El Senado brasileño comenzó a discutir la reforma constitucional que propone reemplazar la jornada de seis días de trabajo y uno de descanso por una semana de 40 horas, con dos días libres y sin reducción salarial. La iniciativa, aprobada en Diputados por 461 votos contra 19, podría llegar a votarse antes del balotaje del 25 de octubre, mientras Lula y Flávio Bolsonaro defienden modelos laborales diferentes.
El Senado de Brasil puso en marcha el debate de una reforma constitucional que podría modificar las condiciones laborales de casi 40 millones de trabajadores. El 6 de octubre, dos días después de la primera vuelta presidencial, comenzó el tratamiento de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 221/2019, destinada a terminar con la escala conocida como 6×1: seis días de trabajo por uno de descanso. La iniciativa establece una jornada máxima de 40 horas semanales, distribuida en cinco días, con dos descansos remunerados y sin reducción de salarios ni beneficios.
El proyecto llega al Senado después de obtener una amplia mayoría en la Cámara de Diputados: 472 votos favorables contra 22 en primera vuelta y 461 contra 19 en segunda, el 27 de mayo. En septiembre recibió también el aval de la Comisión de Constitución y Justicia del Senado. Pero su aprobación definitiva todavía depende de una votación que se desarrolla en medio de la disputa presidencial entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.
El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, anunció que respetará el procedimiento constitucional, que exige cinco sesiones de discusión antes de la primera votación y otras tres antes de la segunda. Para aprobarse, la enmienda necesita al menos 49 votos favorables en cada instancia. La primera votación podría concretarse durante la semana del 12 de octubre, aunque todavía no existe una fecha definitiva.
Alcolumbre puso el alcance social de la reforma en el centro del debate al estimar que casi 40 millones de brasileños trabajan actualmente bajo el régimen 6×1. La cifra, atribuida al presidente del Senado, ilustra la magnitud de una discusión que excede el calendario electoral: cuánto tiempo de sus vidas deben dedicar las personas al trabajo y bajo qué condiciones pueden acceder al descanso.
Una reducción gradual, sin tocar los salarios
La PEC 221/2019 contempla una transición para facilitar la adaptación de las empresas. El máximo semanal bajaría inicialmente de 44 a 42 horas, a los 60 días de promulgada la enmienda, y alcanzaría las 40 horas al cumplirse doce meses desde esa primera reducción. El objetivo es establecer dos días de descanso por semana, uno de ellos preferentemente los domingos, sin disminuir los ingresos de quienes trabajan.
La reforma no nació durante esta campaña presidencial. Su recorrido comenzó con una iniciativa presentada por el diputado Reginaldo Lopes en 2019, que proponía una reducción todavía mayor de la jornada. Años después, el debate recibió nuevo impulso con la propuesta de Érika Hilton, el movimiento Vida Além do Trabalho y las movilizaciones contra la escala 6×1. El texto que finalmente aprobó Diputados incorporó esas discusiones mediante una propuesta unificada elaborada por el legislador Leo Prates.
Para sus defensores, el cambio permitiría mejorar la conciliación entre empleo, vida familiar, estudios y descanso. El senador Paulo Paim sostuvo durante el debate que los avances tecnológicos y el aumento de la productividad deberían traducirse también en mejores condiciones laborales. La reducción de horas, argumentó, no debe analizarse solamente desde el costo empresarial, sino también desde sus posibles efectos sobre la calidad de vida y la organización de la economía.

Lula y Flávio Bolsonaro: dos proyectos con diferencias fundamentales
La discusión ingresó de lleno en el balotaje presidencial previsto para el 25 de octubre. Después de la primera vuelta, en la que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos y Lula el 45,16%, ambos candidatos comenzaron a confrontar públicamente sus posiciones sobre la organización de la jornada laboral.
Lula desafió a su adversario a definir si acompañará la reducción a cinco días de trabajo y dos de descanso sin pérdida salarial. Flávio respondió calificando el impulso de la reforma como una maniobra electoral oportunista, pero no confirmó si votará a favor o en contra de la PEC que está tratando el Senado.
La diferencia entre las propuestas va más allá de una disputa de campaña. Mientras la PEC 221/2019 reduce el límite semanal a 40 horas y garantiza que los salarios y beneficios se mantengan, la PEC 12/2026, presentada por Rogério Marinho y respaldada por Flávio Bolsonaro, plantea un régimen de contratación más flexible, con la posibilidad de remunerar proporcionalmente las horas trabajadas. Esta última conserva el límite general de 44 horas semanales y amplía el alcance de los acuerdos individuales entre empleadores y trabajadores.
Flávio argumenta que su alternativa permitiría adaptar los horarios a las necesidades personales, especialmente en situaciones como la de una madre que necesita trabajar menos horas para cuidar a sus hijos. Sin embargo, el pago proporcional implica que una jornada menor podría traducirse también en ingresos inferiores, aunque contemple los componentes laborales correspondientes.
La distinción es sustancial: una propuesta busca reducir la jornada máxima manteniendo la remuneración; la otra amplía las posibilidades de contratación por horas, con ingresos ajustados al tiempo trabajado. En el primer caso, la reducción del tiempo laboral se configura como una garantía general. En el segundo, depende de las condiciones del contrato y de la modalidad elegida.
La oposición busca postergar la discusión
La proximidad del balotaje agregó tensión al trámite parlamentario. Sectores opositores cuestionan que Lula impulse la votación en plena campaña y buscan postergarla hasta después de las elecciones, aunque todavía no se ha confirmado una estrategia unificada de obstrucción.
Las organizaciones empresariales, por su parte, advierten que la reducción horaria sin disminución salarial podría elevar los costos de contratación, especialmente en actividades que requieren personal durante seis o siete días semanales, como el comercio y determinados servicios. También señalan posibles dificultades para reorganizar turnos y mantener la actividad sin trasladar costos a precios o reducir márgenes.
Los impulsores de la reforma responden que las mejoras tecnológicas y organizativas permiten discutir una distribución distinta del tiempo de trabajo. Las experiencias internacionales de reducción de jornada muestran resultados diversos según el sector y las condiciones de implementación, por lo que sus efectos en Brasil no pueden darse por garantizados de antemano.
En ese escenario, el debate enfrenta dos problemas concretos: cómo proteger el tiempo de descanso de los trabajadores y cómo reorganizar la actividad económica para sostener el empleo, los salarios y la producción.
El 73% apoya terminar con el 6×1 sin perder salario
Una encuesta nacional de Nexus, realizada entre el 30 de enero y el 5 de febrero de 2026, permite dimensionar el respaldo social a la reforma. El 63% de los brasileños se manifestó favorable al fin de la escala 6×1 en términos generales. El apoyo aumentó al 73% cuando se especificó que la reducción no afectaría los salarios. En cambio, solamente el 28% aceptaría el cambio incluso con una disminución de ingresos.
El relevamiento, realizado entre 2.021 personas mayores de 16 años de los 27 estados brasileños, también mostró que el 84% considera que los trabajadores deberían disponer de al menos dos días de descanso semanal. La encuesta registró un margen de error de dos puntos porcentuales.
Las cifras revelan una dimensión decisiva del debate: el tiempo libre es valorado por una amplia mayoría, pero la posibilidad de disfrutarlo está estrechamente vinculada a la estabilidad del ingreso. Para quienes dependen de su salario para pagar alimentos, vivienda, transporte y servicios, reducir las horas laborales sin preservar el poder adquisitivo puede significar un beneficio limitado o incluso una dificultad adicional.
La cuestión también alcanza las desigualdades en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados. En muchos hogares, especialmente entre las mujeres, el único día libre del empleo remunerado se destina a tareas que tampoco admiten descanso. Disponer de más tiempo podría mejorar esa situación, aunque la reforma, por sí sola, no resolvería la distribución desigual de esas responsabilidades.
Una discusión que trasciende las elecciones
La propuesta que analiza el Senado brasileño llega a una instancia decisiva después de años de debate parlamentario y movilización social. Su tratamiento coincide con la recta final de una elección presidencial, pero sus consecuencias podrían extenderse durante décadas.
Para los casi 40 millones de trabajadores mencionados por Alcolumbre, la discusión no se limita a una cifra de horas semanales. Abarca la posibilidad de compartir más tiempo con sus hijos, estudiar, descansar y disponer de una parte mayor de sus vidas fuera del empleo. Para las empresas, representa el desafío de reorganizar actividades y evaluar los costos de una nueva distribución del trabajo.
El resultado dependerá de los votos del Senado y del texto definitivo que logre reunir el respaldo constitucional necesario. No existe todavía una garantía de aprobación ni una fecha firme para la primera votación.
Pero la encuesta Nexus ya señala una demanda social difícil de ignorar: una amplia mayoría respalda el fin del régimen 6×1 siempre que se preserven los salarios.
La pregunta que deberá responder el Congreso brasileño es cómo transformar esa demanda en una legislación que permita trabajar menos horas, descansar más y conservar los ingresos necesarios para vivir.



























