La multinacional comunicó el cierre de su fábrica de fertilizantes, inaugurada en 1968. Según el sindicato, la empresa anunció el envío de telegramas de despido, aunque todavía no se confirmó cuántas desvinculaciones fueron formalizadas. El cese de actividad amenaza a unos 200 trabajadores directos e indirectos.
La multinacional agroindustrial Bunge anunció el cierre de su planta de fertilizantes en Campana, provincia de Buenos Aires, una decisión que amenaza alrededor de 200 puestos de trabajo directos e indirectos y profundiza la crisis del corredor industrial de Zárate-Campana.
La noticia fue comunicada el lunes 26 de octubre, durante una parada programada de mantenimiento. Según el secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos de Zárate, Oscar Casco, los directivos informaron que la producción local de tiosulfato de amonio había dejado de ser competitiva frente a las importaciones desde China.
Despidos anunciados y empleos amenazados
Casco explicó que entre 80 y 90 trabajadores pertenecen al convenio colectivo del sector químico y otros 25 a 30 desempeñan tareas fuera de convenio. A ellos se suman empleados de mantenimiento, vigilancia, limpieza, comedor y servicios asociados.
La estimación sindical de 200 puestos afectados incluye a estos distintos grupos. No se trata de 200 despidos formalmente acreditados.
El dirigente denunció que la empresa retiró al personal de las instalaciones y anunció el envío de telegramas. Al momento de sus declaraciones, esas notificaciones todavía no habían llegado.
Por lo tanto, el cierre está anunciado y existe una comunicación empresarial sobre futuras desvinculaciones, pero permanece pendiente la confirmación del número de despidos efectivamente notificados.
La competencia de las importaciones y el futuro de la planta
Según la explicación empresarial transmitida por el sindicato, fabricar fertilizantes en Campana resulta más costoso que importar el producto desde China.
Los representantes gremiales vinculan esta situación con la apertura comercial, los costos de las materias primas y el precio de la energía. Sin información detallada sobre la estructura de costos de Bunge, no es posible determinar cuánto contribuyó cada factor al cierre.
La planta comenzó a operar en 1968 y atravesó distintas administraciones hasta su adquisición por Bunge Argentina en 2009. Su actividad requiere personal especializado y procesos industriales de alta complejidad.
Casco señaló que la formación de un operador puede demandar entre cuatro y cinco años, por lo que el eventual cierre definitivo también implicaría la pérdida de capacidades técnicas acumuladas.
El sindicato buscará frenar las desvinculaciones
La organización gremial anunció que solicitará una audiencia ante el Ministerio de Trabajo bonaerense para intentar revertir la decisión empresarial y preservar los puestos laborales.
La intervención provincial podría abrir una instancia de negociación, aunque todavía no se informó un acuerdo que garantice la continuidad de la fábrica.
La situación se suma a otros cierres y conflictos industriales registrados en Zárate-Campana, entre ellos los de Clariant, Archroma, Barcan Química y Cabot Argentina, que afectaron a trabajadores de la actividad química y petroquímica.
El cierre anunciado de Bunge representa una amenaza concreta para el empleo industrial de Campana. La magnitud definitiva de las desvinculaciones deberá establecerse a partir de las notificaciones formales y de la situación de los trabajadores contratados por empresas de servicios.


























