Con 69 votos a favor, el acuerdo Mercosur-UE es ley. El oficialismo también logra la designación de Fernando Iglesias como embajador y acumula otro triunfo en su carrera legislativa. El presidente lo celebra con un tuit críptico: «3-0. ¡VLLC!». El canciller Pablo Quirno cierra con su firma: «Cumplimos». Tres victorias en un día, dicen. El plan avanza.
BUENOS AIRES, 26 de febrero de 2026 – El Senado aprobó esta tarde el Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea con 69 votos a favor y solo 3 en contra . Un respaldo casi unánime que cierra 26 años de negociaciones iniciadas en 1999 . El canciller Pablo Quirno lo celebró en redes: «Nos comprometimos a tratarlo y aprobarlo en extraordinarias. Cumplimos» . El presidente Javier Milei, fiel a su estilo, resumió la jornada con un tuit críptico: «3-0. ¡VLLC!» .
Pero detrás del triunfalismo oficial, el acuerdo es mucho más que un partido de fútbol. Es un tratado de libre comercio que redefine las reglas de juego para la economía argentina. Y como en todo partido, hay ganadores y perdedores.

QUÉ SIGNIFICA EL ACUERDO (Y A QUIÉN BENEFICIA)
El tratado eliminará aranceles para el 92% de los productos que el Mercosur exporta a Europa . Para Argentina, las proyecciones oficiales hablan de un incremento del 122% en exportaciones en diez años, con especial impacto en:
✅ Energía y minería: atracción de capitales para proyectos de gran escala.
✅ Agroindustria: acceso preferencial a uno de los mercados más exigentes del mundo.
✅ Sector industrial: fomento de la competitividad y modernización tecnológica .
Los principales beneficiarios son claros: los grandes grupos económicos, las multinacionales, los exportadores de commodities. Sectores que ya concentran la riqueza y que, con este acuerdo, amplían su mercado sin mayores exigencias.
A QUIÉN PERJUDICA (Y POR QUÉ NO SE DICE)
Lo que el gobierno no dice es que el acuerdo también implica una apertura masiva a las importaciones europeas. Productos industriales europeos, muchos de ellos subsidiados y con economías de escala, podrán ingresar con menores aranceles, compitiendo directamente con la producción local.
Los más perjudicados serán:
📉 La pequeña y mediana industria: sectores como textil, metalmecánico, calzado, muebles, que ya vienen golpeados por la recesión y la caída del consumo, enfrentarán una competencia imposible. Muchas no sobrevivirán.
📉 El empleo industrial: la industria manufacturera es intensiva en mano de obra. Si las fábricas cierran, los trabajadores pierden. Y en un contexto donde ya se perdieron 190.000 empleos privados registrados, cualquier golpe adicional es letal.
📉 Las economías regionales: sectores como el vitivinícola, el olivícola o el frutícola, que podrían beneficiarse en teoría, en la práctica enfrentan barreras sanitarias y fitosanitarias europeas que son difíciles de sortear para pequeños productores.
EL MITO DEL «CRECIMIENTO PARA TODOS»
El gobierno insiste en que el acuerdo traerá «mayor inversión, mayor crecimiento y mayor empleo» . Pero la historia muestra que los tratados de libre comercio no generan automáticamente bienestar distribuido. Lo que generan es una reestructuración de la economía: los sectores competitivos ganan, los que no, desaparecen. Y los trabajadores, mientras tanto, quedan en el medio.
En un país donde la industria ya está debilitada, donde las pymes cierran a razón de 20.000 en dos años, donde la informalidad alcanza récords, abrir las importaciones sin protección es como mandar a un boxeador de peso mosca contra un peso pesado. El resultado se sabe de antemano.
QUIÉNES SE ALEGRAN (Y POR QUÉ)
El canciller Quirno celebró con un tuit que incluye la sigla TMAP: «Todo marcha de acuerdo al plan» . El presidente Milei lo sintetizó en un «3-0». El ministro del Interior, Diego Santilli, siguió el debate hasta el final . Patricia Bullrich, una de las «líderes del equipo», también fue mencionada .
Todos ellos festejan porque el acuerdo es una victoria política y simbólica. Les da legitimidad internacional, muestra capacidad de gestión y alimenta el relato de que «Argentina se abre al mundo». Pero también porque responde a los intereses de los sectores que los apoyan: las grandes cámaras empresariales, los grupos concentrados, el capital internacional.
Lo que no celebran son los efectos colaterales. Porque esos efectos no los pagan ellos. Los pagan los trabajadores, las pymes, las economías regionales.
EL CONTEXTO DE UNA JORNADA INTENSA
Mientras los senadores votaban y los funcionarios tuiteaban, afuera del Congreso ocurría otra cosa. Un grupo de activistas de Greenpeace protestaba pacíficamente contra la reforma de la Ley de Glaciares . Fueron detenidos. Un camarógrafo de A24 que filmaba desde la vereda fue gaseado, golpeado y esposado . Periodistas recibieron gas pimienta en los ojos.
La senadora provincial Florencia Arietto (PRO) tuiteó: «Excelente la Policía Federal». Y justificó: «Nadie tiene coronita» .
Esa es la otra cara del «plan». La que no aparece en los tuits triunfales. La que golpea, reprime y calla.
SIN EMBARGO….
El acuerdo con Europa es un hecho. 26 años de negociación, 69 votos a favor, una firma en Asunción, una celebración en redes. Pero la pregunta que ningún funcionario responde es simple: ¿quién va a pagar los costos de esta apertura?.
Porque en la Argentina del ajuste, los costos nunca los pagan los que celebran. Los pagan los que trabajan, los que producen, los que pierden el empleo cuando la fábrica cierra. Los que, mientras los senadores votan, reciben gas en la cara por filmar la protesta.
3-0, dice Javier Milei. Tres victorias en un día. Un acuerdo histórico con Europa que beneficia a grandes exportadores y pone en jaque a la industria local. El gobierno canta victoria. Los trabajadores y las pymes, mientras tanto, esperan el próximo golpe.



























