Un informe del Instituto de Defensa de los Derechos de las Religiones Afrobrasileñas revela diferencias entre las propuestas de Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Mientras el mandatario incorpora políticas de igualdad racial y protección de las comunidades tradicionales, el programa de su adversario omite referencias al racismo, las cuotas y las religiones de matriz africana.
A dos días de la segunda vuelta presidencial del domingo 25 de octubre, las comunidades afrobrasileñas colocaron sobre la mesa una cuestión que atraviesa la historia de Brasil: el racismo estructural y la persecución de las religiones de origen africano.
El Instituto de Defensa de los Derechos de las Religiones Afrobrasileñas (Idafro) publicó el minidosier Igualdad racial y racismo religioso en las acciones y posiciones de Lula y Flávio, que compara programas electorales, declaraciones públicas y políticas relacionadas con los derechos de la población negra.
Dos programas frente al racismo
Según el relevamiento, Luiz Inácio Lula da Silva reconoce la discriminación racial como una de las causas de la desigualdad brasileña y propone fortalecer las acciones afirmativas, las cuotas raciales, la regularización de territorios quilombolas y la protección de tierras indígenas.
El documento señala que el programa de Flávio Bolsonaro no incluye términos como racismo, cuotas, población negra, inclusión racial, terreiros o intolerancia religiosa.
La investigación también cuestiona su propuesta de ampliar los sistemas de reconocimiento facial en seguridad pública. El Idafro advierte que estas tecnologías pueden reproducir sesgos raciales y aumentar el riesgo de identificaciones policiales erróneas contra personas negras.
En contraste, destaca que el programa de Lula contempla medidas destinadas a reducir los homicidios y proteger a la juventud negra, especialmente afectada por la violencia.
Cuando la religión africana se convierte en blanco electoral
El informe también denuncia la utilización de prejuicios religiosos durante la campaña. Entre los episodios examinados figuran imágenes falsas generadas mediante inteligencia artificial que relacionaban a Lula y a su esposa, Janja, con supuestos rituales satánicos.
El candidato a vicepresidente de Flávio Bolsonaro, Alfredo Gaspar, también difundió un video del mandatario durante una visita a un terreiro, cuestionando públicamente sus creencias.
Para el Idafro, estas prácticas no afectan únicamente a los candidatos: contribuyen a estigmatizar tradiciones religiosas como el candomblé y la umbanda, históricamente perseguidas por su origen africano.
La organización recuerda que Brasil es un Estado laico y que la libertad religiosa protege tanto a cristianos como a practicantes de cualquier otra tradición espiritual.
Más de 2.700 denuncias por intolerancia religiosa
Las cifras oficiales muestran que la discriminación religiosa continúa siendo un problema concreto. Entre enero de 2025 y enero de 2026, el servicio nacional Disque 100 registró 2.774 denuncias de intolerancia religiosa.
Los ataques contra terreiros, las amenazas y la destrucción de símbolos sagrados forman parte de las situaciones denunciadas por las comunidades afectadas.
En 2024, el gobierno de Lula impulsó la elaboración de una política nacional para los pueblos de terreiro, destinada a reforzar la protección de sus espacios religiosos y preservar su patrimonio cultural.
El debate adquiere una dimensión histórica particular en un país donde la esclavitud africana fue abolida recién en 1888 y cuyas desigualdades raciales continúan manifestándose en el acceso a la educación, el empleo, la seguridad y la representación institucional.
La publicación del Idafro plantea una pregunta que trasciende la disputa electoral: qué lugar ocupan los derechos de la población negra y la libertad de las religiones afrobrasileñas en los proyectos de país que presentan los candidatos.
Para las comunidades que durante siglos resistieron la persecución de sus creencias, la discusión no termina en las urnas. También involucra su derecho a existir, practicar su espiritualidad y transmitir sus tradiciones sin discriminación.
En Brasil, defender la libertad religiosa también significa reconocer que el racismo puede expresarse contra los dioses, los templos y las tradiciones de quienes descienden de los pueblos africanos.



























