El periodista argentino Esteban Schoj reúne en su primer libro más de una década de crónicas sobre los Rolling Stones, publicadas principalmente en Tiempo Argentino entre 2014 y 2026. Con el tiempo de su lado. Crónicas sobre los Rolling Stones, editado por Minton Ediciones, recorre seis décadas de historia Stone con una particularidad: Londres es el origen, pero Argentina termina convirtiéndose en uno de los grandes territorios emocionales del relato.
Doce años escribiendo un libro sin saberlo
¿Qué se puede escribir sobre los Rolling Stones que todavía no haya sido escrito?. La pregunta es casi una provocación después de más de seis décadas de discos, giras, excesos, biografías, documentales, fotografías, separaciones anunciadas, reconciliaciones y conciertos multitudinarios. Esteban Schoj comienza Con el tiempo de su lado enfrentándose precisamente a ese problema. La respuesta apareció cuando revisó su propio archivo: hacía más de una década que estaba escribiendo el libro sin saber que terminaría convirtiéndose en uno.
Las crónicas que componen buena parte de la obra fueron publicadas originalmente en Tiempo Argentino entre 2014 y 2026. Allí están los aniversarios de discos fundamentales, lanzamientos y relanzamientos, giras, conciertos, cumpleaños, muertes, encuentros y acontecimientos que fueron marcando la trayectoria de la banda. Para convertir ese archivo periodístico en libro, Schoj no se limitó a encuadernar artículos: revisó, corrigió y actualizó los textos, modificó su disposición original para construir una cronología y agregó capítulos escritos específicamente para darle continuidad narrativa al conjunto.
El resultado es Con el tiempo de su lado. Crónicas sobre los Rolling Stones, primer libro de Schoj, periodista nacido en Morón en 1986, docente y seguidor de la banda británica. La primera edición, publicada en Buenos Aires en 2026, tiene 170 páginas y lleva el sello de Minton Ediciones, iniciativa impulsada por Colectivo Flota Negra Grupo Editor. La edición estuvo a cargo de Roberto Ruiz, mientras Tony Vardé realizó la corrección literaria y maquetación y Mariana Dinelli el diseño de portada y la fotografía de solapa.
Pero definirlo solamente como una historia de los Rolling Stones sería quedarse corto. Schoj construye una cronología de la banda y, al mismo tiempo, una historia de la manera en que Argentina aprendió a escucharla, apropiársela y convertirla en algo que excedió ampliamente la música.

Del Marquee a River, pero mirando desde Argentina
El libro comienza mucho antes de que una lengua roja apareciera multiplicada en remeras, banderas y paredes de Buenos Aires. Schoj reconstruye el nacimiento de los Stones desde aquel 12 de julio de 1962 en el Marquee de Londres. No existe una grabación conocida de esa actuación y el periodista utiliza precisamente ese vacío para abrir la narración: imagina cuál pudo haber sido el sonido de Kansas City, la canción con la que aquella formación habría roto el silencio de su primera noche sobre un escenario. La imaginación, sin embargo, nunca suplanta al dato: Schoj señala aquello que está documentado y aquello que apenas podemos reconstruir.
Ese procedimiento explica buena parte de la eficacia del libro. Schoj conoce demasiado a los Stones como para fingir distancia, pero es demasiado periodista como para permitir que la devoción sustituya a la información. Su escritura se mueve permanentemente entre esos dos lugares.
El prólogo de Diego Perri identifica precisamente esa tensión. Describe las crónicas como detalladas, descriptivas y sensibles, capaces de combinar precisión informativa con la pasión del seguidor. Los textos, sostiene, contienen datos, números y documentación, pero detrás de ellos funciona también un “rescate emotivo”: Schoj escribe desde el conocimiento, aunque inevitablemente atravesado por el vínculo afectivo con la banda.
No es un defecto que el libro intente ocultar. Es su punto de vista.
Porque Con el tiempo de su lado tampoco pretende construir una supuesta mirada universal sobre los Rolling Stones. Schoj advierte desde la introducción que existe un abordaje “bien argentino” que atraviesa sus páginas. Las voces de seguidores, las entrevistas y la experiencia de la banda en el país funcionan como parte de esa construcción.
Y allí aparece probablemente lo más interesante del volumen.

Antes de los Stones estuvo la música negra
Volver al origen de los Rolling Stones obliga también a regresar al blues y a los músicos afroestadounidenses que hicieron posible la existencia musical de la banda. El libro no puede contar una historia sin contar la otra.
En octubre de 1961, Mick Jagger y Keith Richards, antiguos compañeros de escuela primaria, volvieron a encontrarse en la estación de Dartford. Jagger llevaba discos que llamaron la atención de Richards. Entre ellos estaban Rockin’ at the Hops, de Chuck Berry, y The Best of Muddy Waters. Ese reconocimiento musical permitió recomponer la amistad y colocó la primera piedra de una sociedad creativa que atravesaría las siguientes seis décadas.
No es un detalle decorativo dentro de la genealogía Stone. El blues constituye uno de sus cimientos.
Perri lo señala directamente en el prólogo cuando recuerda la fascinación temprana del grupo por músicos negros y la permanencia de aquella herencia blusera a lo largo de su carrera. Schoj, por su parte, reconstruye aquellos primeros años mostrando a Jagger, Richards y Brian Jones encerrados durante horas en el precario departamento de Edith Grove escuchando blues estadounidense, rhythm and blues y country blues mientras perfeccionaban su forma de tocar.
Esa genealogía permite leer de otra manera una banda que posteriormente sería convertida en monumento de la cultura británica: antes de llenar estadios, los Stones eran jóvenes ingleses obsesionados con músicas negras nacidas al otro lado del Atlántico.
El recorrido posterior del libro conserva esas conexiones. Cuando Schoj entra en Sticky Fingers, por ejemplo, aparecen el blues, el soul, el góspel, el country y nombres como Bobby Keys y Billy Preston. No describe solamente una colección de canciones: reconstruye una trama musical y cultural mucho más amplia.

Los discos como documentos de época
Uno de los riesgos de cualquier libro construido parcialmente a partir de efemérides es transformarse en una sucesión de aniversarios. Schoj intenta escapar de esa lógica reorganizando las crónicas según el momento histórico al que pertenecen y no según la fecha en que fueron publicadas. Eso permite que álbumes y conciertos funcionen como estaciones de una historia mayor.
Sticky Fingers es un buen ejemplo. Schoj lo sitúa como una ruptura dentro de la trayectoria de la banda: significó el final del contrato con Decca, fue el primer álbum publicado bajo Rolling Stones Records y coincidió con la aparición de la lengua diseñada por John Pasche, convertida después en uno de los símbolos más reconocibles de la cultura rock. La provocación también estaba en aquella famosa portada vinculada a Andy Warhol, censurada durante la dictadura franquista española.
El periodista puede detenerse en una guitarra, una portada, un contrato discográfico o una anécdota de estudio porque su objeto real no es solamente la canción. Está reconstruyendo la maquinaria cultural que convirtió a los Stones en los Stones.
El índice permite dimensionar esa ambición. Desde el nacimiento de la banda hasta Sticky Fingers, Exile on Main St., Goats Head Soup, Tattoo You, Voodoo Lounge y Hackney Diamonds, el libro avanza hacia Charlie Watts, Ronnie Wood, Mick Jagger, Keith Richards y episodios específicamente argentinos. También incorpora una entrevista con Bernard Fowler, histórico corista de los Stones, quien resume parte de ese vínculo desde el otro lado: le gusta estar en el país porque, sencillamente, “Argentina ama el rock n’ roll”.
Pero para entender por qué Argentina ocupa semejante espacio primero hay que regresar a 1992.
Keith Richards llegó antes
Tres años antes del desembarco oficial de los Rolling Stones, Keith Richards hizo algo decisivo.
El 7 de noviembre de 1992 se presentó en el estadio de Vélez para iniciar el Main Offender Tour. Richards acababa de publicar su segundo álbum solista y aquella actuación terminó siendo mucho más que la visita individual de una estrella internacional: para Schoj representa el comienzo de otra historia, la del vínculo directo entre un Stone y el público argentino. Las imágenes de aquella estadía terminaron incluso formando parte del videoclip de Eileen.
Richards recordaría después la energía de aquel estadio con unas 40 mil personas y cómo terminó convencido de que los Stones tenían en Argentina un público extraordinario. Schoj recupera incluso una pequeña escena doméstica: Bert, el padre de Keith, despertándose mientras desde afuera llegaban los cantos de los seguidores argentinos coreando el apellido Richards.
Lo que parecía una escala de una gira solista terminó funcionando como prólogo.
Tres años después ocurrió el estallido.
1995: cuando los Stones dejaron de ser solamente una banda extranjera
El 9 de febrero de 1995 los Rolling Stones tocaron por primera vez en el estadio Monumental. Para Schoj, ese momento divide la historia local en un antes y un después. Después de más de treinta años de espera, varias generaciones dejaron de conocer a la banda exclusivamente por discos, casetes, CD, fotografías y radios. Finalmente estaban ahí.
Aquella primera visita dejó unas 300 mil entradas vendidas y una recaudación cercana a los 20 millones de dólares, según los datos recuperados por el autor. Pero la importancia que le atribuye no se mide únicamente en boletería. Muchos niños y adolescentes encontraron entonces una banda que posteriormente volverían a ver en 1998, 2006 o durante los conciertos de La Plata de 2016.
Aquí Con el tiempo de su lado abandona definitivamente el territorio de una biografía musical convencional.
Schoj sostiene que los Rolling Stones constituyen en Argentina un fenómeno social y cultural, y que los rolingas condensan un proceso atravesado también por dimensiones económicas y políticas. Ubica particularmente a los jóvenes de los noventa dentro de una Argentina marcada por políticas neoliberales y excluyentes, y señala al rock como uno de los espacios de refugio de aquella generación.
Esa interpretación es probablemente una de las ideas que justifican la existencia del libro frente a la biblioteca gigantesca ya dedicada a Jagger, Richards y compañía.
Porque la historia mundial de los Rolling Stones puede encontrarse en centenares de publicaciones. La historia de lo que los Rolling Stones hicieron dentro de la cultura popular argentina es otra cosa.
Schoj observa seguidores que cantan canciones en un idioma que muchos no dominan, generaciones que heredan la pertenencia y una estética que desbordó al grupo hasta convertirse en identidad. En ese proceso, escribe, miles de argentinos terminaron haciendo de aquella música una actitud frente a la vida, “sacándole la lengua a lo convencional y establecido”.

Periodismo, archivo y memoria
Con el tiempo de su lado funciona entonces en tres niveles simultáneos. Es una historia de los Rolling Stones, es el archivo de doce años de trabajo periodístico y es también una memoria argentina de la banda.
Eso explica por qué la forma elegida por Schoj importa tanto como el contenido.
Una noticia envejece. Una crónica puede sobrevivir.
Al recuperar artículos escritos originalmente para un diario y reorganizarlos dentro de otra estructura, el autor modifica su sentido. La efeméride deja de ser el destino del texto y pasa a convertirse en documento de una época. Schoj incluso conserva al final de los capítulos las fechas de publicación originales para que el lector pueda rastrear aquella primera vida periodística de las piezas.
En tiempos en que una parte enorme del periodismo cultural nace, circula durante unas horas por redes sociales y desaparece empujada por el siguiente contenido, esa operación adquiere un valor adicional. El libro recupera el archivo como memoria.
Y probablemente allí esté la respuesta definitiva a aquella pregunta que Schoj se hacía frente a la página en blanco: sí quedaba algo por escribir sobre los Rolling Stones.
No necesariamente porque faltaran acontecimientos por contar, sino porque faltaba contar desde dónde habían sido vividos.
Desde Morón. Desde Vélez. Desde River. Desde La Plata. Desde las páginas de un diario argentino. Desde los discos que pasaron de padres a hijos. Desde quienes esperaron treinta años para verlos y desde quienes nacieron cuando la lengua Stone ya formaba parte del paisaje cultural del país.
Los Rolling Stones nacieron en Londres. Su música salió del blues, atravesó océanos, sobrevivió generaciones y terminó encontrando en Argentina algo difícil de explicar solamente con cifras de entradas vendidas.
Esteban Schoj decidió explicarlo desde el periodismo.
Y después de doce años descubrió que aquellas crónicas dispersas ya eran un libro.



























