Washington y Teherán cerraron en Bürgenstock la primera ronda de conversaciones de alto nivel con avances concretos y un cronograma de 60 días para alcanzar un acuerdo permanente. Sin embargo, la continuidad de los combates en el sur de Líbano, el anuncio iraní del cierre del estrecho de Ormuz y las advertencias de Donald Trump mantienen al proceso en una situación de extrema fragilidad.
La diplomacia logró ganar tiempo, pero no detener los disparos. Estados Unidos e Irán concluyeron este lunes en el complejo de Bürgenstock, cerca del lago de Lucerna, la primera ronda de conversaciones de alto nivel con un balance que los mediadores calificaron como «alentador» . Qatar y Pakistán, encargados de facilitar el diálogo, anunciaron la creación de una «célula de desescalada» destinada a coordinar información y reducir el riesgo de una ampliación del conflicto en Líbano.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, quien encabezó la delegación junto al enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, declaró que Irán tiene la oportunidad de «pasar página» y que las conversaciones permitieron construir una base para un eventual acuerdo permanente. «¿Podemos comenzar un nuevo capítulo?», se preguntó Vance al inicio de las negociaciones .
Según la delegación estadounidense, uno de los avances más significativos fue el entendimiento preliminar para permitir nuevamente la supervisión internacional de determinadas instalaciones nucleares iraníes . Teherán, sin embargo, evitó confirmar públicamente los alcances de ese compromiso. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmail Baghaei, declaró antes de las conversaciones que «la implementación de cualquier documento es más importante que su firma», reflejando la profunda desconfianza iraní hacia un Washington que abandonó unilateralmente el acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) durante el primer mandato de Trump.
El frente libanés: un alto el fuego que no cesa
La principal dificultad continúa siendo el frente libanés. Aunque Israel y Hezbolá no participan directamente de las negociaciones, el sur del Líbano se convirtió en el factor central de la discusión. Teherán advirtió que no avanzaría en las conversaciones si no se cumplía el primer punto del memorándum firmado el jueves, que establece la «terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes», incluido Líbano.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, insistió en que resulta imposible alcanzar un acuerdo duradero mientras continúen los bombardeos y las operaciones militares israelíes en el sur del Líbano. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha prometido mantener fuerzas en la zona de seguridad hasta que se elimine cualquier amenaza para Israel, lo que añade una capa de incertidumbre al proceso. Hezbolá, respaldado por Irán, se ha negado a detener sus ataques a menos que Israel se comprometa a retirarse completamente del sur del Líbano.
Ormuz: la disputa por el paso marítimo
El estrecho de Ormuz sigue siendo otro de los principales focos de preocupación internacional. Horas antes del inicio de las conversaciones, el comando militar conjunto de Irán anunció que había cerrado nuevamente el estrecho en respuesta a los continuos bombardeos israelíes en Líbano, que Teherán considera una violación del espíritu del acuerdo .
El gobierno de Estados Unidos rechazó el anuncio iraní. El vicepresidente Vance declaró que no existe evidencia de que Irán esté cerrando el estrecho de Ormuz, aunque admitió que «va a tomar algún tiempo limpiar esas minas» . Según el Pentágono, 55 buques mercantes transitaron el sábado con más de 17 millones de barriles de petróleo.
El memorándum interino establece que los buques comerciales pueden pasar por el estrecho sin cargo durante los 60 días de negociación, pero no excluye futuras tarifas impuestas por Irán. Donald Trump, por su parte, amenazó con imponer peajes estadounidenses en el estrecho si no se alcanza un acuerdo definitivo en el plazo establecido.
El programa nuclear y la desconfianza iraní
El núcleo del conflicto sigue siendo el programa nuclear iraní. El acuerdo interino contempla un plazo de 60 días para alcanzar un entendimiento más amplio que incluya controles, mecanismos de verificación y alivio gradual de sanciones. El desafío es enorme: el JCPOA requirió años de negociaciones y terminó colapsando cuando Trump abandonó unilateralmente el pacto en 2018, a pesar de que la Agencia Internacional de Energía Atómica confirmaba el cumplimiento iraní. Esa experiencia explica gran parte de la desconfianza que hoy domina la posición iraní.
Según analistas internacionales, Irán ha emergido de la guerra con una posición de negociación más fuerte que en 2015, y sus líderes han aprendido que pueden sobrevivir a lo peor que Washington pueda lanzarles. Teherán insiste en que cualquier acuerdo deberá reconocer su capacidad de desarrollar energía nuclear con fines civiles y que no aceptará discutir su programa de misiles ni su red de aliados regionales.
Como incentivo inmediato, el acuerdo interino permite a Irán vender petróleo con exenciones de sanciones que cubren servicios bancarios, de transporte y de seguros, según información del Wall Street Journal. Esta concesión, sumada al desbloqueo de activos congelados, ofrece a Teherán un incentivo financiero temprano para avanzar en el proceso.
La dinámica de las conversaciones
El desarrollo de las negociaciones ha sido tortuoso. Las conversaciones programadas para el viernes 19 de junio fueron canceladas después de que Irán retrasara el envío de su delegación en protesta por los ataques israelíes en Líbano. La Casa Blanca atribuyó la cancelación a «dificultades logísticas» .
El sábado 20 de junio, Vance retomó el viaje y las delegaciones se reunieron en el resort de Bürgenstock . La primera ronda de conversaciones de alto nivel se extendió por 18 horas y concluyó con un comunicado conjunto emitido por los mediadores Qatar y Pakistán, en el que se destaca el «progreso alentador» y la creación de un mecanismo para futuras conversaciones técnicas .
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y el jefe del ejército paquistaní, el mariscal de campo Syed Asim Munir, viajaron a Suiza para participar en las negociaciones, junto con una delegación de Qatar. Las conversaciones técnicas continuarán durante el resto de la semana en Bürgenstock, según confirmaron los mediadores .
Conclusión: un proceso frágil y lleno de obstáculos
El proceso de paz enfrenta obstáculos estructurales que no son fáciles de resolver. Las «líneas rojas» de Irán, la violencia en Líbano, la oposición interna en Estados Unidos y la desconfianza mutua entre las partes son factores que pueden dinamitar cualquier avance.
El memorándum «es mucho y es poco. Mucho, porque detiene la contienda y devuelve oxígeno al orden internacional. Poco, porque asuntos capitales quedan al margen: fuerzas convencionales y franquicias esenciales en el equilibrio regional». La pregunta que queda flotando es si estos 60 días serán suficientes para transformar una tregua precaria en un acuerdo duradero, o si la historia del JCPOA se repetirá, con un pacto que termina colapsando por la presión de los actores regionales y la falta de confianza mutua.
Por ahora, la diplomacia consiguió algo que hace apenas unos días parecía improbable: mantener abierto el canal de diálogo. Pero cada explosión en Líbano tiene el potencial de hacer saltar por los aires una negociación que apenas acaba de comenzar.


























