Después de la histórica remontada brasileña, integrantes de la campaña de Lula da Silva recomiendan convertir las presidenciales argentinas en un plebiscito sobre Javier Milei. La estrategia incluye movilización juvenil, organización territorial y una fuerte presencia digital. Pero el peronismo enfrenta un problema que Brasil no puede resolverle: sus divisiones internas, el desgaste de su última gestión y la ausencia de un programa económico compartido para 2027.
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva abrió un intenso debate dentro del peronismo argentino. Apenas tres días después del triunfo brasileño, dirigentes cercanos a Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof comenzaron a estudiar qué elementos de aquella campaña podrían trasladarse a las elecciones presidenciales de 2027.
La recomendación más contundente llegó de un integrante del equipo electoral del Partido de los Trabajadores (PT), que participó también en la campaña argentina de 2023. Según publicó La Política Online el 27 de octubre, el asesor considera que la oposición debería convertir las próximas elecciones en un plebiscito sobre la gestión de Milei desde el comienzo de la campaña.
Su argumento parte de una interpretación del resultado brasileño: Lula logró revertir la derrota inicial cuando la discusión electoral dejó de concentrarse exclusivamente en su gobierno y comenzó a destacar los riesgos que sus adversarios atribuían al regreso del bolsonarismo.
Sin embargo, convertir una elección en un plebiscito no garantiza por sí mismo el resultado. Para determinar su eficacia es necesario analizar qué ocurrió en Brasil y cuáles son las diferencias con Argentina.
Brasil: la remontada que cambió la campaña
El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había ganado la primera vuelta con el 47,03% de los votos frente al 45,16% de Lula. Tres semanas después, el presidente brasileño consiguió revertir esa diferencia y alcanzó el 51,79%, equivalente a 64.256.232 sufragios.
Bolsonaro terminó con el 48,21% y 59.826.041 votos. La diferencia superó los 4,4 millones. Según el Tribunal Superior Electoral (TSE), la abstención descendió del 21,08% al 19,22%, un dato que evidencia la mayor participación registrada en el balotaje.
La movilización fue acompañada por una reorganización de la campaña. Lula modificó su comunicación, incorporó nuevos referentes y reforzó la presencia territorial. El diputado André Janones impulsó una red digital denominada Ejército de Lula, que, según Agência Brasil, reunió a más de diez millones de participantes en WhatsApp.
Paralelamente, movimientos sociales y organizaciones estudiantiles protagonizaron manifestaciones en diferentes ciudades. La campaña combinó herramientas digitales, participación callejera y capacidad de convocatoria territorial. Agência Brasil
La victoria brasileña, por lo tanto, no puede explicarse únicamente como un voto de rechazo. También fue resultado de una organización capaz de movilizar electores que inicialmente no habían acompañado al presidente.
El problema argentino: el rechazo a Milei no resuelve los errores del peronismo
La propuesta de convertir las presidenciales de 2027 en una evaluación del gobierno libertario puede entenderse como una estrategia de campaña. Pero enfrenta un obstáculo: el peronismo todavía arrastra las consecuencias de su experiencia gubernamental anterior.
La victoria de Milei en 2023 ocurrió después de una gestión marcada por alta inflación, deterioro de los ingresos y enfrentamientos dentro de la coalición oficialista. El resultado electoral también expresó el descontento de sectores sociales que tradicionalmente habían acompañado al justicialismo.
Esa historia no desaparece porque una campaña decida concentrarse en el Presidente.
Cristina Kirchner, Massa y Kicillof mantienen influencia sobre sectores diferentes del peronismo. El gobernador bonaerense desarrolla su propio espacio nacional, mientras el kirchnerismo conserva estructuras territoriales y el Frente Renovador sostiene vínculos con dirigentes provinciales.
Las diferencias no se limitan a las candidaturas. También involucran el liderazgo, las alianzas y la orientación económica de una eventual administración.
Desde una perspectiva política, la crítica central es que una oposición no puede depender exclusivamente de las dificultades de quien gobierna. También necesita demostrar capacidad para administrar los problemas que cuestiona.
En Argentina, esa discusión debería incluir inflación, salarios, jubilaciones, deuda pública, desarrollo industrial, financiamiento universitario y sostenibilidad de las cuentas estatales.
Kicillof y el desafío de construir una propuesta nacional
El gobernador bonaerense aparece como uno de los dirigentes más interesados en extraer enseñanzas de la remontada brasileña.
Su lectura del triunfo de Lula destaca la importancia de comunicarse con sectores sociales que no reciben adecuadamente las propuestas políticas y de mantener la movilización aun cuando las condiciones electorales parecen adversas.
Esa interpretación resulta pertinente para un dirigente que busca proyectarse desde la provincia de Buenos Aires hacia el escenario nacional.
Pero Kicillof también necesita ampliar su representación más allá de los sectores que ya respaldan su gestión. La estructura bonaerense aporta organización, intendencias y presencia territorial; no asegura automáticamente adhesiones en Córdoba, Santa Fe, Mendoza y otras provincias con tradiciones electorales diferentes.
Además, el gobernador enfrenta la necesidad de explicar qué elementos de su gestión provincial podrían aplicarse a escala nacional y cómo financiaría sus propuestas.
La experiencia de Lula muestra que un liderazgo puede ampliar su electorado. No demuestra que esa ampliación ocurra simplemente por reproducir una estrategia comunicacional.
Los jóvenes, las redes y una disputa que excede los algoritmos
Uno de los aspectos más relevantes del caso brasileño fue la participación juvenil.
Los estrategas del PT destacaron la relación entre movilización callejera y comunicación digital. También advirtieron sobre la influencia de las grandes plataformas tecnológicas en la circulación de mensajes políticos.
El debate sobre los algoritmos, la desinformación y la concentración empresarial de las redes sociales merece atención. Sin embargo, no todo contenido favorable a un candidato demuestra una intervención deliberada de las plataformas, ni una campaña digital numerosa asegura por sí sola una victoria electoral.
Las tecnologías permiten amplificar mensajes, pero su eficacia depende de la credibilidad de quienes los emiten y de la relación que mantienen con la sociedad.
Para el peronismo, esto plantea una cuestión concreta: cómo recuperar vínculos con los jóvenes que se alejaron de sus organizaciones, sin reducirlos a destinatarios de publicidad electoral.
Las universidades, los sindicatos, los movimientos sociales y las organizaciones barriales siguen siendo espacios relevantes de participación. Pero también necesitan renovar sus prácticas para representar a nuevas generaciones atravesadas por problemas de empleo, vivienda y perspectivas de futuro.
¿Plebiscito contra Milei o discusión sobre dos modelos de país?
La propuesta de los asesores brasileños contiene una tensión que el peronismo deberá resolver.
Si concentra toda su campaña en Milei, corre el riesgo de dejar en segundo plano sus propias propuestas. Si evita discutir los resultados de la gestión libertaria, podría desaprovechar una dimensión relevante de la elección.
La salida analítica no consiste en escoger mecánicamente una de esas opciones. Una elección presidencial permite evaluar simultáneamente al gobierno y a quienes pretenden reemplazarlo.
El oficialismo tendrá que responder por sus decisiones económicas, sociales e institucionales. La oposición, por su parte, deberá explicar qué haría diferente, con qué recursos y mediante qué acuerdos políticos.
La lección brasileña exige, además, una lectura cuidadosa de los resultados. Lula era un presidente en ejercicio, con una trayectoria nacional de décadas y una organización partidaria consolidada. El peronismo argentino llega a 2027 desde la oposición y con disputas pendientes sobre su conducción.
Son condiciones históricas distintas.
La oposición necesita algo más que una fórmula electoral
La victoria de Lula demostró que una campaña puede cambiar de rumbo, ampliar su base de apoyo y revertir una desventaja significativa. También mostró la importancia de la organización territorial, la participación juvenil y la capacidad de comunicar un proyecto político.
Para el peronismo argentino, el desafío no consiste en copiar la campaña brasileña, sino en comprender las condiciones que hicieron posible aquella remontada.
Eso exige resolver diferencias internas, revisar críticamente sus gobiernos anteriores y construir propuestas económicas y sociales verificables.
Convertir las elecciones de 2027 en un plebiscito sobre Milei puede ser una estrategia de campaña. Convertirse en una alternativa de gobierno requiere bastante más.
La experiencia brasileña enseña que una elección no está definida hasta que la ciudadanía vota. Pero también recuerda que las victorias se construyen mediante decisiones políticas, organización y credibilidad.
Lula consiguió reunir esos elementos en tres semanas decisivas. El peronismo argentino tiene todavía un año para demostrar si puede resolver sus propias contradicciones.
Porque una oposición puede encontrar votos en el descontento. Lo que debe demostrar es que también tiene respuestas para quienes esperan un futuro diferente.


























