Con 38 votos a favor, 31 en contra y 1 que seguro se quedó dormido, el Senado aprobó que el diputado que le declamaba poemas a Macri y le decía «populista» a todo lo que se mueva se vaya a tomar chocolate con waffles a Bruselas. Pagamos todos, claramente.
Lo logró. El sueño de todo tuitero que se respeta: pasar de escrachar opositores en la tele a escrachar opositores desde una embajada, pero con sueldo en euros y casa con calefacción central. Fernando Iglesias, el hombre que hizo de la provocación un estilo de vida, fue aprobado este jueves como embajador argentino ante Bélgica y la Unión Europea.
La votación fue más reñida que la final del Mundial: 38 afirmativos, 31 negativos y una abstención que debe ser de algún senador que se confundió de botón. Números que demuestran que, incluso en un país donde los cargos diplomáticos suelen ser un premio consuelo para políticos sin destino, Iglesias logró polarizar hasta el último segundo.
QUIÉN ES EL PIBE QUE NOS VA A REPRESENTAR (O A VERGONZAR, SEGÚN SE MIRE)
Para los que vivieron en una cueva los últimos 15 años, Fernando Iglesias es ese señor que milita en el PRO desde que el PRO era un feto, que escribió como 50 libros donde explica por qué el peronismo es el mal absoluto, y que tiene una habilidad especial para decir cualquier barbaridad con una sonrisa de «yo tengo razón y vos sos un bruto». Su currículum incluye: columnista en todos los canales, tuitero profesional, y especialista en llamar «populista» hasta al que le cobra mal el vuelto en el kiosco.
Pero ahora le toca algo más serio: representar a la Argentina ante la Unión Europea. O sea, va a tener que hablar con belgas, con franceses, con alemanes. Tipos que no saben quién es Cristina, que no les importa la interna del PRO, y que probablemente nunca vieron un programa de chimentos. ¿Cómo va a explicar Iglesias que acá la oposición es «la casta» pero él es «diplomático»?. Veremos.
LAS PERLAS QUE DIJERON EN EL SENADO (Y QUE SON TODA LA RAZÓN PARA NO MANDARLO)
El debate en el Senado fue más jugoso que un asado de domingo. El senador José María Carambia, que debe tener una paciencia de santo, soltó: «Es pedante, soberbio, incapacitado para ejercer la función». Así, sin anestesia. Y no paró ahí: «Nos va a hacer pasar vergüenza». Mirá vos, Carambia, lo que es tener mala leche. ¿O será que leyó sus tuits?.
Carolina Moisés, otra senadora con el humor del día, agregó: «Tiene enormes limitaciones para el cargo». Fernando Salino fue más directo: «Nos vamos a oponer a que Fernando Iglesias ocupe la Embajada Argentina en Bélgica». Todos peronistas, todos con los mismos argumentos: que si los antecedentes, que si las posiciones públicas, que si el tipo no da el perfil.
Pero bueno, ellos son peronistas, qué van a saber de diplomacia. Seguro lo que pasa es que no entienden que ser confrontativo, descalificador y tener un ego del tamaño de la deuda externa son cualidades buscadas en el cuerpo diplomático belga.
LO QUE IGUAL NO ENTENDEMOS (O SÍ, PERO NOS HACEMOS)
La pregunta que flota en el aire, como el olor a frito en una pensión estudiantil, es: ¿Cuánto le va a pagar el Estado argentino a este digno representante de la corona cipaya para que se instale en Bruselas con casa propia, auto con chofer y viáticos para «representarnos»?.
Porque seamos claros: un embajador argentino en un país europeo no cobra dos mangos. Entre sueldo, gastos de representación, casa, personal y todos los beneficios que vienen con el cartelito de «Excelentísimo Señor Embajador», estamos hablando de una suma que haría llorar a más de un laburante. Estimaciones conservadoras hablan de unos 15 a 20 mil dólares mensuales entre todas las compensaciones. En pesos, una locura. En euros, también.
O sea, el mismo tipo que probablemente twitteó alguna vez contra «la casta política que se llena de privilegios», ahora va a vivir con todos los privilegios que la casta puede ofrecer. Pero no se preocupen, él no es casta. Él es un intelectual que va a defender los intereses argentinos. O al menos eso dice.
LO QUE VIENE (O CÓMO SOBREVIVIR A IGLESIAS EN EUROPA)
Ahora Iglesias tiene que pasar los pasos protocolares: que Bélgica lo acepte (¿leerán sus tuits en Bruselas?), que la Unión Europea le dé el visto bueno, y después empezar a trabajar. ¿Trabajar de qué?. De embajador. Que en criollo significa: ir a cócteles, conocer gente, hacer contactos, y cada tanto mandar un informe diciendo que todo va bien.
Lo más divertido va a ser cuando tenga que sentarse a negociar algo con funcionarios europeos. Imaginemos la escena: un tipo que no puede discutir con un peronista en la tele sin perder los estribos, ahora negociando acuerdos comerciales con alemanes que hablan en perfecto inglés y no le tienen paciencia a nadie. Va a ser como poner a un gato a cuidar una pecera.
LO QUE NOS DEJA ESTA JORNADA
Mientras tanto, acá en Argentina, seguimos pagando impuestos para que Fernando Iglesias pueda disfrutar de los mejores chocolates del mundo, las mejores cervezas y la mejor arquitectura europea. Todo con nuestro esfuerzo. Porque claro, la «casta» es mala cuando son otros. Cuando son ellos, es «trayectoria» y «capacidad».
El mismo Senado que rechazaría cualquier aumento para jubilados aprobó sin problemas que este señor se vaya a vivir a Bélgica con todos los gastos pagos. Porque la patria, se sabe, se defiende desde Bruselas. Con waffles.
EL DATO FINAL (PARA LA RISA)
En la misma sesión, mientras aprobaban a Iglesias, también le dieron media sanción a la reforma de la Ley de Glaciares y aprobaron el acuerdo Mercosur-UE. O sea: en un solo día, el Senado se encargó de habilitar el saqueo de los glaciares, entregar el mercado a Europa y mandar a Fernando Iglesias a Bélgica. Si no es una trilogía del desastre, que venga un dios y lo explique.
Pero bueno, felicitaciones, Fernando. Que la disfrutes. Acá te vamos a seguir, como siempre, pagando los platos rotos y mirando cómo te va. Si algún día te cruzás a un argentino por Bruselas, acordate de invitarle un chocolate. Con nuestro dinero, al menos eso podés hacer.



























