El presidente de Estados Unidos criticó públicamente a Netanyahu por los bombardeos en Líbano y amenazó con reanudar ataques si Irán no «se porta bien». Mientras tanto, Teherán advierte que la guerra en Líbano es parte «inseparable» del memorándum de entendimiento.
El derecho internacional es una construcción maravillosa, llena de principios, tratados y buenas intenciones. Pero en Medio Oriente, como en tantos otros lugares, los principios suelen ser el primer sacrificio en el altar de la geopolítica. El anuncio del memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán prometía el fin de las hostilidades en toda la región, incluido Líbano. Horas después, Israel lanzó sobre el sur de Líbano una andanada de ataques aéreos y bombardeos de artillería que dejaron al menos cuatro muertos y varios heridos en el distrito de Nabatieh . Mientras los equipos de rescate libaneses recuperaban cuerpos entre los escombros, la Casa Blanca se limitó a constatar que la «paz» era un papel mojado.
Lo que este episodio revela, una vez más, es la fragilidad del orden internacional basado en la buena fe de los actores estatales. Pero hay algo nuevo: esta vez, la grieta no es solo entre Teherán y Washington, sino entre Washington y su principal aliado en la región. Donald Trump, en una inusual muestra de descontento público, criticó a Benjamin Netanyahu durante las reuniones bilaterales del G7 en Francia, exigiéndole que sea «más responsable con respecto al Líbano» . El presidente estadounidense fue más allá y declaró que Israel ha estado combatiendo a Hezbolá durante «demasiado tiempo» y que «demasiadas personas están siendo asesinadas» . En un comentario que encendió todas las alarmas diplomáticas, Trump sugirió que Siria «podría hacer un mejor trabajo» en el manejo de Hezbolá . Un analista del Cato Institute, Doug Bandow, advirtió que el acuerdo podría desmoronarse si Trump no ejerce «presión real» sobre Israel para detener los ataques en Líbano, y que sin esa presión, todo podría reducirse a «teatro» que los iraníes no encontrarán satisfactorio .
La posición de Estados Unidos en este escenario es, como mínimo, esquizofrénica. Por un lado, Trump firma un acuerdo con Irán y advierte a Teherán que «se porte bien» si no quiere que se reanuden los ataques. Por otro, permite que su principal aliado en la región, Israel, bombardee un país que el propio memorándum debía proteger, aunque ahora se queja de que Netanyahu exageró. El gobierno de Netanyahu, por su parte, ha dejado claro que las fuerzas israelíes permanecerán en las «zonas de seguridad» bajo su control en Líbano, Siria y Gaza «durante el tiempo que considere necesario» .
Desde la perspectiva del derecho internacional, el comunicado del Cuartel General Central de Irán es demoledor: documenta 84 violaciones del alto el fuego por parte de Israel en el sur del Líbano desde el anuncio del memorándum . Ochenta y cuatro. No es una exageración retórica, es un número que los equipos de monitoreo de Naciones Unidas podrían verificar. El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, ha sido claro en sus advertencias: el fin de la guerra en Líbano es una parte «inseparable» del acuerdo de paz, y el conflicto no habrá terminado mientras las fuerzas israelíes no se retiren de los territorios ocupados . En una conversación telefónica con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, Araghchi enfatizó que los ataques israelíes «deben cesar por completo» y subrayó la responsabilidad de Estados Unidos en garantizar el cumplimiento del memorándum . Rusia, por su parte, expresó su pleno apoyo a la implementación del acuerdo .
El memorándum que se firmará el viernes en Suiza incluye, según el borrador publicado por Bloomberg, un plan de inversión de 300.000 millones de dólares para Irán. Pero la comunidad internacional negocia chequeras mientras los civiles libaneses pagan el precio de una guerra que nadie parece dispuesto a detener. Más de un millón de personas desplazadas, miles de muertos y un Estado libanés que asiste impotente a la violación sistemática de su soberanía . El G7, reunido en Francia, exigió un alto el fuego en Líbano y celebró el acuerdo, pero no anunció ninguna medida concreta para detener los bombardeos .
El derecho internacional no es un menú donde cada actor elige los platos que le convienen. Pero eso es exactamente lo que ocurre cuando una potencia como Estados Unidos firma un acuerdo de paz mientras su aliado bombardea el país vecino con impunidad y luego lo critica en público sin tomar medidas concretas. La pregunta que deja este episodio es sencilla: ¿alguien cree realmente que la paz en Medio Oriente puede construirse sobre la base de la exclusión de Líbano y la indiferencia del G7? Porque si la respuesta es afirmativa, entonces el derecho internacional no es más que un relato que nos contamos para sentirnos mejor mientras el mundo arde.


























