El Pentágono dispone de fuerzas suficientes para iniciar una operación militar de gran escala dentro de las 96 horas posteriores a una orden de Donald Trump, según una investigación de CNN. Los planes incluyen infraestructura energética, instalaciones militares y sitios nucleares. Israel evalúa nuevas operaciones, mientras Irán prepara represalias y tres países intentan reactivar las negociaciones para impedir otra escalada regional.
Estados Unidos tiene preparados planes para lanzar una nueva ofensiva militar de gran escala contra Irán. Según una investigación de CNN publicada el 26 de octubre, el Pentágono dispone de fuerzas suficientes en Oriente Medio para iniciar operaciones dentro de las 96 horas posteriores a una eventual autorización del presidente Donald Trump.
Dos funcionarios estadounidenses consultados por la cadena confirmaron que los preparativos superan el alcance de los ataques limitados realizados durante los últimos meses contra radares, lanzadores de misiles y otras instalaciones militares iraníes.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) y el Pentágono elaboraron una lista de posibles objetivos que incluye infraestructura energética, instalaciones militares y emplazamientos nucleares. Trump todavía no comunicó una decisión definitiva, aunque funcionarios familiarizados con la planificación consideran que una nueva ofensiva podría producirse después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
La infraestructura energética iraní, entre los posibles blancos
La inclusión de instalaciones energéticas entre los objetivos contemplados constituye uno de los aspectos más graves de los preparativos militares.
Irán ya sufrió ataques contra su infraestructura durante la guerra iniciada en febrero. Una nueva campaña de bombardeos podría agravar los daños sobre el sistema eléctrico, el abastecimiento de combustibles y otros servicios indispensables para la población.
Las consecuencias humanitarias dependerían de las instalaciones alcanzadas. La interrupción del suministro eléctrico puede afectar hospitales, plantas de tratamiento de agua, comunicaciones y sistemas de distribución de alimentos.
El derecho internacional humanitario obliga a distinguir entre objetivos militares y bienes civiles. Las instalaciones energéticas no pueden ser atacadas indiscriminadamente: cualquier operación debe cumplir las exigencias de necesidad militar, proporcionalidad y precaución para proteger a la población.
Los riesgos también alcanzan a las instalaciones nucleares, donde determinados ataques podrían provocar contaminación y daños ambientales. Hasta el momento no se conoce públicamente una lista definitiva de objetivos ni existe confirmación de una orden presidencial para iniciar los bombardeos.
Israel evalúa nuevos ataques y Washington busca coordinar sus movimientos
La investigación de CNN señala que el Gobierno de Benjamin Netanyahu había considerado reanudar los ataques contra Irán y buscaba respaldo estadounidense.
Según fuentes consultadas por la cadena, funcionarios de Washington pidieron a Israel que postergara una operación inmediata ante la posibilidad de desarrollar acciones conjuntas después de las elecciones estadounidenses.
Sin embargo, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, rechazó públicamente esa información. La coordinación de una nueva ofensiva aparece, por lo tanto, en los reportes de inteligencia y las declaraciones de fuentes estadounidenses, pero no constituye un acuerdo militar reconocido oficialmente por ambos gobiernos.
La presión israelí se produce mientras persisten las tensiones sobre el programa nuclear iraní y las capacidades militares de Teherán, dos cuestiones que Washington y Tel Aviv consideran centrales para su seguridad regional.

Infografía del despliegue de grupos de portaaviones estadounidenses en Oriente Medio, difundida en abril de 2026
Irán advierte sobre represalias contra bases e infraestructura estratégica
Teherán prepara una respuesta más amplia ante una eventual reanudación de los bombardeos estadounidenses e israelíes.
Reuters informó el 1 de octubre que altos funcionarios iraníes examinaban posibles ataques contra instalaciones vinculadas con Estados Unidos y países que facilitaran operaciones militares contra territorio iraní.
El 23 de octubre, dos responsables de seguridad iraníes revelaron a la agencia que también existían planes para atacar cables submarinos de telecomunicaciones en el Golfo si se reanudaban las hostilidades.
Estas amenazas podrían comprometer las comunicaciones, las transacciones financieras y los servicios digitales de varios países de Oriente Medio.
El estrecho de Ormuz constituye otro punto crítico. La guerra ya redujo significativamente el tránsito petrolero por esa vía marítima, fundamental para el abastecimiento energético internacional.
Arabia Saudita, Turquía y Pakistán impulsan negociaciones
En medio de los preparativos militares, representantes de Arabia Saudita, Turquía y Pakistán mantuvieron conversaciones con funcionarios iraníes en Teherán para explorar alternativas diplomáticas.
Según Reuters, las partes acordaron continuar los contactos sobre paz y seguridad regional, aunque persisten diferencias profundas entre Washington y Teherán.
La incertidumbre también repercute sobre los mercados. Este martes 27 de octubre, el petróleo Brent cotizaba alrededor de 116 dólares por barril, mientras los flujos de crudo por Ormuz permanecían cerca del 60 % de sus niveles habituales.
Las restricciones al comercio marítimo y los ataques contra instalaciones energéticas ya tienen consecuencias económicas que trascienden Oriente Medio.

Una decisión de Trump podría ampliar una guerra que ya golpea a la población civil
La nueva ofensiva que prepara el Pentágono no iniciaría un conflicto desde cero. La guerra desarrollada durante 2026 ya provocó ataques sobre instalaciones estratégicas, interrupciones comerciales y graves consecuencias económicas y humanitarias.
Una campaña militar de mayor alcance podría extender las hostilidades hacia países que albergan bases estadounidenses, instalaciones petroleras o infraestructura utilizada por las fuerzas enfrentadas.
El riesgo más inmediato para la población iraní reside en la posibilidad de nuevos daños a los servicios esenciales, especialmente electricidad, agua potable y atención sanitaria.
La decisión de lanzar otra ofensiva permanece en manos de Trump. Mientras tanto, las fuerzas estadounidenses mantienen su capacidad operativa, Israel considera nuevas acciones e Irán advierte que responderá.
La amenaza no se limita a una confrontación entre ejércitos. Los objetivos contemplados por Washington incluyen instalaciones de las que depende la vida cotidiana de millones de personas. Una nueva ofensiva podría profundizar la crisis humanitaria iraní y extender las consecuencias de la guerra a toda la región.


























