El Gordo Dan desmintió públicamente la versión de Javier Milei sobre la cuenta anónima atribuida a Martín Menem. El influencer cercano a Santiago Caputo aseguró que el riojano y Santiago Oría “le mintieron al presidente”. La guerra libertaria ya dejó de ser interna: ahora es una pelea pública entre trolls oficiales, operadores y facciones desesperadas por sobrevivir.
La revolución libertaria terminó convertida en una convención permanente de community managers peleándose por capturas de pantalla mientras el Presidente actúa como administrador agotado de grupo de WhatsApp familiar donde todos se acusan mutuamente de traición. Y lo más extraordinario es que ya ni siquiera intentan disimularlo.
El último capítulo del manicomio oficialista lo protagonizó El Gordo Dan, que salió directamente a decir que Martín Menem y Santiago Oría “le mintieron” a Javier Milei sobre el escándalo de la cuenta Rufus. O sea: un operador digital del propio ecosistema libertario acusando públicamente a dirigentes oficialistas de engañar al Presidente mientras el gobierno entero observa la escena como pasajeros de colectivo viendo una pelea de pareja que ya se fue demasiado lejos.
Una belleza institucional.

Porque el problema ya no es la cuenta fake.
El problema es que el mileísmo mutó definitivamente en guerra tribal digital donde cada facción construyó su propio aparato de propaganda, sus propios trolls, sus propios periodistas amigos y sus propias operaciones internas para destruir rivales sin necesidad de esperar a la oposición.
La casta eran ellos.
Solo que con ring light.
El detalle más venenoso de toda la escena fue que Milei había salido horas antes a intentar apagar el incendio defendiendo a Martín Menem. Dijo que la cuenta Rufus era “plantada”, “prefabricada”, una especie de conspiración misteriosa diseñada para perjudicar al riojano. Y ahí apareció El Gordo Dan, básicamente diciendo:
“No, Javier. Te boludearon.”
Demoledor.
Porque Dan no es cualquier troll aleatorio. Es uno de los hombres más cercanos a Santiago Caputo, el núcleo duro digital de Las Fuerzas del Cielo, la facción que hace meses vive una guerra fría feroz contra Karina, los Menem y todo el esquema territorial que rodea a la hermana presidencial.
Entonces lo que parece una pelea por Twitter en realidad es muchísimo más grave: es una disputa salvaje por el control político, simbólico y emocional del mileísmo.
Y cada bando empieza a actuar como secta autónoma.
Lo fascinante es cómo se degradó el lenguaje del poder. La Argentina pasó de ministros discutiendo economía a streamers oficialistas acusándose mutuamente de operar cuentas anónimas mientras exigen pruebas en programas llamados “Carajo”.
“Publiquen el video.”
“No le mientan al presidente.”
“No se puede tomar a la gente por pelotuda.”
Todo dicho desde adentro del gobierno.
Es espectacular.
Encima Dan dejó algo todavía más incómodo flotando en el aire: las contradicciones internas. Porque primero Menem habría dicho que la cuenta pertenecía a un community manager suyo. Después apareció la teoría de la operación externa. Y ahora Milei directamente repite la versión fabricada por Santiago Oría como si la Casa Rosada funcionara alrededor de videos explicativos armados por propagandistas digitales.
Un gobierno administrado como fandom tóxico.
Mientras tanto, Santiago Caputo eligió el silencio y soltó apenas un “Winter is coming”, frase que en cualquier otro contexto sonaría ridícula pero dentro del mileísmo funciona directamente como amenaza palaciega premium.
Porque eso es lo que verdaderamente aterra al oficialismo ahora: la sensación de que las facciones internas ya cruzaron el punto de no retorno.
Karina protege a Menem.
Las Fuerzas del Cielo responden atacando públicamente.
Milei intenta ordenar.
Los trolls lo contradicen.
Los operadores filtran capturas.
Los influencers oficialistas se tratan de mentirosos.
Y el gobierno entero empieza a parecer una convención otaku armada sobre restos institucionales.
Encima la pelea revela algo todavía más profundo y mucho más peligroso: Milei ya no controla completamente el ecosistema político que él mismo ayudó a crear. El aparato digital libertario se volvió tan grande, tan agresivo y tan autónomo que ahora las propias tropas online pueden desafiar públicamente la versión presidencial sin demasiado miedo a consecuencias.
Eso antes no pasaba.
Ahora sí.
Porque cuando un espacio político se organiza alrededor de fanatismo algorítmico, llega un momento donde los soldados digitales empiezan a sentirse más importantes que los dirigentes reales.
Y ahí nace el monstruo.
El mileísmo entró exactamente en esa etapa.
Ya no gobiernan.
Moderan una guerra civil de trolls con presupuesto estatal.
Viste que la casta siempre fuimos nosotros, debes de darte cuenta.

























