Nació en Poissy, creció en las afueras de París y entrenaba artes marciales mixtas con la ilusión de convertirse en profesional. El viernes 23 de octubre fue asesinado a tiros en Trappes durante un ataque que dejó otras cinco personas heridas. Sus compañeros lo recuerdan por su sonrisa, su generosidad y su pasión por el deporte.
Pengo Bossio Wangi tenía una vida por delante, una disciplina que lo apasionaba y un sueño que perseguía con la constancia de quien sabe que ninguna victoria llega sin esfuerzo. Había nacido el 12 de septiembre de 2000 en Poissy, Francia, y creció en el departamento de Yvelines, donde estudió en el colegio Gustave Courbet de Trappes. A los 26 años aspiraba a convertirse en luchador profesional de artes marciales mixtas (MMA).
Entrenaba varias veces por semana en la Atch Academy de Aubervilliers, uno de los gimnasios reconocidos del circuito francés. Allí no solamente perfeccionaba sus habilidades deportivas: había construido vínculos de compañerismo y respeto que hoy explican el dolor provocado por su asesinato.
El deportista que soñaba con llegar a las grandes ligas
Pengo competía en las categorías wélter y mediano. Su trayectoria amateur registraba tres victorias y cuatro derrotas, números propios de un deportista que todavía estaba construyendo su camino.
Stéphane Chaufourier, fundador de la Atch Academy y conocido como Atch, recordó que el joven entrenaba con regularidad y aspiraba a dar el salto al profesionalismo. Lo describió como alguien que siempre sonreía y conversaba con todos.
Su academia expresó el dolor por la pérdida de un compañero comprometido, respetuoso y dispuesto a ayudar a quienes compartían los entrenamientos.
El luchador francés Salahdine Parnasse también le dedicó un mensaje público de despedida: «Descansa en paz. Todos mis pensamientos están con tu familia y tus seres queridos. No te olvidaremos».
Un viernes que terminó con todos sus sueños
El 23 de octubre, alrededor de las diez de la mañana, Pengo se encontraba en las inmediaciones de la plaza Louis Pergaud, en Trappes, cuando un hombre armado comenzó a disparar desde un automóvil.
El joven recibió impactos de bala y murió en el lugar. El atacante continuó su recorrido por Trappes y La Verrière, donde hirió a otras cinco personas, incluida una niña de doce años.
La Policía detuvo poco después a un sospechoso de 39 años. La Fiscalía Nacional Antiterrorista francesa asumió la investigación por asesinato y tentativas de asesinato, con la posible agravante de motivación racial o religiosa.
El presidente Emmanuel Macron calificó lo ocurrido como un atentado terrorista racista y denunció que las víctimas habían sido seleccionadas por su color de piel o por la religión que se les atribuía.
Pengo no era una cifra
En los informes policiales, Pengo figura como la víctima fatal de un ataque que dejó seis personas alcanzadas por la violencia. Pero detrás de esa clasificación había un joven con una historia, amigos, proyectos deportivos y una comunidad que lo esperaba cada semana.
Su asesinato golpeó especialmente a quienes lo conocieron en el gimnasio. La Atch Academy anunció un homenaje durante un encuentro deportivo previsto para este sábado 24 de octubre, mientras familiares, amigos y deportistas compartían mensajes de despedida.
En Trappes, una localidad marcada por su diversidad social y cultural, el crimen también despertó indignación y preocupación por la violencia racista. Su alcalde, Ali Rabeh, denunció la gravedad del ataque y expresó sus condolencias a las familias afectadas.
Pengo no llegó a disputar el combate profesional que tanto deseaba. Tampoco pudo conocer hasta dónde lo llevarían su entrenamiento y su perseverancia. Su historia quedó interrumpida por una violencia que la Justicia investiga como un ataque motivado por el odio.
El racismo no le arrebató al mundo solamente a un deportista prometedor. Le arrebató a su familia un ser querido, a sus compañeros un amigo y a Pengo Bossio Wangi el derecho más elemental: seguir viviendo.
Tenía 26 años. Quería ser luchador profesional. Quienes lo conocieron recuerdan que sonreía, entrenaba con disciplina y ayudaba a los demás.
Su nombre merece permanecer en la memoria mucho más allá de la noticia de su muerte.



























