocampista John Baggio, futbolista nacido en Madagascar que integra el plantel del Kanchanaburi Power.
Los insultos hacia Baggio incluían burlas sobre su estatura. La denuncia amplió la preocupación del club por el trato recibido por sus integrantes durante la salida del estadio.
El club condenó públicamente la discriminación
Después del encuentro, Kanchanaburi Power FC publicó un comunicado en el que rechazó las expresiones discriminatorias y defendió el respeto a las personas independientemente de su nacionalidad, origen étnico o color de piel.
La institución recordó que el fútbol reúne a personas de diferentes países y culturas, y sostuvo que todos sus protagonistas merecen un trato digno.
La condena institucional constituye la principal respuesta confirmada hasta el momento. No se ha informado una sanción disciplinaria de la liga tailandesa contra el espectador ni medidas específicas contra Pattaya United.
Una trayectoria internacional marcada por el fútbol asiático
Park Hang-seo es ampliamente reconocido por su trabajo al frente de la selección nacional de Vietnam, a la que dirigió entre 2017 y 2023. Durante ese período consiguió resultados históricos en competiciones regionales y continentales, convirtiéndose en una figura especialmente conocida del fútbol del sudeste asiático.
Su incorporación al Kanchanaburi Power FC durante 2026 representó una nueva etapa profesional en Tailandia.
El episodio de Pattaya demuestra que la discriminación por origen nacional puede alcanzar incluso a entrenadores de reconocido prestigio internacional y producirse en espacios deportivos profesionales.
El caso también plantea responsabilidades para los clubes, los organizadores de competiciones y las autoridades disciplinarias, especialmente cuando los incidentes quedan registrados mediante material audiovisual.
El racismo en el deporte no se limita a los insultos dirigidos contra futbolistas negros. También comprende las agresiones basadas en la nacionalidad, los rasgos físicos y los estereotipos culturales.
La intervención del personal del estadio evitó que la confrontación terminara en violencia física. Ahora corresponde a las autoridades deportivas evaluar los hechos y determinar si existen conductas sancionables.
Un estadio de fútbol no puede convertirse en un espacio donde la nacionalidad o el origen étnico sean utilizados como herramientas de humillación. La respuesta frente a estas agresiones requiere algo más que comunicados: mecanismos de prevención, identificación y sanción de las conductas discriminatorias.


























