A 81 años de la movilización obrera que cambió la historia argentina, el peronismo celebra el Día de la Lealtad con actos separados, disputas por la conducción y una oposición que acaba de fracasar en su intento de reunir quórum en Diputados. Mientras sus dirigentes discuten quién representa mejor el legado de Perón, el gobierno de Javier Milei aprovecha las dificultades de coordinación de sus adversarios.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores dejaron sus fábricas, talleres y barrios para marchar hacia Plaza de Mayo. Llegaron desde los suburbios industriales de Buenos Aires, muchos después de recorrer largas distancias, con una exigencia concreta: la liberación de Juan Domingo Perón. Aquella multitud no solo reclamaba por un dirigente detenido; también defendía las conquistas laborales y el reconocimiento político y social que había comenzado a transformar sus vidas. Sectores históricamente relegados irrumpieron con una fuerza extraordinaria en el centro del poder político argentino. Esa jornada marcaría el nacimiento del peronismo como movimiento de masas y cambiaría para siempre la relación entre los trabajadores y el Estado.

Ochenta y un años después, el contraste resulta incómodo. El movimiento que convirtió la organización popular en una herramienta de poder llega a su fecha más emblemática con convocatorias separadas, liderazgos enfrentados y una discusión interminable sobre quién representa mejor la herencia de Perón. La militancia conserva los símbolos, las canciones y la memoria. La dirigencia, mientras tanto, parece haber descubierto una nueva especialidad: organizar internas hasta para recordar la unidad.
La lealtad se festeja por separado
Axel Kicillof tiene previsto participar de un acto en La Matanza, donde buscará mostrar el peso territorial del Movimiento Derecho al Futuro. Sectores identificados con Cristina Fernández de Kirchner convocaron a movilizarse hacia San José 1111, donde la expresidenta cumple prisión domiciliaria. Máximo Kirchner anunció una actividad en Chaco junto a Jorge Capitanich, mientras otros espacios territoriales prepararon sus propias convocatorias.
La existencia de distintos actos no constituye, por sí misma, una ruptura. El peronismo siempre reunió corrientes diferentes. Lo que revela la fragmentación actual es la dificultad para transformar esa diversidad en una estrategia política compartida. En 1945, los trabajadores recorrieron kilómetros para llegar a una misma plaza; en 2026, sus dirigentes ni siquiera logran coincidir en una misma celebración.

El Congreso: donde la interna deja de ser un espectáculo
El jueves 15 de octubre, la oposición reunió 121 diputados para una sesión especial. Necesitaba 129. Quedó a ocho bancas de abrir el debate sobre el DNU 70/2023 y otras iniciativas relacionadas con discapacidad y endeudamiento familiar.
Entre las ausencias señaladas figuraron los tucumanos Gladys Medina, Javier Noguera y Elia Fernández, del bloque Independencia, alineado con el gobernador Osvaldo Jaldo; la santiagueña Estela Mary Neder y el fueguino Agustín Tita, vinculado políticamente con Gustavo Melella. También hubo ausencias de otras fuerzas. No todos pertenecen al mismo espacio ni puede atribuirse una motivación idéntica a cada uno, pero el resultado político fue inequívoco: la oposición no consiguió garantizar el quórum y el oficialismo evitó el debate.
En 1945, los trabajadores consiguieron reunir una multitud para cambiar la historia. En 2026, la oposición no consiguió reunir 129 diputados para abrir una sesión. El problema ya no parece ser la capacidad de movilización popular, sino la coordinación de quienes dicen representarla.
Muchos aspirantes a conducir, pocas respuestas compartidas
Kicillof busca ampliar su proyección nacional, Cristina Kirchner conserva influencia sobre sectores importantes del justicialismo y Máximo Kirchner mantiene su estructura política. Los gobernadores, por su parte, defienden intereses provinciales que no siempre coinciden con las prioridades de la oposición nacional.
Las diferencias son legítimas. El problema comienza cuando la competencia por la conducción ocupa más espacio que las propuestas sobre salarios, empleo, industria, endeudamiento, educación y servicios públicos. El peronismo dispone de gobernadores, intendentes, sindicatos, legisladores y organizaciones sociales, pero esa estructura no se traduce automáticamente en una estrategia común.
El Gobierno no necesita que toda la oposición respalde sus decisiones. A veces le alcanza con que sus adversarios no se pongan de acuerdo para discutirlas.
La CGT reclama unidad, pero no alcanza con una foto
En la conmemoración sindical del viernes 16, Cristian Jerónimo pidió superar los egos y las vanidades, mientras Jorge Sola reclamó construir un proyecto nacional con los trabajadores como protagonistas. El mensaje apuntó a una dirigencia que parece encontrar más sencillo disputar espacios de poder que establecer prioridades compartidas.
El reclamo tiene una dimensión histórica: el 17 de Octubre nació de trabajadores movilizados alrededor de demandas concretas, no de una competencia entre dirigentes por adjudicarse la representación de aquella jornada. Pero tampoco bastaría con reunirlos en un escenario. La unidad solo tendría contenido político si se expresara en propuestas, acuerdos legislativos y resultados.
Perón dejó una herramienta política, no un concurso de herederos
El peronismo nunca estuvo libre de enfrentamientos internos. Su historia incluye rupturas, reorganizaciones y disputas por el liderazgo. Lo que distingue al presente no es la existencia de diferencias, sino la dificultad para impedir que esas diferencias debiliten su capacidad de oposición.
Perón dejó un movimiento que hizo de la organización una herramienta de poder. Ochenta y un años después, sus herederos tienen gobernadores, intendentes, sindicatos, legisladores y militantes. Lo que todavía no consiguen es convertir toda esa estructura en una estrategia compartida.
El Día de la Lealtad tendrá varios escenarios, pero la prueba de la oposición no está en los actos: está en el Congreso y en las respuestas que pueda ofrecer a los trabajadores. Por ahora, el peronismo parece tener más facilidad para contar dirigentes que para contar diputados.




























