Durante un foro empresarial en Madrid, el Presidente calificó de corruptos al Grupo Clarín y a sus periodistas, y lo acusó de haber participado en la caída del gobierno de Fernando de la Rúa para beneficiarse con la pesificación de 2002. La ofensiva revive el debate sobre los privilegios económicos de los grandes medios, mientras expone las tensiones entre el Gobierno y uno de los conglomerados más poderosos del país.
Javier Milei aprovechó su participación en el Nueva Economía Fórum de Madrid, el miércoles 21 de octubre, para lanzar uno de sus ataques más duros contra el Grupo Clarín. La confrontación comenzó cuando el moderador intentó trasladarle una pregunta de una periodista del diario sobre las repercusiones políticas de su visita a España.
Antes de escucharla completa, el Presidente descalificó al medio y acusó a sus integrantes de corrupción y mentiras. Luego sostuvo que el conglomerado había conspirado con dirigentes políticos para provocar la caída de Fernando de la Rúa y conseguir que el Estado licuara sus deudas.
La acusación presidencial fue reproducida incluso por el propio Clarín, cuya corresponsal confirmó que Milei interrumpió la pregunta y evitó responder sobre el motivo original de la consulta.
De la pesificación de 2002 a la guerra por los medios
Milei recuperó una discusión que atravesó la crisis argentina de 2001 y 2002: los beneficios que determinadas empresas endeudadas en dólares obtuvieron mediante las políticas de pesificación y reestructuración de obligaciones.
También aludió a la Ley 25.750 de Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales, sancionada en 2003, que estableció restricciones para la participación extranjera en empresas de medios y mecanismos específicos de protección frente a sus acreedores.
Aquellas normas tuvieron consecuencias sobre los grupos de comunicación que atravesaban dificultades financieras, incluido Clarín.
Pero una cosa es identificar los beneficios económicos derivados de decisiones estatales y otra demostrar que el conglomerado haya organizado la caída de De la Rúa. Esta última afirmación forma parte de la acusación política formulada por Milei.
Resulta llamativo que el Presidente recupere argumentos que también estuvieron presentes en la confrontación entre el kirchnerismo y Clarín, especialmente durante el debate sobre la concentración mediática.
Starlink, Telecom y los negocios detrás del enfrentamiento
El Presidente también atribuyó la hostilidad de Clarín a su decisión de permitir el ingreso de Starlink, la empresa de internet satelital de Elon Musk. Según Milei, la apertura terminó con un negocio protegido del conglomerado.
Pero su propia administración permitió avanzar con una operación comercial de enorme importancia para el grupo: la adquisición de Telefónica Argentina por parte de Telecom.
El 18 de junio de 2026, la Autoridad Nacional de la Competencia autorizó la operación bajo condiciones que obligan a desprenderse de activos y clientes para evitar una concentración excesiva del mercado. La decisión fue presentada oficialmente como una medida para preservar la competencia.
La contradicción política es evidente: mientras Milei acusa públicamente al grupo de haberse beneficiado de privilegios estatales, su Gobierno habilitó, con restricciones, una de las operaciones empresariales más importantes del sector de telecomunicaciones.
¿Ruptura definitiva o nueva disputa de poder?
La ofensiva presidencial también coincide con versiones sobre el posicionamiento de grandes empresarios frente a las elecciones de 2027.
En círculos políticos circulan especulaciones sobre un eventual respaldo de sectores empresariales y mediáticos a Patricia Bullrich, cuya proyección presidencial podría alterar los equilibrios dentro del oficialismo.
Esa lectura incorpora una dimensión electoral a una disputa que también tiene intereses comerciales concretos.
El enfrentamiento entre Milei y Clarín no es solamente una discusión sobre periodistas o noticias desfavorables. Involucra el peso de los grandes medios en la política argentina, la regulación de las telecomunicaciones y las relaciones entre el Estado y los grupos económicos.
Milei volvió a poner sobre la mesa los privilegios empresariales que acompañaron la crisis de 2001. Pero su propio Gobierno deberá explicar cómo compatibiliza esas acusaciones con las decisiones regulatorias que benefician o condicionan los negocios actuales del conglomerado.
La confrontación dejó una imagen singular: un presidente que llegó al poder enfrentando al kirchnerismo terminó utilizando contra Clarín parte de los argumentos históricos de sus adversarios.
Y lo hizo desde Madrid, ante empresarios extranjeros, cuando lo que tenía delante era una pregunta periodística.



























