Los últimos datos oficiales registraron 3.614 muertes por suicidio durante 2024. Nicolás Kreplak advirtió sobre el crecimiento del problema y denunció la ausencia de una política sanitaria nacional capaz de responder a una crisis compleja y prevenible.
El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, alertó sobre el aumento de las muertes por suicidio en la Argentina y reclamó una política pública integral que incluya prevención, atención, medicamentos, capacitación profesional y seguimiento de las personas atravesadas por padecimientos de salud mental.
“Los datos son muy preocupantes”, afirmó el funcionario. También sostuvo que actualmente una persona tiene tres veces más probabilidades de morir por suicidio que de ser asesinada y calificó el problema como una realidad grave que permanece prácticamente silenciada.
La advertencia de Kreplak señala una crisis sanitaria confirmada, aunque algunas de sus comparaciones requieren precisiones. Los registros disponibles proceden de organismos diferentes, utilizan metodologías distintas y no siempre permiten establecer relaciones directas entre suicidios, homicidios y muertes viales.
Los últimos datos oficiales
Según las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud, durante 2024 se registraron 3.614 muertes por suicidio en la Argentina. Esa cifra equivale a una tasa de 7,8 casos cada 100.000 habitantes.
Del total, 2.892 correspondieron a varones y 720 a mujeres. Esto significa que cuatro de cada cinco personas fallecidas fueron varones.
Los registros también muestran una fuerte incidencia entre adolescentes y adultos jóvenes. Durante 2024 se contabilizaron 787 muertes en adolescentes y 957 entre jóvenes adultos.
El suicidio se convirtió en la principal causa individual de muerte entre adolescentes y jóvenes de 15 a 34 años. No obstante, la afirmación de Kreplak utilizó la franja de 15 a 35 años, mientras que las estadísticas sanitarias suelen organizar la información mediante grupos quinquenales. Esa diferencia no altera la gravedad del fenómeno, pero debe ser aclarada.
Entre abril de 2023 y abril de 2025, el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud recibió 15.807 notificaciones de intentos de suicidio. Las tasas más elevadas se concentraron entre los 15 y los 24 años. El 60% de los episodios notificados correspondió a mujeres, pero la letalidad fue cinco veces mayor entre los varones.
Una comparación que necesita contexto
La frase “es tres veces más probable suicidarte a que te maten” puede resultar compatible con determinadas comparaciones entre registros policiales recientes de suicidios y homicidios. Sin embargo, no constituye una relación universal aplicable de la misma manera a todas las edades, regiones y grupos sociales.
El Ministerio de Salud registró 3.614 suicidios durante 2024. El Ministerio de Seguridad informó una cifra superior para ese mismo período porque trabaja con registros policiales y otra metodología. Comparar esa segunda fuente con las estadísticas criminales puede producir una relación cercana a tres suicidios por cada homicidio.
Ambas bases no deben mezclarse sin aclaraciones. Los certificados de defunción, las actuaciones policiales y los informes judiciales tienen diferentes tiempos de consolidación y criterios de clasificación.
Tampoco está respaldada por los últimos datos comparables la afirmación de que las muertes por suicidio superan la suma de los homicidios y las víctimas de siniestros viales. La Agencia Nacional de Seguridad Vial registró 4.369 víctimas fatales solamente durante 2023. Al agregar los homicidios, la suma supera ampliamente los 3.614 suicidios contabilizados por Salud en 2024.
El suicidio no necesita cifras exageradas para ser considerado una emergencia sanitaria. Los datos disponibles ya muestran por sí mismos una situación extremadamente grave.
No existe una causa única
Kreplak vinculó el crecimiento de los suicidios con las condiciones socioeconómicas, la falta de perspectivas y la incertidumbre que atraviesa a las generaciones jóvenes.
Esas condiciones pueden aumentar la vulnerabilidad, pero el suicidio no responde a una causa única. Se trata de un fenómeno complejo en el que interactúan factores personales, familiares, sociales, económicos, comunitarios y sanitarios.
Entre los antecedentes identificados con mayor frecuencia aparecen los padecimientos de salud mental, los intentos anteriores, el consumo problemático de sustancias, la violencia, los abusos, el aislamiento, la discriminación, las pérdidas afectivas y la ausencia de redes de contención.
El desempleo, la precarización laboral, el endeudamiento, la pobreza y la imposibilidad de construir un proyecto de vida también pueden intensificar el sufrimiento. Sin embargo, no debe establecerse una relación automática entre una dificultad económica y una muerte por suicidio.
Reducir cada caso a una explicación individual invisibiliza las condiciones sociales. Atribuirlo exclusivamente a la economía desconoce su carácter multicausal. Una política responsable debe contemplar ambas dimensiones.
Kreplak denunció el retiro del Estado nacional
El ministro bonaerense cuestionó la reducción de recursos nacionales destinados a salud mental y denunció la interrupción de programas, residencias, capacitaciones y distribución de medicamentos.
“Me preocupa muchísimo la ausencia absoluta de política sanitaria por parte del Estado nacional. No tiene recursos, no hay capacitación, no hay medicación, cerraron las residencias, cerraron todos los programas de salud mental y nos quitaron los medicamentos”, afirmó.
La denuncia resulta especialmente grave porque la prevención requiere una red pública permanente. Una línea telefónica puede intervenir durante una crisis, pero no reemplaza los consultorios, las guardias interdisciplinarias, los equipos territoriales, el acceso a medicamentos ni el seguimiento después de un intento.
El período posterior a una crisis o una internación requiere acompañamiento profesional y comunitario. Sin continuidad asistencial, la persona puede volver a quedar sola frente al mismo sufrimiento que originó la emergencia.
Hablar sin estigmatizar
Definir el suicidio como una “pandemia silenciosa” puede transmitir la dimensión del problema, pero no es una expresión sanitaria precisa. No se trata de una enfermedad contagiosa, sino de un fenómeno multicausal que necesita prevención, escucha y políticas sostenidas.
La cobertura periodística también debe evitar el sensacionalismo, las explicaciones simplistas y la descripción de métodos. El objetivo de informar no es producir miedo, sino facilitar la identificación de señales de alerta y acercar recursos de asistencia.
Hablar sobre suicidio de manera responsable no induce a una persona a hacerlo. La escucha sin prejuicios, el acompañamiento y la búsqueda de ayuda profesional pueden reducir el aislamiento y abrir una salida durante una crisis.
Si una persona expresa deseos de morir, desesperanza intensa o la sensación de que no existe una alternativa, la situación debe tomarse en serio. Es importante permanecer cerca, escuchar sin juzgar y contactar inmediatamente a un servicio de salud.
Dónde pedir ayuda
El Dispositivo Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental atiende en el 0800 999 0091. La línea es gratuita y funciona las 24 horas, todos los días del año, desde cualquier lugar del país.
Ante un riesgo inmediato, se debe llamar al 107, al 911 o concurrir a la guardia hospitalaria más cercana. No es necesario atravesar una crisis en soledad.
El suicidio puede prevenirse. Para hacerlo no alcanza con reconocer la gravedad de las estadísticas. Se necesitan equipos, medicamentos, presencia territorial, educación, trabajo, redes comunitarias y un Estado capaz de intervenir antes de que el sufrimiento se convierta en una emergencia.


























