Rosenkrantz se resiste a acompañar una cautelar que protegería los límites a la extranjerización y obligó a convocar dos conjueces. Rosatti y Lorenzetti estarían dispuestos a revisar el escenario después del repudio que provocó el fallo anterior. La Corte descubrió una nueva rama del derecho: jurisprudencia con control de daños.
La Corte Suprema tiene tres jueces para cinco sillones y acaba de necesitar dos suplentes porque ni siquiera los tres que quedan consiguen ponerse de acuerdo.
Es el máximo tribunal de la Nación.
Máximo, aparentemente, era por el precio del metro cuadrado.
El quilombo empezó después de que la Corte rechazara el planteo de excombatientes de Malvinas contra el DNU 70, en una decisión que dejó sin protección cautelar los límites a la venta de tierras rurales a extranjeros.
La reacción fue tan cariñosa que el tribunal tuvo que sacar un comunicado aclarando que no había dicho exactamente lo que todo el mundo había entendido.
Cuando una sentencia necesita servicio posventa, algo salió raro de fábrica.
Ahora apareció otro planteo, impulsado por la organización Árbol de Pie, vinculada a la legisladora rionegrina Magdalena Odarda. Rosatti y Lorenzetti estarían dispuestos a conceder la cautelar.
Rosenkrantz, no.
Y como la Corte funciona con tres jueces pero necesita mayoría sobre cinco, hubo que llamar a Diego Barroetaveña y Juan Ignacio Pérez Curci como conjueces.
La Justicia argentina llegó al banco de suplentes.
El clima interno tampoco ayuda. Rosenkrantz habría quedado furioso porque, durante una actividad en San Martín de los Andes, Rosatti y Lorenzetti consiguieron escabullirse antes de un escrache contra el fallo.
Él quedó.
Después declaró que los jueces deben tener “temple”.
Hermoso concepto cuando tus compañeros ya pidieron el Uber.
Ahora Rosenkrantz insiste en mantener su posición mientras sus colegas buscan una salida jurídica al incendio político.
La escena es preciosa:
—¿Qué dice la Constitución?
—Esperá.
—¿Qué?
—Estamos viendo qué dicen las redes.
El problema excede la interna. El Gobierno también necesita que el conflicto se desinfle porque el fallo complicó las negociaciones parlamentarias justo cuando intenta conseguir votos para el Presupuesto y la suspensión de las PASO.
Un diputado libertario lo resumió perfectamente: si quisieron ayudar a Milei, “el tiro salió por la culata”.
La Corte quiso darle aire al Gobierno y terminó consiguiendo que hasta el Gobierno espere otro fallo de la Corte para arreglar el fallo de la Corte.
República circular.
Mientras tanto, la oposición busca los diputados que le faltan para avanzar contra el DNU 70. Si consigue derogarlo, el problema de las tierras sería apenas una parte del cadáver.
Por eso ahora todas las miradas están sobre los dos conjueces.
Cinco magistrados para resolver qué hacer con una cautelar.
Tres titulares.
Dos suplentes.
Una interna.
Y millones de hectáreas mirando.
La tierra argentina todavía no sabe quién puede comprarla. La Corte, por las dudas, ya está buscando quién le compre el fallo.



























