Una persona extranjera murió tras ser atacada por una multitud en Durban y al menos otras tres fueron agredidas durante protestas contra la inmigración. La Policía interrogó a cinco hombres de entre 19 y 46 años, mientras continúa buscando a otros posibles responsables. La violencia contra comunidades migrantes vuelve a encender las alarmas en Sudáfrica.
La ciudad sudafricana de Durban atraviesa una nueva escalada de violencia contra personas migrantes. El jueves 22 de octubre, un ciudadano extranjero fue asesinado a golpes en plena vía pública, presuntamente por un grupo de unas 50 personas que participaban de una manifestación. Un día después, la Policía de la provincia de KwaZulu-Natal llevó a cinco hombres a declarar por su posible vinculación con distintos ataques registrados durante la semana.
El operativo se realizó el viernes 23 frente a las oficinas del Departamento del Interior, sobre la calle Che Guevara, en el sector de Umbilo. Los hombres, de entre 19 y 46 años, fueron trasladados para ser interrogados. Las autoridades no confirmaron que todos hayan sido formalmente acusados.

Un asesinato y una sucesión de agresiones
Según la reconstrucción policial, la víctima fatal se encontraba junto a una calle del centro de Durban cuando dos manifestantes se aproximaron y comenzó una agresión colectiva. El hombre murió en el lugar. Su identidad y nacionalidad no habían sido difundidas oficialmente.
La investigación también comprende el ataque contra otra persona extranjera ocurrido el miércoles 21 y las agresiones a dos migrantes en el barrio de Berea durante una marcha del jueves.
El coronel Robert Netshiunda, portavoz de la Policía provincial, explicó que los cinco hombres podrían aportar información sobre estos episodios y que los investigadores continúan buscando a otras personas presuntamente involucradas.
Las manifestaciones contra la inmigración también estuvieron acompañadas de ataques a comercios, saqueos e incendios de propiedades.

La xenofobia detrás de las protestas antimigratorias
Sudáfrica arrastra una historia de violencia contra ciudadanos de otros países africanos, particularmente contra personas procedentes de Mozambique, Malaui, Nigeria y Zimbabue.
Las tensiones se alimentan de problemas sociales como el desempleo, la pobreza y la falta de servicios públicos, aunque los ataques contra migrantes desplazan hacia personas vulnerables responsabilidades que corresponden a procesos económicos, sociales y políticos mucho más amplios.
El presidente Cyril Ramaphosa ha condenado anteriormente la violencia antimigratoria, mientras organizaciones sociales reclaman mayores medidas de protección para las comunidades extranjeras.
En Durban, la campaña Siyafana Sonke cuestionó este sábado 24 de octubre la respuesta policial y sostuvo que los principales instigadores de la violencia todavía no habían sido alcanzados por las actuaciones.

La Policía promete continuar las investigaciones
Netshiunda manifestó su preocupación por la transformación de las movilizaciones en episodios de violencia y recordó que el derecho a protestar no autoriza agresiones contra otras personas.
La investigación continúa abierta y comprende delitos de homicidio, tentativa de homicidio y lesiones graves.
El asesinato del jueves vuelve a exponer el peligro que enfrentan migrantes africanos que buscan trabajar, establecerse o construir una vida en otro país del continente.
La víctima de Durban todavía no tenía un nombre públicamente confirmado cuando comenzó la investigación. Pero su muerte plantea una cuestión urgente: ninguna situación migratoria, regular o irregular, puede convertir a una persona en blanco legítimo de violencia.
Las cinco personas interrogadas representan un primer avance policial. Para las comunidades migrantes, la cuestión de fondo sigue siendo si las autoridades conseguirán garantizar su seguridad e impedir nuevos ataques.



























