La oposición quedó a ocho diputados del quórum para tratar el rechazo del DNU 70/23. El Gobierno consiguió bloquear la sesión con la ayuda de aliados, gobernadores y ausencias estratégicas. Dos peronistas faltaron, una radical firmó la convocatoria pero no apareció y Martín Menem celebró la victoria. ¡Para entregar la soberanía ya no hace falta levantar la mano: alcanza con levantar el culo de la banca!
¡Mis queridos sobrevivientes del experimento libertario!
¡Tenemos una nueva modalidad de patriotismo argentino!
Antes, para entregar territorio, había que firmar tratados, negociar condiciones o, por lo menos, poner la cara.
¡Ahora alcanza con no ir a trabajar!
El Gobierno de Javier Milei logró impedir que la Cámara de Diputados sesionara para tratar el rechazo del DNU 70/23, que modificó, entre otras cosas, el régimen de protección de tierras rurales.
La oposición reunió 121 diputados. Necesitaba 129.
¡Ocho miserables diputados!
¡La soberanía argentina quedó a ocho sillas de distancia! ¡Y había más gente dispuesta a defender su lugar en una lista electoral que a ocuparlas!
Pero no fue un accidente meteorológico. Detrás del quórum frustrado aparecieron los aliados habituales del oficialismo y las ausencias de legisladores vinculados a Osvaldo Jaldo, Maximiliano Pullaro y sectores cercanos a Horacio Rodríguez Larreta.
¡Qué hermosa transversalidad!
¡Para aumentarle el sueldo a un jubilado no se ponen de acuerdo ni con una calculadora; para dejar caer una sesión aparecen unidos como una familia en la lectura del testamento!
Los tres diputados tucumanos del bloque Independencia, alineados con Jaldo, no bajaron al recinto.
Según las versiones, habían conversado con la oposición hasta la noche anterior. Pero un presunto llamado del gobernador habría alcanzado para que cambiaran de rumbo.
¡Qué autoridad!
¡Jaldo no necesita látigo: con una llamada convierte tres diputados en tres muebles de oficina!
Y después está el caso de María Inés Zigarán.
La radical jujeña firmó la convocatoria.
Sí, la firmó.
Pero cuando llegó el momento de sentarse, no apareció.
¡Es la primera vez que alguien firma la invitación a su propio casamiento y después deja al novio plantado en el altar de la soberanía!
La diputada podrá tener sus explicaciones. Pero la contradicción política es bastante más difícil de disimular que una ausencia.
¡Convocar una sesión y no asistir!
¡Si los bomberos trabajaran así, firmarían la orden de salida, saludarían desde el cuartel y esperarían a que el incendio se canse!
En el peronismo tampoco faltó talento para el desastre.
Estela Maris Neder había avisado que no concurriría por motivos familiares. Agustín Tita, según la versión de sus compañeros, comunicó su ausencia por WhatsApp y después apagó el teléfono.
¡Una tecnología extraordinaria!
¡El mismo celular que sirve para hacer campaña, pedir votos y mandar fotos abrazando trabajadores se queda misteriosamente sin señal cuando hay que sentarse a votar!
Pero el premio a la ingeniería parlamentaria se lo llevan los aliados que directamente no necesitaban explicar nada.
Entre los ausentes de Provincias Unidas figuraron legisladores vinculados a Pullaro, mientras que el PRO y otros bloques dialoguistas reforzaron el bloqueo.
¡Dialoguistas!
¡Les dicen dialoguistas porque nunca te dicen que no: simplemente desaparecen cuando necesitás que te digan que sí!
Y en ese elenco apareció también Álvaro González, dirigente cercano a Larreta.
Una versión política atribuyó a la amistad entre Larreta y Toto Caputo una posible intervención para ordenar ausencias. No hay confirmación de esa llamada.
Pero la foto parlamentaria alcanza para una conclusión menos romántica: el oficialismo consiguió que suficientes legisladores no estuvieran en sus bancas.
¡Larreta pasó años prometiendo una revolución del diálogo y terminó asociado a la forma más eficiente de conversación política: no abrir la boca ni aparecer por el Congreso!
Mientras tanto, desde el Gobierno intentaron tentar a los salteños con anuncios sobre posibles inversiones en el Belgrano Cargas.
Pero Pablo Outes y Bernardo Biella finalmente dieron quórum.
¡Mirá vos!
¡Les ofrecieron la perspectiva de un tren y no compraron el boleto! ¡En la Argentina de Milei, eso ya cuenta como una hazaña ferroviaria!
La cuestión es que el oficialismo ganó sin necesidad de debatir el fondo del asunto.
No hubo una mayoría parlamentaria que votara para sostener la derogación de la Ley de Tierras en esa sesión.
Hubo una minoría opositora que no llegó al número necesario para empezar.
Y esa diferencia importa.
Porque una cosa es defender públicamente una política de tierras y explicar sus beneficios.
¡Otra es esconderse detrás del quórum como un deudor detrás de la cortina cuando golpea el cobrador!
Después Martín Menem salió a festejar en las redes sociales.
Aseguró que la oposición había intentado frenar a la Argentina y que el país no iba a retroceder.
¡Qué épica!
¡Ganaron por incomparecencia y lo celebraron como si hubieran cruzado los Andes!
¡Martín, querido! ¡No tomaron el Palacio de Invierno! ¡Contaron ocho sillas vacías!
Y del otro lado tampoco sobra grandeza.
Miguel Pichetto cuestionó los cálculos de quienes impulsaron la sesión.
Tiene un punto.
¡Si vas a desafiar al Gobierno, primero contá tus soldados! ¡No podés anunciar la batalla de San Lorenzo y descubrir a las dos de la tarde que la mitad de los granaderos se fue a hacer trámites!
Pero el problema va bastante más allá de una mala suma.
La discusión sobre la tierra involucra recursos estratégicos, límites a la concentración de la propiedad rural y decisiones que afectan el futuro del territorio argentino.
No es una discusión sobre quién administra el buffet del Congreso.
Y, sin embargo, la sesión terminó dependiendo de gobernadores que ordenan, diputados que calculan y dirigentes que prefieren no dejar huellas digitales en una votación incómoda.
¡Descubrimos que el verdadero recurso natural más explotado de la Argentina no es el litio ni la soja: es el diputado que se ausenta justo cuando lo necesitan!
Al final, Jaldo pudo conservar su relación con la Casa Rosada. Los sectores cercanos a Pullaro y Larreta evitaron facilitar la sesión. Milei sostuvo su posición y Menem consiguió una victoria parlamentaria sin votación.
¿Y la ciudadanía?
Como siempre: mirando cómo sus representantes transforman una discusión sobre el territorio nacional en una competencia para ver quién se compromete menos.
¡Nos enseñaron en la escuela que la patria se defiende con valor, pero en el Congreso descubrieron que se puede negociar desde la comodidad de una reposera!
Y acá está el verdadero remate de esta historia.
Milei llegó prometiendo terminar con la casta. La casta descubrió que podía ayudarlo sin siquiera fichar asistencia.
¡Antes los vendepatria tenían que firmar la escritura; ahora les alcanza con mandar un WhatsApp diciendo «hoy no voy» y dejar que el escribano se llame Javier Milei!.



























