Rodolfo Bullrich representa al Santander en un juicio donde lo acusan de aplicar tasas usurarias. El magistrado que debe resolver el caso busca ascender a camarista y su pliego pasa por el Senado, donde Patricia Bullrich deberá votar. La República encontró una manera práctica de ahorrar trámites: poner a toda la familia en el mismo expediente.
Fernando D’Alessandro tiene un problema bastante sencillo: debe resolver un juicio contra el Santander y, al mismo tiempo, conseguir que el Senado apruebe su ascenso a camarista.
El Santander también tiene abogado.
Se llama Rodolfo Bullrich.
Y entre quienes deberán votar el pliego está Patricia Bullrich.
No es nepotismo. Es home banking familiar.
El demandante acusa al banco de haber llevado una deuda de $52 millones a $77 millones en apenas cuatro meses, mediante $21 millones de intereses y otros $4 millones de IVA sobre esos intereses. La inflación del período, según los datos citados en la causa, fue del 6,02%.
El Santander consiguió aproximadamente 50%.
Si eso es inflación, Caputo acaba de perder el empleo.
La parte demandante sostiene además que el límite de compra de las tarjetas era de $18 millones y cuestiona una liquidación que considera opaca. También denunció ante la Justicia penal una presunta “usura crediticia”.
Por ahora son acusaciones que deberán resolverse judicialmente.
Y ahí reaparece D’Alessandro.
El juez que debe decidir si el banco se pasó con los intereses ahora espera saber cuánto interés despierta su pliego en el Senado.
Rodolfo Bullrich integra Nicholson & Cano, el estudio que representa a Santander. Su managing partner, Santiago Nicholson, además participó del almuerzo privado que Patricia Bullrich mantuvo con una treintena de empresarios durante el Coloquio de IDEA.
Argentina tiene 46 millones de habitantes.
Pero algunos expedientes parecen escritos en un monoambiente.
La denuncia también describe una supuesta bicicleta financiera mediante Mercado Pago: dinero extraído de las tarjetas que volvía como pago mínimo para mantener funcionando una deuda cada vez mayor. El banco habría seguido cobrando comisiones e intereses durante el circuito.
Una bicicleta impecable.
El cliente pedaleaba y el banco cobraba el alquiler de la bicicleta, el aire de las ruedas y los intereses por llegar cansado.
Además, el denunciante asegura haber recibido mensajes y reclamos de cobranza que habrían alcanzado incluso a antiguos empleadores y a su cónyuge, pese a que ella no era titular de las cuentas.
Cuando dicen que el banco quiere estar cerca de vos, evidentemente no estaban haciendo publicidad.
Nada de esto demuestra que Patricia Bullrich haya intervenido en el expediente ni que D’Alessandro haya condicionado sus decisiones. Precisamente por eso el problema es otro: la apariencia de conflicto de interés es tan grande que no necesita intereses para crecer.
El primo representa al banco.
El juez decide sobre el banco.
La prima vota el ascenso del juez.
Y el banco espera sentencia.
Santander podrá estar acusado de cobrar intereses demasiado altos, pero el interés que genera la familia Bullrich ya directamente no tiene tasa máxima.



























