El Likud encabeza el escrutinio de las elecciones israelíes del 27 de octubre, aunque el bloque del primer ministro continúa por debajo de los 61 diputados necesarios para formar gobierno. El crecimiento de la representación árabe y las dificultades de la oposición para construir una mayoría abren una negociación decisiva en un país atravesado por la guerra y la confrontación con Irán.
Benjamin Netanyahu se encamina a conservar al Likud como la principal fuerza política de Israel, pero las elecciones legislativas del martes 27 de octubre no le garantizaron una mayoría para continuar gobernando. El primer ministro mantiene una ventaja sobre sus adversarios mientras el escrutinio revela un Parlamento fragmentado y un avance significativo de los partidos que representan principalmente a la población palestina con ciudadanía israelí.
Con el 76,8 % de las mesas contabilizadas durante la mañana del miércoles, la Comisión Electoral Central proyectaba 54 bancas para el bloque de Netanyahu, 47 para las fuerzas opositoras encabezadas por Gadi Eisenkot y 19 para los partidos árabes. La Knéset tiene 120 integrantes y exige reunir al menos 61 diputados para sostener un gobierno.
Las cifras todavía pueden modificarse con el recuento de los votos pendientes, incluidos los emitidos por militares y otros electores mediante sobres especiales. Sin embargo, el resultado parcial ya permite identificar el principal problema político: ninguna de las dos grandes alianzas dispone de una mayoría propia.
Una victoria electoral que no garantiza el poder
Netanyahu llegó a los comicios después de años de enfrentamientos militares, cuestionamientos a su conducción y profundas divisiones internas. Su campaña reivindicó las operaciones contra Irán y presentó la continuidad de su liderazgo como una garantía de seguridad.
El Likud consiguió mantenerse por delante de Yashar, el partido encabezado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor israelí. Sin embargo, la ventaja de Netanyahu no alcanza para asegurar la continuidad de su coalición con las fuerzas nacionalistas, religiosas y de extrema derecha.
En Israel, el partido más votado no recibe automáticamente el gobierno. La designación del primer ministro depende de su capacidad para construir una mayoría parlamentaria.
Durante su discurso ante los simpatizantes del Likud, Netanyahu reclamó la formación de un Ejecutivo de derecha y rechazó que el próximo gobierno dependa del respaldo de los partidos árabes.
Esa posición adquiere especial importancia ante el resultado de las urnas.
El avance de los partidos árabes modifica el escenario político
La Lista Conjunta y Ra’am, las principales fuerzas con representación árabe, registraron un crecimiento considerable respecto de las elecciones anteriores. Las proyecciones parciales les atribuyen 19 escaños, frente a los diez que reunían previamente.
La participación electoral en las comunidades palestinas de Israel también aumentó de manera significativa. Las primeras estimaciones la situaron alrededor del 80 %, un nivel que refleja una movilización política extraordinaria.
El resultado podría convertir a los diputados árabes en actores decisivos para la formación de un gobierno alternativo. No obstante, su participación enfrenta resistencias entre sectores de la oposición judía que durante la campaña descartaron acuerdos con esas fuerzas.
La contradicción es evidente: los votos árabes pueden resultar indispensables para desplazar a Netanyahu, pero parte de quienes pretenden reemplazarlo rechaza incorporarlos a una coalición.
Mansour Abbas, dirigente de Ra’am, cuenta con un antecedente relevante. Su partido participó en la coalición que puso fin temporalmente al gobierno de Netanyahu en 2021, demostrando que una alianza parlamentaria entre fuerzas judías y árabes es políticamente posible, aunque enfrenta fuertes resistencias.
El crecimiento de esta representación vuelve a colocar en el centro del debate la participación efectiva de los ciudadanos palestinos de Israel en las decisiones del Estado.

Mansour Abbas, dirigente de Ra’am, durante un acto electoral en Abu Gosh, Israel,
Eisenkot enfrenta el desafío de construir una mayoría
Gadi Eisenkot emerge como el principal adversario del primer ministro. El exjefe militar hizo campaña con críticas a la conducción política de Netanyahu y prometió recuperar la confianza en las instituciones.
Tras conocerse las primeras proyecciones, sostuvo que los electores habían expresado su deseo de cambio y anunció su intención de formar gobierno.
Pero la oposición tampoco reúne los votos necesarios por sí sola. Para alcanzar una mayoría deberá negociar con otras fuerzas parlamentarias, explorar acuerdos con los partidos árabes o conseguir el respaldo de sectores que hasta ahora acompañaron al oficialismo.
Las diferencias sobre seguridad, religión, derechos civiles y la cuestión palestina dificultan esas conversaciones.
Si ninguna fuerza consigue reunir los apoyos suficientes, Israel podría enfrentar un período prolongado de negociaciones e incluso nuevas elecciones.

Gadi Eisenkot, líder de Yashar, habla ante sus simpatizantes
La guerra contra Irán también se juega en la política israelí
El resultado electoral llega en un momento de especial tensión regional. Estados Unidos mantiene preparados planes para una eventual nueva ofensiva contra instalaciones militares, nucleares y energéticas iraníes, mientras el Gobierno israelí evalúa sus propias opciones militares.
Netanyahu defendió durante la campaña su política de confrontación con Teherán y, en su discurso posterior a las elecciones, prometió continuar actuando contra el Gobierno iraní.
Su eventual permanencia en el poder podría favorecer la continuidad de esa estrategia, aunque las decisiones militares dependerán también de Washington y de la evolución de la situación regional.
La cuestión palestina constituye otro desafío central. Las consecuencias humanitarias de la guerra en Gaza, la situación en Cisjordania y las perspectivas de una solución política continúan condicionando las relaciones de Israel con sus vecinos y con la comunidad internacional.
El nuevo Parlamento también deberá afrontar disputas internas sobre el servicio militar de los ultraortodoxos, la independencia judicial y las causas de corrupción que involucran a Netanyahu.
El futuro del gobierno dependerá de las alianzas
Cuando concluya el escrutinio, el presidente Isaac Herzog deberá consultar a las fuerzas parlamentarias y encargar la formación de gobierno al dirigente con mayores posibilidades de reunir los apoyos necesarios.
Netanyahu continuará al frente del Ejecutivo hasta que se constituya uno nuevo. Eisenkot, por su parte, deberá transformar el respaldo electoral de la oposición en una mayoría parlamentaria efectiva.
La representación árabe puede desempeñar un papel determinante, aunque su crecimiento no garantiza que las principales fuerzas acepten negociar con ella.
Las elecciones dejaron una paradoja política: Netanyahu conserva la iniciativa, pero no tiene asegurado el poder; sus adversarios pueden reunir apoyos suficientes para disputárselo, pero deberán superar sus propias divisiones. En ese escenario, los ciudadanos palestinos de Israel aumentaron su representación y colocaron a sus partidos en el centro de una negociación que puede definir el futuro del país.


























