El sacerdote que durante 15 años fue párroco de la exclusiva iglesia Sagrada Familia en Nordelta, que bendecía casas en cuarentena montado en una camioneta y pedía donaciones por transferencia bancaria, fue hallado culpable por el Vaticano de abusar sexualmente de un niño. Los hechos ocurrieron entre 2003 y 2004, pero recién ahora, más de dos décadas después, la Iglesia lo condenó con la «prohibición perpetua» para ejercer cualquier oficio eclesiástico. Mientras tanto, durante años ofició misas, dio catequesis y fue capellán de colegios católicos en el barrio cerrado más lujoso del país. Su historia expone no solo la hipocresía de un depredador con sotana, sino también el silencio cómplice de una comunidad que lo aplaudía mientras bendecía desde la caja de una 4×4.
Buenos Aires, 3 de marzo de 2026 – Damián Rodríguez Alcobendas, de 68 años, fue durante 15 años el rostro visible de la Iglesia católica en Nordelta. Llegó en 2009 y se convirtió en el párroco de la Sagrada Familia, una iglesia cuya construcción él mismo motorizó y que fue inaugurada en 2016 . Oficiaba misas, daba catequesis, era capellán de varios colegios católicos dentro del complejo. Era conocido como el «padre Damián». Los vecinos lo respetaban. Algunos lo admiraban. Otros, según cuentan, lo encontraban «poco tolerante» con los niños que lloraban en misa .
Hoy, el Vaticano lo condenó por abusar sexualmente de un menor.
La decisión fue tomada por el Colegio para el Examen de los Recursos en Materia de Delitos Graves de la Santa Sede, que rechazó la apelación presentada por el sacerdote y confirmó su culpabilidad en el «delito grave contra el sexto mandamiento cometido con un menor» . La sanción incluye la prohibición perpetua para ejercer todo oficio eclesiástico, cualquier función directiva o administrativa en parroquias, seminarios o institutos, y la prohibición absoluta de ejercer tutorías o asesoramiento a menores . Además, se le impuso una pena de cinco años sin poder ejercer públicamente el ministerio sacerdotal. Si incumple, será expulsado definitivamente de la Iglesia .
El abuso que la Justicia argentina no pudo juzgar
Los hechos por los que fue condenado ocurrieron entre 2003 y 2004, mucho antes de que Rodríguez Alcobendas se convirtiera en la figura pública que luego sería. Según informaron fuentes eclesiásticas, el abuso no ocurrió en el ámbito de los colegios donde oficiaba, sino en su vida privada . La víctima denunció ante la Iglesia recién veinte años después, cuando el delito ya había prescripto para la Justicia penal argentina, por lo que el caso solo pudo ser juzgado en los tribunales canónicos .
El Obispado de San Isidro, a cargo de monseñor Guillermo Caride, emitió un comunicado en el que expresó «su cercanía con la víctima de este delito grave» y pidió «perdón por el dolor y la herida que ha padecido» . También extendieron el pedido a todas las víctimas de abuso, reafirmando su «disposición permanente a escuchar, acompañar y actuar con responsabilidad» .
El show mediático del «cura de la 4×4»
Mientras tanto, durante la pandemia, Rodríguez Alcobendas construyó su propio mito. En abril de 2020, en plena cuarentena estricta, envió un mail a los vecinos de Nordelta anunciando que iba a bendecir las casas desde una camioneta 4×4. Las condiciones: las familias debían colocar un «pequeño altar» en la puerta y reunirse allí. Sin barbijo, pese a que era obligatorio, recorrió los barrios de La Mansa, Lago Escondido, Islas de Golf y Santa Bárbara .
El video se viralizó. El «padre Damián» se convirtió en una celebridad mediática. Y en ese contexto, pidió donaciones por código QR y transferencias bancarias para sostener los gastos de la parroquia . Los vecinos, encerrados en sus casas de lujo, transferían dinero a un cura que, años después, el Vaticano condenaría por abuso sexual.
El perfil de un depredador con sotana
La revista Locally, producida dentro de Nordelta, describió al sacerdote como «una figura central en la vida religiosa» del barrio, con sermones «claros y directos» . Sin embargo, también señalaron que había aspectos de su personalidad que generaban incomodidad. Durante las misas, solía interrumpir las celebraciones para llamar la atención a padres cuyos hijos lloraban o se movían. Incluso impulsó la creación de una pequeña sala vidriada al fondo del templo para que las familias con niños pequeños pudieran seguir la ceremonia desde allí, una medida que él justificaba como necesaria para mantener el orden, pero que muchos fieles consideraron excesiva .
En 2015, antes de la inauguración de la iglesia, fue apartado de funciones en el ámbito escolar tras un incidente denunciado por padres, quienes señalaron que habría existido una situación de maltrato hacia un alumno. El hecho generó fuerte repercusión en ese momento dentro de la comunidad educativa del Colegio Cardenal Pironio .
Otro rasgo que llamaba la atención era su particular sentido del humor —o franqueza— en fechas personales. En sus cumpleaños, solía mencionar públicamente qué tipo de obsequios prefería recibir, desde vinos de determinada calidad hasta cápsulas de café, algo que algunos tomaban con simpatía y otros con sorpresa .
El silencio cómplice de Nordelta
Tras conocerse la condena, las reacciones en Nordelta fueron diversas. Según relevó Locally, en grupos de WhatsApp y conversaciones entre vecinos aparecieron mensajes de enojo, incredulidad y también de defensa. Algunos expresaron indignación y tristeza; otros, sorpresa y dificultad para asimilar la noticia; y un grupo menor sostuvo su apoyo personal hacia el sacerdote . «Hay quienes lo respetan y se sienten incrédulos frente a esto y muchos otros que muestran su indignación, repudio y enojo», señaló un vecino a El País .
La figura de Damián, que durante años fue central en la vida religiosa de Nordelta, hoy vuelve al centro del debate, atravesada por sentimientos encontrados en una comunidad que lo conoció de cerca. Consultada por Locally, su respuesta fue breve: «Prefiero por ahora no hacer ninguna declaración. Máxime que no estoy más como cura de Nordelta hace más de un año» .
En 2024, ya con el proceso judicial avanzado y habiendo tomado público conocimiento las denuncias que había en torno a su persona, Rodríguez Alcobendas fue enviado como capellán del convento de Pacheco de las Hermanas Siervas de María, donde se encontraba antes de que la sanción quedara firme.
📍 15 años en Nordelta, misas multitudinarias, bendiciones en 4×4, códigos QR para donaciones y un secreto a voces que la Iglesia guardó durante más de 20 años. Damián Rodríguez Alcobendas ya tiene su condena canónica. Pero la pregunta que queda flotando es cuántos niños pasaron por sus catequesis mientras él construía su imagen de cura mediático. Y cuánto más va a seguir protegiendo la Iglesia a los suyos antes de que la Justicia civil pueda actuar. La hipocresía, como siempre, viste de sotana.



























