Anny Ocoró Loango: la mujer que le disputó el olvido a la historia

In memoriam | Dra. Anny Ocoró Loango

Investigadora del CONICET, profesora universitaria, escritora y referente del pensamiento afrofeminista latinoamericano, Anny Ocoró Loango dedicó su vida a cuestionar el racismo en la educación, las desigualdades que enfrentan las mujeres negras y las estructuras coloniales del conocimiento. Su partida deja una ausencia profunda en su familia, entre sus amistades y en la comunidad afrodescendiente de Argentina, que pierde a una de sus intelectuales más comprometidas. Preservar su legado constituye una responsabilidad colectiva.

Cada 25 de Mayo, durante generaciones, miles de niñas y niños argentinos se disfrazaron de vendedores de velas, mazamorreras, damas antiguas y caballeros de galera para representar el nacimiento de la patria. Entre aquellos personajes aparecían, casi siempre, las personas negras: mujeres con pañuelos en la cabeza, hombres ofreciendo mercancías y figuras sonrientes que parecían existir únicamente para decorar una historia protagonizada por otros. Terminaba el acto, se guardaban los disfraces y los negros desaparecían hasta el año siguiente. Nadie explicaba qué había ocurrido con ellos, quiénes eran sus descendientes ni por qué una población que había participado de la construcción del país había quedado reducida a una representación escolar. Aquella escena, repetida con la naturalidad de una tradición inocente, encerraba una de las operaciones más eficaces de la memoria colonial: enseñar la existencia de un pueblo mientras se lo condenaba a desaparecer del presente.

Anny Ocoró Loango dedicó buena parte de su vida a desmontar esa contradicción. La investigadora colombiana, nacida en Cali y radicada en Argentina desde 2007, comprendió que las sociedades no necesitan prohibir una historia para borrarla; a veces basta con contarla de manera incompleta, asignarle personajes secundarios y repetir durante generaciones una versión del pasado que termina adquiriendo la autoridad de lo indiscutible. Su trabajo académico examinó precisamente esa relación entre educación, poder y representación, demostrando que los programas escolares, los manuales y las prácticas pedagógicas participan en la construcción de jerarquías raciales. Su muerte deja una pérdida difícil de dimensionar para los estudios afrodescendientes latinoamericanos, pero también obliga a reconocer la magnitud de una obra que no se conformó con denunciar la exclusión: buscó comprender sus mecanismos y contribuir a transformarlos.

Para mí, que tuve el privilegio de conocerla, quererla y aprender de ella, escribir estas líneas supone una dificultad que ninguna experiencia literaria consigue resolver. Anny fue mi amiga y mi mentora. La admiración por su inteligencia convivía con un afecto que nació del reconocimiento entre dos mujeres negras migrantes, conscientes de lo que significa construir una voz propia en espacios donde nuestra presencia todavía debe justificarse. Su partida me enfrenta a la dimensión más dolorosa de la memoria: comprender que una persona puede seguir habitando nuestras ideas, nuestros libros y nuestra manera de mirar el mundo, aunque ya no podamos volver a conversar con ella.

De Cali a Buenos Aires: cuando la experiencia se convierte en conocimiento

La trayectoria de Anny comenzó lejos de los circuitos académicos donde posteriormente alcanzaría reconocimiento. En Cali participó desde la adolescencia en experiencias comunitarias y espacios de trabajo con jóvenes de sectores populares, entre ellos iniciativas vinculadas con la defensa de los derechos humanos y la identidad afrodescendiente. Aquellas primeras actividades contribuyeron a formar una conciencia social que más tarde encontraría en la investigación científica un lenguaje capaz de explicar las desigualdades observadas en la vida cotidiana. Se licenció en Ciencias Sociales en la Universidad del Valle en 2003 y ejerció la docencia secundaria antes de trasladarse a Argentina para continuar sus estudios de posgrado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), donde obtuvo la maestría en Ciencias Sociales con mención en Educación en 2010 y el doctorado en Ciencias Sociales en 2014.

Su experiencia migratoria resultó decisiva para orientar sus investigaciones. En Buenos Aires encontró una sociedad cuya narrativa histórica había identificado durante mucho tiempo la nacionalidad con la inmigración europea, relegando a las poblaciones afrodescendientes a un pasado remoto. En una entrevista publicada por Las Argentinas Trabajamos, recordó que las personas se daban vuelta para mirarla por la calle y que una compañera universitaria llegó a decirle que en Argentina no había negros, salvo aquellos que aparecían en las representaciones escolares del 25 de Mayo. La anécdota revelaba algo más profundo que el desconocimiento individual: exponía el éxito de una construcción cultural que había convertido la ausencia afrodescendiente en una supuesta característica de la identidad nacional.

Anny encontró en esa contradicción un problema de investigación. Su formación le permitió relacionar las experiencias personales de racialización con procesos históricos más amplios, vinculados con el colonialismo, la organización de los Estados nacionales y la producción institucional del conocimiento. En aquella entrevista resumió ese recorrido mediante una afirmación que condensa buena parte de su pensamiento: «Investigar para mí fue un acto de liberación». La frase expresa una transformación intelectual y subjetiva: comprender que aquello que una persona experimenta como extrañamiento, discriminación o vergüenza puede tener causas históricas identificables permite desplazar la responsabilidad desde el individuo hacia las estructuras sociales que producen esas experiencias.

La recuperación de sus propios apellidos formó parte de ese proceso. Anny contó que durante su juventud había sentido incomodidad con ellos y que, al profundizar en la historia de su ascendencia africana, comenzó a reconocerlos como una herencia digna de orgullo. Su experiencia personal dialogaba así con una de las preocupaciones centrales del pensamiento afrodiaspórico: la necesidad de recuperar una memoria que la dominación colonial había contribuido a fragmentar. El conocimiento histórico dejaba de ser una acumulación de acontecimientos para convertirse en una herramienta de reconstrucción de la identidad.

La escuela argentina y la pedagogía de la desaparición

En 2010 presentó en FLACSO su tesis de maestría Afroargentinidad y memoria histórica: la negritud en los actos escolares del 25 de Mayo, una investigación que examinó las representaciones de las personas negras en las conmemoraciones patrias. Al año siguiente profundizó ese análisis en La emergencia del negro en los actos escolares del 25 de mayo en la Argentina: del negro heroico al decorativo y estereotipado. Ambos trabajos contribuyeron a demostrar que la presencia afrodescendiente en la enseñanza de la historia argentina había sido frecuentemente reducida a personajes pintorescos, asociados con la servidumbre, el comercio ambulante o las actividades domésticas durante el período colonial.

El problema no residía únicamente en la pobreza de esas representaciones, sino en sus consecuencias. Cuando una sociedad enseña sistemáticamente que las personas negras pertenecieron al pasado, dificulta que las nuevas generaciones reconozcan su existencia contemporánea y su participación histórica en la construcción nacional. La escuela termina reproduciendo una imagen incompleta de la ciudadanía, mientras la población afrodescendiente queda privada de referencias que permitan comprender su lugar en la historia colectiva. Anny identificó allí una relación entre la selección curricular y las jerarquías raciales: aquello que se considera digno de ser enseñado contribuye a establecer qué grupos son reconocidos como protagonistas y cuáles permanecen subordinados.

En su artículo El papel del currículo en la reproducción de desigualdades étnico-raciales. Una mirada al caso argentino en perspectiva latinoamericana, publicado en 2021, desarrolló esta perspectiva desde una mirada comparada. Su argumento fundamental era que el currículo no constituye una selección neutral de conocimientos, sino el resultado de procesos históricos y decisiones institucionales atravesadas por relaciones de poder. Los manuales escolares, las imágenes utilizadas en las aulas y las narraciones sobre la formación de las naciones pueden contribuir a cuestionar el racismo o, por el contrario, reproducirlo mediante omisiones, estereotipos y jerarquías de representación.

De sus investigaciones se desprende una agenda de transformación educativa que continúa siendo necesaria. Los contenidos escolares deben reconocer a las poblaciones afrodescendientes como sujetos políticos, culturales e intelectuales, superar su representación exclusivamente colonial y vincular la historia de la esclavización con las desigualdades contemporáneas. La incorporación de figuras como María Remedios del Valle, cuya participación en las luchas independentistas fue durante mucho tiempo insuficientemente reconocida, permite cuestionar los relatos que reservaron el protagonismo histórico a determinados sectores de la sociedad. Pero la propuesta de Anny iba más allá de agregar nombres a los manuales: exigía revisar los criterios mediante los cuales se había construido la propia narrativa nacional.

La formación docente ocupaba un lugar central en ese planteamiento. Ninguna modificación curricular puede alcanzar plenamente sus objetivos si quienes enseñan carecen de herramientas para reconocer los prejuicios incorporados a su formación. Por eso Anny investigó tanto los contenidos escolares como los procesos de preparación de los futuros profesores. Una educación antirracista requiere que los docentes comprendan cómo se construyeron las representaciones históricas, qué experiencias quedaron excluidas y de qué manera esas ausencias continúan influyendo en las relaciones sociales. No se trata de reemplazar una versión simplificada de la historia por otra, sino de enseñar a examinar críticamente sus fuentes, sus protagonistas y sus silencios.

El racismo epistémico y la disputa por la autoridad intelectual

Las investigaciones de Anny sobre educación superior ampliaron esas preguntas hacia el funcionamiento de las universidades. Su preocupación por el racismo epistémico apuntaba a una forma de desigualdad que no siempre resulta visible: la distribución desigual de autoridad para producir, interpretar y validar conocimientos. Durante siglos, las instituciones académicas latinoamericanas otorgaron centralidad a determinadas tradiciones intelectuales europeas mientras relegaban los saberes africanos, indígenas y populares a posiciones subordinadas. Esa jerarquía también condicionó las oportunidades de las personas afrodescendientes para ser reconocidas como investigadoras, docentes y productoras de teoría.

Anny cuestionó especialmente la tendencia a considerar a las personas negras fuentes de testimonios sobre el racismo sin reconocerles necesariamente la misma autoridad intelectual que a otros investigadores. La diferencia resulta fundamental. Una universidad puede estudiar ampliamente las experiencias afrodescendientes y, al mismo tiempo, mantener barreras para que las propias personas afrodescendientes dirijan investigaciones, definan problemas científicos o participen en los espacios donde se decide qué conocimientos merecen reconocimiento. Su trabajo contribuyó a desplazar el debate desde la representación hacia las relaciones concretas de poder que organizan la producción académica.

En El racismo y la hegemonía del privilegio epistémico, incluido en la obra colectiva En clave de afroepistemologías (2022), profundizó esa discusión. Su reflexión no proponía sustituir el rigor científico por criterios identitarios, sino examinar críticamente las condiciones históricas que habían permitido presentar determinados conocimientos como universales mientras otros eran considerados secundarios. La justicia epistémica, desde esa perspectiva, exige ampliar las posibilidades de participación intelectual y reconocer la legitimidad de tradiciones de pensamiento históricamente subordinadas.

Su propia trayectoria expresó esa disputa. Como investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), docente y participante de numerosos proyectos académicos, contribuyó a consolidar un campo de estudios que durante décadas había ocupado posiciones periféricas dentro de las instituciones argentinas. Su presencia no eliminaba las desigualdades que investigaba, pero demostraba la posibilidad de cuestionarlas desde el interior de los espacios donde se reproducían.

Interseccionalidad, afrofeminismo y educación

Otra contribución central de Anny fue su trabajo sobre las experiencias de las mujeres afrodescendientes desde una perspectiva interseccional. Este enfoque permite comprender que el racismo, el género, la clase social y la condición migratoria no operan necesariamente como factores independientes, sino que interactúan en situaciones concretas y producen formas específicas de desigualdad. Una mujer negra migrante puede enfrentar obstáculos que no se explican exclusivamente por el sexismo, del mismo modo que las experiencias de las mujeres afroargentinas no pueden reducirse a las condiciones generales de la población afrodescendiente.

En Las contribuciones de la perspectiva interseccional a las luchas de las mujeres negras en América Latina y el Caribe, incluido en Voces afrofeministas (2022), examinó la importancia de esta herramienta para comprender las reivindicaciones de las mujeres negras y sus aportes a los movimientos sociales. Su trabajo dialogaba con una tradición intelectual construida por pensadoras como Lélia Gonzalez, cuya noción de Améfrica Ladina cuestionó las narrativas latinoamericanas que separaban artificialmente la identidad regional de sus raíces africanas.

La perspectiva interseccional también tenía consecuencias concretas para la educación. Permitía analizar las trayectorias escolares y universitarias considerando las relaciones entre discriminación racial, desigualdades económicas, género y migración. Desde ese enfoque, las políticas educativas no pueden limitarse a ampliar formalmente el acceso: deben examinar las condiciones de permanencia, los obstáculos institucionales, los contenidos enseñados y las experiencias de quienes ingresan en espacios donde históricamente tuvieron escasa representación.

Su investigación sobre las trayectorias educativas de mujeres afroargentinas y afromigrantes en instituciones de educación superior contribuyó a desarrollar estas preguntas en el contexto argentino. Allí el problema adquiría una dimensión particular, porque la invisibilización histórica de la población afrodescendiente había dificultado también la construcción de herramientas institucionales para reconocer sus experiencias y necesidades.

El pensamiento de Anny ofrecía una advertencia importante para los feminismos del Cono Sur: ninguna agenda de igualdad puede considerarse plenamente inclusiva si desconoce las desigualdades raciales que atraviesan las vidas de las mujeres. Del mismo modo, las políticas antirracistas resultan incompletas cuando ignoran las relaciones de género y las condiciones materiales de existencia. La interseccionalidad no era, en su trabajo, una fórmula destinada a multiplicar categorías, sino una herramienta para comprender mejor la realidad y diseñar respuestas más adecuadas.

Las políticas de acción afirmativa y la responsabilidad de las instituciones

Anny también investigó las políticas de acción afirmativa destinadas a enfrentar desigualdades históricas en el acceso a la educación superior. En 2017 publicó Educación Superior y afrodescendientes: un análisis de los cupos especiales en la Universidad del Valle, donde examinó una experiencia colombiana de acceso diferenciado a la universidad. Ese mismo año, junto con Maria Nilza da Silva, estudió las acciones afirmativas en la educación superior de Colombia y Brasil, sus alcances y desafíos.

Estas investigaciones permitían discutir las políticas de cuotas y otros mecanismos de inclusión desde una perspectiva que combinaba reconocimiento histórico y evaluación institucional. Las medidas de acceso podían contribuir a enfrentar barreras estructurales, pero su eficacia debía analizarse considerando también las condiciones de permanencia, las experiencias de discriminación y las posibilidades reales de participación académica. Una universidad podía modificar sus mecanismos de ingreso sin transformar necesariamente las jerarquías que organizaban su funcionamiento cotidiano.

En 2019, Anny fue consultora principal del documento Recomendaciones estratégicas para la incorporación de la perspectiva étnico-racial en las políticas de género del Mercosur, elaborado junto con Susana Beatriz Villarrueta y Bruna Stamato Dos Santos. Las recomendaciones fueron aprobadas por las ministras y altas autoridades de la Mujer del Mercosur en junio de ese año, lo que constituye una contribución institucional concreta de su trabajo a la formulación de políticas regionales.

La importancia de ese documento reside en haber trasladado las discusiones sobre racismo e interseccionalidad al terreno de las recomendaciones para la acción pública. Su aprobación no permite afirmar que todas las medidas propuestas hayan sido implementadas, pero demuestra la participación de Anny en procesos donde la investigación académica podía contribuir a orientar decisiones institucionales.

Ese vínculo entre conocimiento y política pública atravesó su trayectoria. Sus estudios no se limitaban a identificar problemas; ofrecían herramientas para evaluar políticas educativas, revisar prácticas institucionales y discutir las condiciones necesarias para construir sociedades menos desiguales.

Una trayectoria construida entre universidades, organismos internacionales y redes afrodescendientes

Anny desarrolló su actividad académica en instituciones de Argentina y de otros países latinoamericanos. Fue investigadora asistente del CONICET, con lugar de trabajo en el Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados (CIEA) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), donde también ejerció la docencia universitaria de grado y posgrado. Su línea de investigación se concentró en las trayectorias educativas de mujeres afroargentinas y afromigrantes en las instituciones de educación superior, abordadas desde una perspectiva interseccional que relacionaba el racismo, el género y las disputas por la legitimidad del conocimiento.

En la UNTREF integró el equipo de investigación del Programa Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina y de la Cátedra UNESCO vinculada con esa temática. Coordinó además la Comisión de Mujeres Afrolatinoamericanas de la Red Interdisciplinaria de Estudios de Género de esa universidad. Su labor docente se extendió a espacios de formación de grado y posgrado, entre ellos FLACSO Argentina y otras instituciones universitarias.

Su participación en la Asociación de Investigadores e Investigadoras Afrolatinoamericanos y del Caribe (AINALC), organización de la que fue miembro fundacional y cuya presidencia ejerció durante varios años, contribuyó a fortalecer redes de colaboración científica entre investigadores afrodescendientes de distintos países. También integró espacios de asesoramiento vinculados con ONU Mujeres y desarrolló trabajos de consultoría para organismos internacionales y regionales, entre ellos el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la UNESCO, el Mercosur y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).

Estas responsabilidades muestran la amplitud de una trayectoria que vinculó investigación, docencia y participación institucional. Anny comprendía que la producción de conocimiento no dependía únicamente del trabajo individual, sino también de las condiciones colectivas que permiten investigar, publicar, enseñar y construir agendas compartidas. Fortalecer redes académicas afrodescendientes significaba ampliar las posibilidades de colaboración y cuestionar el aislamiento que históricamente había afectado a muchos investigadores negros en América Latina.

Su pensamiento dialogó igualmente con las luchas de las organizaciones de mujeres afrodescendientes. La Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora (RMAAD), surgida en 1992 durante el Primer Encuentro de Mujeres Negras de América Latina y el Caribe, constituye uno de los espacios históricos más importantes de esa articulación regional. Su trabajo ha contribuido a visibilizar las demandas de las mujeres negras en materia de participación política, educación, derechos económicos y reconocimiento social, además de consolidar el 25 de julio como una fecha central de reivindicación afrolatinoamericana.

Anny compartió espacios de trabajo con integrantes de esa Red, particularmente en el ámbito de su Observatorio desde 2021. Tras su fallecimiento, quienes participaron junto a ella recordaron su rigor intelectual y su entrega. Ese reconocimiento expresa una dimensión esencial de su legado: la capacidad de vincular la investigación académica con las preocupaciones de organizaciones que llevan décadas enfrentando las consecuencias del racismo y el sexismo en la región.

Sus libros: una obra colectiva contra las jerarquías del conocimiento

La producción bibliográfica de Anny refleja la continuidad de sus preocupaciones y su compromiso con la construcción colectiva del pensamiento afrodiaspórico. En 2019 coordinó junto con Rosa Campoalegre Septien Afrodescendencias y contrahegemonías. Desafiando al Decenio, publicado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). La obra reunió investigaciones sobre las resistencias políticas, culturales e intelectuales de las poblaciones afrodescendientes y sus disputas frente a las estructuras de desigualdad. El concepto de contrahegemonía ocupaba allí un lugar decisivo: no bastaba con denunciar la dominación, sino que resultaba necesario construir conocimientos, prácticas y propuestas capaces de cuestionar sus fundamentos.

En 2021 coordinó junto con Maria José de Jesus Alves Cordeiro Cartografías curriculares de la diáspora africana en América Latina y el Caribe: experiencias, alcances y desafíos, una publicación que examinó experiencias educativas y debates sobre la incorporación de perspectivas afrodescendientes en los contenidos escolares. Ese mismo año participó en Afrodescendencias: debates y desafíos ante nuevas realidades, otra obra colectiva de CLACSO vinculada con los problemas contemporáneos de las poblaciones afrodescendientes.

En 2022 contribuyó a En clave de afroepistemologías con su trabajo sobre el racismo y la hegemonía del privilegio epistémico, y a Voces afrofeministas con un estudio dedicado a la interseccionalidad y las luchas de las mujeres negras latinoamericanas y caribeñas. También escribió junto con Joselina da Silva sobre el legado de Lélia Gonzalez, una figura imprescindible para comprender la relación entre pensamiento negro, feminismo y crítica al colonialismo en América Latina.

Su producción continuó ampliándose en los años siguientes. En 2024 publicó Higher Education and Afrodescendants: Advances in Argentina During the Twenty-First Century, incluido en Black Lives Matter in Latin America, donde examinó los avances y desafíos del reconocimiento afrodescendiente en la educación superior argentina. En 2025 coordinó junto con Rosa Campoalegre Septien y Paulo Vinícius Baptista da Silva Perspectivas afrodiaspóricas en debate: etnoeducación, afrofeminismos y políticas públicas, publicado por CLACSO. El libro reunió discusiones que atravesaron toda su trayectoria: la educación como espacio de transformación, la necesidad de reconocer los conocimientos afrodiaspóricos y la importancia de formular políticas públicas capaces de enfrentar desigualdades históricas.

Entre sus investigaciones más recientes se encuentran Interseccionalidad y justicia epistémica en el currículo de educación superior en Argentina, Brasil y Colombia, publicado en 2025 junto con Arbey Bustamante Valdés y Glenda Cristina Valim de Melo, y Epistemologías afrodiaspóricas y perspectivas étnico-raciales: aportes a las políticas educativas en América Latina, también de 2025. Ambos trabajos profundizaron sus reflexiones sobre la relación entre producción de conocimiento, contenidos educativos y reconocimiento de poblaciones históricamente subordinadas.

En febrero de 2026 se publicó Raza y sus intersecciones en el diseño curricular de los profesorados de historia de la Provincia de Buenos Aires, uno de sus últimos artículos. Allí examinó la incorporación de perspectivas étnico-raciales e interseccionales en la formación de profesores de Historia bonaerenses. El estudio identificó avances en el reconocimiento de enfoques críticos y señaló desafíos pendientes para construir una formación docente capaz de abordar las desigualdades raciales desde una perspectiva integral.

La continuidad entre sus primeras investigaciones sobre los actos escolares y sus últimos trabajos sobre los profesorados de Historia resulta especialmente significativa. Durante más de quince años, Anny regresó a una pregunta fundamental desde distintas perspectivas: qué historia enseñamos, quiénes tienen autoridad para contarla y cuáles son las consecuencias de excluir determinadas experiencias del conocimiento considerado legítimo.

Aquelarre de Negras: una amistad escrita en dos ediciones

En junio de 2021, Anny escribió la introducción de Aquelarre de Negras: Unidas por la lucha, el poemario colectivo que tuve el honor de coordinar y editar. Su texto acompañó la primera edición y volvió a formar parte de la edición de 2026. Durante esos cinco años, sus palabras permanecieron unidas a las nuestras, acompañando el recorrido de una obra nacida de la necesidad de que las mujeres negras pudiéramos narrar nuestras experiencias, nuestros cuerpos y nuestras resistencias sin intermediarios. Anny no fue una presencia circunstancial en la historia del libro: su lectura crítica contribuyó a situarlo dentro de una tradición de pensamiento afrofeminista y anticolonial que reconocía en la literatura una forma legítima de producción de conocimiento.

En aquella introducción describió Aquelarre de Negras como una obra «rotundamente negra», recuperando la expresión de Shirley Campbell Barr, y examinó con sensibilidad y rigor las distintas voces que integraban el poemario. Encontró en sus páginas una afirmación de las identidades negras, una crítica a las estructuras racistas y patriarcales y una defensa de las formas de existencia que desafían los mandatos sociales. Su análisis recorrió las escrituras de Agatha Brooks, Alicia Méndez, Diana Tejada, Isabella Quiñonez, Karem Candelario, Laura Alcántara y Waquel Drullard, reconociendo en cada una una manera particular de confrontar la exclusión y recuperar la palabra.

Cuando llegó a mi escritura, Anny señaló que Melina Schweizer mostraba cómo el miedo y el silencio utilizados por el poder podían ser cuestionados mediante luchas capaces de recuperar su capacidad de acción histórica. Aquella interpretación me conmovió entonces y me conmueve todavía más hoy. No se trataba simplemente de que una académica reconocida hubiera escrito sobre mi trabajo, sino de que una mujer a la que admiraba profundamente había comprendido el sentido de aquello que intentaba expresar. Anny encontró en nuestras páginas una dignidad literaria e intelectual que muchas veces se les niega a las producciones de mujeres negras, y su generosidad consistió precisamente en reconocerla sin disminuir su profundidad política.

Su introducción, fechada en Buenos Aires en junio de 2021 y conservada en las ediciones de 2021 y 2026, es hoy una parte inseparable de la historia de Aquelarre de Negras: Unidas por la lucha. Cada vez que alguien abra ese libro encontrará también su pensamiento, su sensibilidad y su invitación a imaginar una existencia libre de los moldes que disciplinan nuestros cuerpos. Para mí, esas páginas conservan algo todavía más íntimo: la voz de una amiga y mentora que acompañó mi trabajo literario y cuya presencia seguirá habitando la obra mientras existan lectores dispuestos a encontrarse con ella.

La comunidad afrodescendiente argentina y una deuda que debe convertirse en compromiso

La muerte de Anny representa una pérdida de enorme importancia para la comunidad afrodescendiente de Argentina. Su trabajo contribuyó a construir un campo de investigación que cuestionó la invisibilización histórica de la población negra, amplió las discusiones sobre educación antirracista y fortaleció espacios de colaboración entre investigadores y organizaciones de distintos países. Su trayectoria demuestra que la producción intelectual afrodescendiente no constituye un complemento de la historia académica nacional, sino una parte necesaria de ella.

Esa contribución adquiere una dimensión particular en una sociedad donde las personas afrodescendientes todavía enfrentan dificultades para obtener reconocimiento institucional y donde las mujeres negras continúan teniendo una presencia limitada en numerosos espacios de investigación y decisión. Anny no solamente estudió esas desigualdades: construyó herramientas para comprenderlas, formó estudiantes, participó en redes internacionales y contribuyó a que las experiencias de las mujeres afroargentinas y afromigrantes fueran reconocidas como problemas legítimos de investigación científica.

En agosto de 2026 publicó El retroceso de derechos de los y las afrodescendientes ante el ascenso del conservadurismo y de la extrema derecha en Argentina, uno de sus últimos trabajos. Allí examinó el debilitamiento de políticas destinadas a la población afrodescendiente, las consecuencias de las medidas de ajuste y la reaparición de discursos que procuran reafirmar una identidad nacional construida sobre la blanquitud. El artículo constituye una advertencia sobre la fragilidad de los avances institucionales cuando no existen compromisos sociales y políticos capaces de sostenerlos. Su preocupación por el presente argentino demuestra que su trabajo nunca quedó encerrado en la reconstrucción histórica: continuó interrogando las transformaciones contemporáneas y sus consecuencias para las poblaciones racializadas.

La comunidad afrodescendiente argentina ha perdido a una referente intelectual, pero sería insuficiente reconocer esa pérdida mediante declaraciones de admiración que desaparezcan con el paso de los días. Si no queremos quedar en deuda con todo lo que Anny nos dio, debemos asumir la responsabilidad de preservar, estudiar y difundir su obra. Sus investigaciones merecen circular entre docentes, estudiantes, organizaciones sociales y responsables de políticas públicas. Sus libros deben formar parte de bibliotecas y programas universitarios; sus planteamientos sobre racismo epistémico, interseccionalidad y educación deben continuar alimentando debates y proyectos de transformación.

Esta responsabilidad no corresponde exclusivamente a las personas afrodescendientes. Es un compromiso de quienes nos reconocemos antirracistas, porque combatir el racismo exige también disputar los mecanismos mediante los cuales se construye el conocimiento y se reproduce la desigualdad. Preservar el legado de Anny significa sostener las preguntas que formuló, profundizar las investigaciones que abrió y trabajar para que las nuevas generaciones no tengan que enfrentar las mismas barreras que ella dedicó su vida a cuestionar.

La ausencia que queda entre nosotros

La muerte de Anny deja una herida que ninguna enumeración de sus logros académicos puede explicar. Detrás de la investigadora, de la profesora y de la intelectual que contribuyó a transformar los estudios afrodescendientes latinoamericanos había una mujer amada, una vida construida entre afectos, responsabilidades y proyectos compartidos. Su hija Lara, su esposo Mario y su hermana Lucía enfrentan hoy una pérdida devastadora, acompañados en el dolor por familiares, amistades, colegas, estudiantes y una comunidad afrodescendiente que reconoce la profundidad de su ausencia. A ellos quiero expresarles mi cariño y mi solidaridad, consciente de que ninguna palabra alcanza para reparar aquello que la muerte interrumpe.

Para quienes compartimos con Anny una amistad nacida del reconocimiento y de las luchas comunes, su partida deja también una forma particular de orfandad. Las mujeres negras migrantes sabemos cuánto significa encontrar a alguien que comprenda nuestras experiencias sin necesidad de traducirlas constantemente, que reconozca el valor de nuestro trabajo y que nos acompañe en la construcción de espacios donde históricamente hemos tenido que abrirnos camino. Anny fue para mí una de esas personas. La amé como se ama a una amiga cuya inteligencia ilumina, pero cuya humanidad consigue algo todavía más difícil: hacer que una se sienta comprendida.

Hoy pienso en Lara, en Mario y en Lucía, en la intimidad de una familia que deberá aprender a vivir con una ausencia imposible de reemplazar. Pienso también en las aulas donde Anny enseñó, en sus estudiantes, en las investigadoras que encontraron en su trabajo nuevas preguntas y en las mujeres negras que reconocieron en su trayectoria una posibilidad de futuro. Su muerte nos recuerda que detrás de cada contribución intelectual existe una vida concreta, hecha de afectos, esfuerzos y vínculos que no aparecen en los registros académicos. Por eso honrar su memoria exige conservar ambas dimensiones: la de la investigadora que cuestionó las estructuras del racismo y la de la mujer que fue profundamente amada.

No quiero convertir su partida en una enseñanza destinada a justificar el dolor. Ninguna obra, por extraordinaria que sea, compensa la ausencia de quien la escribió. Quisiera que Anny continuara aquí, investigando, enseñando, discutiendo y acompañando a las mujeres que encontraron en su pensamiento una manera de comprender sus propias historias. Quisiera que todavía hubiera tiempo para nuevas conversaciones, para libros que no llegaron a escribirse y para proyectos que ahora deberán encontrar otras manos capaces de continuarlos.

Sin embargo, hay una responsabilidad que su legado nos impone. Honrar a Anny significa leer sus investigaciones, incorporar sus preguntas a la formación docente, discutir sus propuestas sobre políticas educativas y reconocer el lugar de las mujeres negras en la producción intelectual latinoamericana. Significa impedir que sus contribuciones queden reducidas a una referencia ceremonial mientras permanecen intactas las desigualdades que dedicó su vida a estudiar. Su memoria merece algo más exigente que la admiración: merece continuidad.

Vuelvo entonces a aquella escena del 25 de Mayo, a los personajes negros que desaparecían de los actos escolares cuando terminaba la representación. Pienso en la niña que algún día abrirá un libro de Historia y encontrará allí a personas afrodescendientes reconocidas como protagonistas de la construcción nacional. Pienso en la futura profesora que aprenderá a cuestionar los silencios de los manuales y en la investigadora negra que podrá ocupar un espacio académico sin que su presencia sea considerada una excepción. En esas transformaciones posibles seguirá viviendo una parte del trabajo de Anny, porque las ideas que modifican nuestra comprensión del mundo no terminan necesariamente con la vida de quienes las formularon.

Y vuelvo también a Aquelarre de Negras, a la introducción que escribió en Buenos Aires en junio de 2021 y que hoy leo de una manera inevitablemente distinta. Sus palabras siguen allí, intactas, aunque la mujer que las escribió ya no pueda acompañarnos. Encuentro en ellas la inteligencia de la investigadora, la sensibilidad de la lectora y el afecto de mi amiga. Comprendo entonces que los libros conservan algo que la muerte no consigue arrebatar por completo: la posibilidad de volver a encontrarnos con el pensamiento de quienes amamos.

Querida Anny, quisiera que supieras cuánto significó tu presencia en mi vida. Que tu amistad y tu reconocimiento fueron importantes para mí de una manera que nunca podrá medirse mediante títulos, publicaciones o distinciones. Que tu partida me duele profundamente y que todavía me resulta difícil aceptar que deba escribir sobre vos en pasado.

No sé si existe una manera de despedirse de alguien a quien se ha amado sin sentir que las palabras llegan demasiado tarde. Tal vez por eso prefiero pensar que esta despedida no constituye un final, sino el comienzo de una responsabilidad: conservar tu memoria con la misma seriedad con la que vos defendiste la nuestra.

Gracias, Anny, por tu amistad, por tu generosidad intelectual y por haber reconocido en nuestras voces una dignidad que nunca debió ponerse en duda. Gracias por enseñarnos que la historia puede ser interrogada, que el conocimiento puede convertirse en libertad y que ninguna ausencia construida por el poder tiene derecho a convertirse en destino.

A Lara, Mario y Lucía, mi abrazo más profundo.

Descansá en paz, querida amiga.

Seguiré pronunciando tu nombre, leyendo tus palabras y defendiendo el lugar que conquistaste para el pensamiento de las mujeres negras. No permitir que tu obra se pierda será también una manera de seguir acompañándote.

Porque la historia que contribuiste a recuperar será, desde ahora, uno de los lugares donde permanezca tu memoria.

Melina Orquídea Alcántara Cornielle
Melina Schweizer
Escritora, periodista y fundadora de InfoNegro.com

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    Melina Schweizer

    Melina Schweizer es periodista, escritora, compositora y poeta dominicana naturalizada argentina, fundadora y editora de infonegro.com. Coeditó y coordinó la antología Aquelarre de Negras (2021), actualmente en su primera edición impresa, y en 2022 recibió una mención especial en los Premios Lola Mora por su trabajo periodístico en defensa de los derechos de las mujeres. Es autora de la novela El mundo de Laurita: el secreto del museo antártico (2026).

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