Washington se impuso una ventana de negociación que termina el 17 de agosto, pero Teherán ya marcó sus condiciones y la violencia en Líbano amenaza con dinamitar el proceso. El fin de semana se esperan nuevas conversaciones y un posible acuerdo sobre el programa nuclear.
Washington se fijó un plazo de 60 días para alcanzar un acuerdo permanente con Irán, pero las primeras dificultades ya asoman. El memorándum de entendimiento firmado el miércoles en Francia por Donald Trump dio inicio a un período de negociaciones que comenzó este viernes y se extenderá hasta el 17 de agosto, según confirmó el vicepresidente estadounidense, JD Vance, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Sin embargo, Teherán ya advirtió sobre sus «líneas rojas» y la violencia en Líbano amenaza con dinamitar el proceso.
Las «líneas rojas» de Teherán y la presión del G7
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue contundente: «Como hemos demostrado en el pasado curso de negociaciones, nos mantenemos firmes en el cumplimiento de las condiciones y las líneas rojas establecidas, así como en la defensa de los intereses de la nación iraní» . La declaración, publicada por la agencia oficial IRNA, dejó claro que Irán no cederá en puntos clave sin garantías concretas.
Mientras tanto, el líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, aprobó el memorándum aunque con reservas. Según informó Swissinfo, Jamenei aseguró que en el futuro se celebrarán «negociaciones cara a cara» con Estados Unidos, pero que eso no «significa aceptar el punto de vista del enemigo» . La presión diplomática también llegó desde el G7, que en su reunión en Francia instó a ambas partes a «dar los próximos pasos de forma rápida y constructiva» para alcanzar un acuerdo integral sobre el programa nuclear iraní.
El foco de violencia en Líbano
Las negociaciones se vieron ensombrecidas por la escalada de violencia en el sur del Líbano. Según el Ministerio de Sanidad libanés, al menos 18 personas murieron y otras 33 resultaron heridas en una serie de ataques aéreos israelíes contra zonas residenciales, aunque la agencia Xinhua, citando a NNA, elevó la cifra a 21 muertos y 70 heridos . Los bombardeos se dirigieron contra localidades como Harouf, Sharqieh y Kfar Sir, mientras que Nabatieh y sus alrededores vivieron una de las noches más intensas en meses .
El ejército israelí, por su parte, confirmó la muerte de cuatro soldados en el sur del Líbano tras el impacto de un objeto aéreo contra su tanque. La cadena estatal israelí Kan TV News informó que el incidente ocurrió en la zona de Kfar Tebnit y que las FDI investigan si fue un dron explosivo de Hezbolá. Más tarde, un dron explosivo del grupo chiita hirió de gravedad a un oficial israelí y causó heridas leves a otros cuatro soldados.
Sobre el cese al fuego y las declaraciones de los líderes
Según informó el Canal 12 israelí citando a un funcionario, Israel y Hezbolá alcanzaron un cese al fuego, aunque el funcionario advirtió que Israel permanecerá en la «zona de seguridad» en el sur de Líbano. Un legislador de Hezbolá afirmó que el grupo respetará el cese al fuego si Israel también lo hace. Hasta el momento de esta publicación, no hay confirmación oficial de las partes sobre la vigencia de este acuerdo.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró que su país «hará pagar un precio muy alto» a Hezbolá . El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, publicó en sus redes: «Si no hay una decisión clara de guerra que incluya la conquista de todo el sur del Líbano y la creación de una zona de seguridad desde el río Litani, la guerra continuará» . El canciller iraní, Abbas Araghchi, acusó a Israel de querer «la guerra permanente» .
El costo político para Vance
El vicepresidente JD Vance, que había cancelado su viaje a Suiza para las negociaciones, se convirtió en el principal impulsor del acuerdo y también en su principal blanco de críticas. Según reportó Axios, Trump habría comentado en privado: «Si funciona, me atribuiré el mérito. Si no funciona, culparé a J.D.» .
Legisladores republicanos calificaron el acuerdo como «el peor error de política exterior en décadas». El senador Bill Cassidy, de Louisiana, escribió en su cuenta de X: «Reagan se estará revolviendo en su tumba» . El presidente de la Comisión de Servicios Armados del Senado, Roger Wicker, afirmó que el fondo de 300.000 millones de dólares para Irán hace que el pago del acuerdo de 2015 «pareciera una miseria en comparación» .
El estrecho de Ormuz y la economía global
A pesar de las tensiones, el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz comenzó a normalizarse. Según datos de la plataforma AXSMarine, 25 navíos comerciales atravesaron el estrecho el jueves, un volumen inédito desde mediados de abril y cinco veces superior a la media de los diez primeros días de junio . Irán, según reportes de la agencia Tasnim, habría establecido un requisito de notificación previa de 48 horas para los barcos que deseen pasar, aunque la medida no fue confirmada oficialmente por las autoridades portuarias .
Los precios del petróleo, que habían caído tras el anuncio del acuerdo, se estabilizaron con el Brent rondando los 80 dólares el barril. La reapertura del estrecho alivia la presión sobre la economía global, afectada por el aumento de los precios del combustible y los fertilizantes con especial impacto en África.
La fragilidad del proceso
El proceso de paz enfrenta obstáculos estructurales que no son fáciles de resolver. Las «líneas rojas» de Irán, la violencia en Líbano, la oposición interna en Estados Unidos y la desconfianza mutua entre las partes son factores que pueden dinamitar cualquier avance. La pregunta que queda flotando es si el plazo de 60 días será suficiente para alcanzar un acuerdo definitivo, o si el proceso se estrellará contra la realidad de una región donde las treguas son frágiles y la desconfianza es la moneda corriente.
Por ahora, el estrecho de Ormuz vuelve a fluir. Los barcos encienden motores. Y el mundo respira, aunque sea por unos días. Pero las «líneas rojas» de Teherán y los bombardeos en Líbano recuerdan que la paz en Medio Oriente sigue siendo un objetivo esquivo, sujeto a la voluntad de actores que no siempre comparten la misma agenda.


























