El Presidente insultó a una periodista, llamó «dictador» y «ladrón» a Pedro Sánchez y buscó protagonismo en Madrid. Felipe VI no lo recibió por razones protocolares, Abascal tenía otros compromisos y Ayuso le reservó un encuentro sin prensa. ¡Milei quiso exportar la motosierra y Europa le aplicó el derecho de admisión!
Javier Milei llegó a Madrid dispuesto a demostrar que Argentina tiene un líder de talla internacional. Para empezar, trató de «corta intelectualmente» a una periodista de la Cadena SER.
¡Qué coraje! ¡El león ruge frente a una cronista, pero cuando aparece una repregunta se convierte en un caniche con inmunidad diplomática!
Después llamó a Pedro Sánchez «dictador», «corrupto» y «delincuente ladrón». Sánchez respondió publicando Fanático, de Lali Espósito.
¡Milei llevó un lanzallamas ideológico y lo combatieron con una canción pop! ¡La próxima guerra mundial se resuelve con una lista de reproducción y dos bailarines!
Pero la verdadera tragedia comenzó cuando el Presidente quiso codearse con la aristocracia.
El rey Felipe VI no accedió a recibirlo. La explicación oficial fue protocolar: no había encuentro previsto con el jefe del Gobierno español.
¡El enemigo de los privilegios hereditarios rogando una audiencia con un señor que consiguió trabajo por ser hijo del dueño! ¡Si Marx resucita, se vuelve a morir de la risa!
Santiago Abascal, su camarada de Vox, tenía compromisos de campaña en Coruña.
¡Qué hijo de puta el calendario! ¡Justo cuando llega tu amigo argentino, te aparece una vocación patriótica a seiscientos kilómetros!
Isabel Díaz Ayuso sí tenía previsto verlo, pero sin conferencia de prensa.
¡Una reunión tan reservada que parecía el turno de un proctólogo: entrás solo, salís incómodo y nadie quiere fotos!
Para completar la hazaña, Milei pidió apoyo electoral para la derecha española en plena campaña.
¡Fue a darle una mano a sus aliados y terminó siendo el espantapájaros que Sánchez no tuvo que contratar!
Mientras tanto, los argentinos seguimos financiando viajes presidenciales cuyo saldo político merece una auditoría y cuyo espectáculo ya tiene diagnóstico artístico: comedia involuntaria.
¡El Presidente que desprecia a la casta fue a mendigarle una foto a la monarquía, mientras sus amigos descubrían compromisos impostergables!
Y el remate es una belleza.
¡Milei cruzó el Atlántico para conquistar Madrid y terminó aprendiendo que la derecha europea también tiene límites: puede bancarse un discurso incendiario, pero no necesariamente quiere que el incendio aparezca en la foto familiar!



























