A tres días de la segunda vuelta presidencial, Quaest ubica a Flávio Bolsonaro con el 45% de intención de voto y a Luiz Inácio Lula da Silva con el 44%. PoderData, en una encuesta difundida este jueves, proyecta 51% contra 49% en votos válidos. La ventaja del candidato conservador se estrecha, mientras el rechazo a ambos dirigentes, la disputa por los electores de otras fuerzas y las diferencias regionales convierten la elección brasileña en una definición de enorme importancia para América Latina.

Lula y Flávio Bolsonaro llegan al balotaje del 25 de octubre separados por una diferencia mínima en las encuestas.
Brasil llega a la segunda vuelta del domingo 25 de octubre con una disputa presidencial cuyo desenlace sigue abierto. El senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), conserva una pequeña ventaja numérica en las principales encuestas, pero el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), consiguió reducir la distancia registrada después de la primera vuelta. La competencia enfrenta dos proyectos políticos diferentes y pone en discusión el futuro de la mayor economía latinoamericana, sus políticas sociales y su orientación internacional.
El punto de partida es el resultado oficial del 4 de octubre. Según el Tribunal Superior Electoral (TSE), Flávio Bolsonaro obtuvo 56.104.268 votos, equivalentes al 47,03% de los sufragios válidos, frente a los 53.876.617 votos de Lula, que representaron el 45,16%. La diferencia fue de 2.227.651 votos. Ninguno alcanzó la mayoría absoluta exigida para ganar en primera vuelta.
Quaest y PoderData: dos encuestas que confirman una elección ajustada
La medición de Quaest, publicada el miércoles 21 de octubre, registró un 45% de intención de voto para Flávio Bolsonaro y un 44% para Lula. El 9% manifestó que votaría en blanco, anularía su sufragio o no concurriría, mientras el 2% permanecía indeciso. Al considerar exclusivamente los votos válidos, la proyección fue de 50,56% para el senador y 49,44% para el presidente.
El estudio entrevistó presencialmente a 2.154 personas entre el 17 y el 20 de octubre, con un margen de error de dos puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%. La diferencia entre los candidatos se encuentra dentro de ese margen, por lo que constituye un empate técnico.
La novedad de este jueves llegó con PoderData, que asignó a Bolsonaro el 51% de los votos válidos y a Lula el 49%. En la medición anterior del mismo instituto, la relación era de 52% a 48%. El relevamiento comprendió 4.000 entrevistas telefónicas realizadas entre el 19 y el 21 de octubre, con un margen de error de 1,6 puntos porcentuales.
Los resultados son consistentes con otras mediciones recientes. BTG Pactual/Nexus había registrado el lunes 19 una relación de 50,3% a 49,7% en votos válidos, mientras Meio/Ideia difundió el miércoles una estimación de 51,1% para Bolsonaro y 48,9% para Lula.
Las cuatro encuestas coinciden en mostrar al candidato del PL numéricamente adelante, pero con diferencias reducidas. Sus resultados no deben promediarse mecánicamente: cada estudio utiliza muestras, metodologías y períodos de relevamiento diferentes.
Tampoco puede afirmarse que Lula ya haya revertido la ventaja de su adversario. La disminución observada en algunos sondeos es compatible con una competencia más estrecha, aunque las variaciones individuales deben interpretarse dentro de sus respectivos márgenes de error.
El rechazo pesa tanto como la adhesión
Uno de los datos más reveladores de Quaest es la evolución del rechazo a los candidatos. El 52% de los entrevistados manifestó que no votaría por Flávio Bolsonaro bajo ninguna circunstancia, mientras el 47% expresó la misma posición respecto de Lula.
En la medición anterior, esos porcentajes eran del 54% y 53%, respectivamente. La caída de seis puntos en el rechazo al presidente constituye una variación relevante, aunque requiere observar nuevos relevamientos para establecer si representa una tendencia sostenida.
La encuesta también preguntó cuál de los dos escenarios generaba mayor temor. El 44% mencionó el regreso de la familia Bolsonaro al poder y el 42% señaló la reelección de Lula. Esa proximidad muestra hasta qué punto la elección está atravesada por valoraciones negativas de ambos proyectos.
Sin embargo, sería incorrecto reducir todo el comportamiento electoral al voto contra el adversario. Una investigación de Datafolha sobre las motivaciones de los votantes identificó diferencias importantes: entre los simpatizantes de Lula sobresalen la protección social y la continuidad de políticas públicas, mientras que entre los de Flávio Bolsonaro predominan el deseo de cambio y el rechazo al actual gobierno.
La disputa enfrenta así dos expectativas diferentes sobre el papel del Estado y la dirección política del país.
La batalla por los votos de la primera vuelta
El margen estrecho vuelve decisivos a los electores que el 4 de octubre respaldaron a otros candidatos.
Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado reunieron una porción minoritaria pero potencialmente relevante del electorado. Su distribución entre Lula, Bolsonaro, el voto en blanco y la abstención puede influir sobre el resultado.
Los sondeos indican que Flávio Bolsonaro obtiene mayor respaldo entre quienes votaron por Caiado, mientras Lula encuentra mejores posibilidades entre sectores del electorado de Cury. No obstante, esas preferencias no equivalen a una transferencia automática de votos.
La distribución territorial también resulta fundamental. Lula conserva su principal fortaleza en el Nordeste y entre los hogares de menores ingresos. Flávio Bolsonaro registra mejores resultados en el Sur y el Sudeste, así como entre sectores conservadores y una parte importante del electorado masculino.
En un país de dimensiones continentales, la participación efectiva puede resultar decisiva. El TSE registró una abstención superior al 21% en la primera vuelta. La capacidad de las campañas para movilizar a sus votantes será, por lo tanto, uno de los factores centrales del domingo.
Seguridad, derechos laborales y transparencia: los temas que definen la campaña
La seguridad pública ocupa un lugar destacado en el debate. Flávio Bolsonaro defiende un endurecimiento de las políticas contra el delito y procura presentar su candidatura como una alternativa de cambio frente al gobierno del PT. Lula reivindica la intervención estatal y las políticas sociales, al tiempo que busca responder a las preocupaciones ciudadanas sobre la violencia.
Las condiciones laborales también adquirieron protagonismo. La reforma de la escala de trabajo conocida como 6×1, que contempla seis jornadas laborales por una de descanso, se convirtió en un asunto de campaña después de su tratamiento legislativo. La discusión enfrenta propuestas de reducción del tiempo de trabajo con preocupaciones empresariales sobre costos y productividad.
En paralelo, la transparencia patrimonial ingresó en la confrontación electoral. Lula desafió públicamente a Flávio Bolsonaro a abrir sus registros bancarios, fiscales y telefónicos y ofreció someterse a un procedimiento equivalente. El senador y su campaña cuestionan el planteo, en medio de una disputa que también se trasladó a los tribunales y las redes sociales.
Estas controversias no deben confundirse con pruebas de delitos. Las acusaciones políticas requieren evidencia y, cuando corresponde, decisiones de las autoridades judiciales competentes.
El último tramo de campaña muestra que ninguno de los candidatos puede confiar exclusivamente en su electorado más fiel. Ambos necesitan convencer a sectores que mantienen reservas sobre sus figuras y responder a preocupaciones concretas sobre seguridad, empleo, ingresos y servicios públicos.

Flávio Bolsonaro durante un acto de campaña en Guarulhos, São Paulo, el 21 de octubre.
Lo que se juega América Latina y, especialmente, Argentina
La elección brasileña trasciende sus fronteras. Brasil es la principal economía de América Latina, uno de los socios fundamentales de Argentina y un actor decisivo del Mercosur, los BRICS y las negociaciones comerciales internacionales.
Una continuidad de Lula permitiría mantener las líneas generales de una política exterior orientada al multilateralismo, la cooperación Sur-Sur y la integración regional. Su gobierno también ha sostenido relaciones económicas con Estados Unidos, China y la Unión Europea, procurando conservar márgenes de autonomía diplomática.
Un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro podría introducir cambios en las prioridades internacionales brasileñas, particularmente en las relaciones con Washington, la agenda ambiental y el papel del Estado en la economía. El alcance concreto de esas modificaciones dependería de sus decisiones de gobierno y de los equilibrios institucionales internos.
Para Argentina, el resultado tiene consecuencias directas. Brasil constituye un mercado esencial para las exportaciones industriales argentinas, especialmente las automotrices, y cualquier cambio en la política comercial o en la coordinación del Mercosur puede repercutir sobre la producción y el empleo.
También está en discusión el futuro de la Amazonía. Las políticas brasileñas sobre deforestación, minería, territorios indígenas y protección ambiental tienen efectos que exceden las fronteras nacionales y comprometen obligaciones internacionales.
La disputa presidencial, por lo tanto, no representa únicamente una elección entre dos dirigentes. También enfrenta diferentes concepciones sobre desarrollo económico, protección social, seguridad, medio ambiente y relaciones internacionales.
Brasil llega al domingo sin un vencedor asegurado

Brasil volverá a votar el domingo 25 de octubre para definir la Presidencia.
Los resultados oficiales de la primera vuelta favorecieron a Flávio Bolsonaro. Las encuestas de esta semana mantienen esa ventaja numérica, aunque muestran una competencia considerablemente más ajustada que la sugerida por algunas mediciones anteriores.
La recuperación de Lula en determinados indicadores, especialmente en el rechazo y en la intención de voto, mejora sus posibilidades, pero no garantiza una victoria. Bolsonaro conserva una base electoral importante y enfrenta el desafío de sostenerla frente a un adversario que busca movilizar a los votantes indecisos y a quienes rechazan el regreso del bolsonarismo.
La nueva encuesta de Datafolha, prevista para la noche de este jueves, aportará otra referencia antes de la votación. Hasta entonces, sería prematuro interpretar las diferencias actuales como un resultado definitivo.
El domingo, Brasil decidirá algo más que la continuidad de Lula o el regreso de la familia Bolsonaro al Palacio del Planalto. El resultado influirá sobre la orientación política de la mayor potencia sudamericana y sobre el equilibrio regional en un escenario internacional cada vez más disputado. Las encuestas describen una elección abierta; la decisión, finalmente, estará en las urnas.



























