La Justicia Federal de Córdoba confirmó la identidad de ocho víctimas del terrorismo de Estado cuyos restos fueron encontrados en enterramientos clandestinos. El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió reconstruir sus identidades mediante análisis genéticos y devolver respuestas a las familias que llevan medio siglo buscándolas.
Cincuenta años después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, ocho personas que permanecían desaparecidas recuperaron su identidad. El juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja anunció este viernes 23 de octubre los resultados de las investigaciones realizadas sobre restos humanos encontrados en el predio del antiguo centro clandestino de detención, tortura y exterminio La Perla, en Córdoba.
Las víctimas identificadas son Néstor Albino Acosta, Pascual Delfín Ludueña, Mónica Protti de Guillén, Claudio Norberto Nardini, Juan Carlos Soulier, María Luisa Salto, Mercedes del Valle Ramírez y Cecilia Alicia Pessina de Ávila. Sus familias fueron notificadas antes del anuncio público.
Ocho vidas detrás de los nombres
Entre las víctimas había trabajadores, estudiantes, profesionales y militantes políticos y sindicales.
Néstor Acosta tenía 21 años, trabajaba en el ferrocarril y estudiaba Arquitectura. Pascual Ludueña, de 29, era trabajador de Fiat Concord y delegado sindical. Claudio Nardini, de 34, desarrollaba actividad gremial.
María Luisa Salto tenía apenas 20 años y estudiaba Medicina. Mercedes Ramírez, de 21, cursaba la escuela secundaria y trabajaba en un comercio.
Mónica Protti estudiaba Medicina y ejercía la docencia. Cecilia Pessina era psicóloga y profesora de piano. Juan Carlos Soulier, de 23 años, trabajaba como electricista y estaba terminando sus estudios de Ingeniería. Fue secuestrado junto a su esposa y su hijo de cinco meses; el bebé pudo ser recuperado por su familia.
Los enterramientos clandestinos de La Perla
Los restos fueron recuperados durante las excavaciones de 2025 en Loma del Torito, dentro de la Guarnición Militar de La Calera.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) utilizó técnicas arqueológicas, análisis antropológicos y cotejos de ácido desoxirribonucleico (ADN) con muestras aportadas por familiares.
La investigación también reconstruye maniobras realizadas por los militares para ocultar los cuerpos. Según explicó Vaca Narvaja, en 1979 se utilizaron maquinarias y camiones para remover restos antes de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Con estas ocho nuevas identificaciones, ascienden a 38 las personas identificadas a partir de los trabajos realizados en el predio. La cifra incluye a Alejandro Ernesto Jerez Bodereau, cuya identificación había sido anunciada en agosto.
Una búsqueda que todavía continúa
La Perla fue uno de los principales centros clandestinos del interior argentino durante la última dictadura. Por sus instalaciones pasaron miles de personas secuestradas, sometidas a torturas y desaparición forzada.
Los resultados actuales demuestran la importancia de preservar archivos, testimonios y muestras genéticas para continuar identificando víctimas.
Cada hallazgo permite a las familias conocer parte del destino de sus seres queridos y aporta nuevas pruebas para la investigación judicial de los crímenes de lesa humanidad.
Durante cincuenta años, la desaparición forzada buscó negarles incluso una sepultura y un nombre. Hoy, ocho familias tienen una respuesta que ninguna maniobra de ocultamiento pudo impedir para siempre.
La identificación no devuelve las vidas arrebatadas, pero permite recuperar una parte de sus historias y continuar la búsqueda de quienes todavía permanecen desaparecidos.
La memoria también se construye de esta manera: con pruebas, con nombres y con familias que nunca dejaron de buscar.





























