La investigación patrimonial sobre el jefe de Gabinete sumó otro dato incómodo: un pinball de colección de Los Locos Addams valuado en unos 8.000 dólares. El gasto se suma a las sábanas premium, las reformas millonarias y las dudas sobre el origen de una fortuna que el funcionario atribuye a sus inversiones en criptomonedas.
Hay funcionarios que coleccionan libros. Hay funcionarios que coleccionan vinos. Hay funcionarios que coleccionan problemas.
Y después está Manuel Adorni.
La investigación sobre su patrimonio ya parece una excursión guiada por un shopping de lujo financiado por un salario de empleado público. Cada semana aparece una compra nueva, una factura nueva, una explicación nueva o un gasto que obliga a revisar nuevamente la calculadora.
Esta vez le tocó el turno a un flipper.
Pero no cualquier flipper.
No el que sobrevivió treinta años en un club de barrio entre adolescentes armados con fichines y vasos de gaseosa. Estamos hablando de una pieza de colección de Los Locos Addams valuada en unos 8.000 dólares. Un juguete para adultos con billetera generosa y nostalgia cara.
La noticia tiene algo de maravilloso.
Mientras millones de argentinos descubren que el supermercado se convirtió en un deporte extremo, el jefe de Gabinete parece haber decidido recrear un salón de juegos premium en su casa del country.
Y el detalle temporal vuelve todo más interesante.
Porque la compra habría ocurrido cuando el salario oficial de Adorni todavía navegaba aguas bastante más modestas que las que exhiben hoy sus gastos.
Ahí aparece nuevamente el viejo protagonista de esta historia.
La matemática.
Ese monstruo antipopulista que insiste en preguntar cuánto entra y cuánto sale.
La misma matemática que ya había tenido problemas para entender las reformas inmobiliarias, las sábanas premium, las mudanzas a barrios privados y las aventuras financieras con criptomonedas que, según el relato oficial, transformaron a un comentarista económico en una especie de Warren Buffett de Caballito.
Ahora la saga suma una nueva adquisición.
Un flipper.
Y ni siquiera un flipper cualquiera.
Uno inspirado en Los Locos Addams.
La ironía es demasiado perfecta para ignorarla.
Porque mientras la Justicia intenta reconstruir el recorrido del dinero, el objeto elegido homenajea justamente a una familia famosa por encontrar normal todo aquello que para el resto del mundo resulta extrañamente perturbador.
Los paralelismos se escriben solos.
Mientras los fiscales revisan cuentas, aparecen gastos extravagantes.
Mientras aparecen gastos extravagantes, surgen nuevas explicaciones.
Mientras surgen nuevas explicaciones, aparecen nuevas preguntas.
Y así sucesivamente.
Como una partida infinita donde cada rebote de la bolita activa otra alarma.
Lo más delicado para el Gobierno es que el problema dejó de ser judicial.
Ahora es simbólico.
Porque el relato libertario se edificó sobre una épica de sacrificio. Ajuste. Esfuerzo. Austeridad. Disciplina fiscal. La idea de que todos debían apretarse el cinturón para salvar a la Argentina.
La dificultad aparece cuando los cinturones parecen ajustarse siempre en los mismos lugares.
Y los lujos aparecen siempre en otros.
Un jubilado discute medicamentos.
Un trabajador discute alquileres.
Un comerciante discute tarifas.
Y la agenda pública termina hablando de sábanas de lujo y pinballs de colección.
La imagen es devastadora porque resume dos Argentinas que parecen habitar universos paralelos.
Una cuenta monedas.
La otra cuenta hilos egipcios y fichines importados.
Mientras tanto, Javier Milei continúa sosteniendo a Adorni con una determinación que ya intriga incluso a sus propios aliados. Cada revelación amplía el desgaste. Cada explicación genera más dudas que certezas. Cada intento de cerrar el tema abre otro capítulo.
Y el catálogo sigue creciendo.
Primero fueron las criptomonedas.
Después las casas.
Después las sábanas.
Ahora el flipper.
A este ritmo, la causa judicial ya no parece una investigación patrimonial.
Parece la lista de regalos de un cumpleaños organizado por los dueños de un casino, un hotel cinco estrellas y una casa de decoración de Nordelta.
Lo único que falta saber es qué aparece la semana que viene.
Porque en el universo Adorni, cuando uno cree que ya vio todo, siempre aparece una nueva ficha para seguir jugando.



























