La canasta de crianza del INDEC volvió a superar ampliamente los ingresos de millones de hogares. Para un niño de entre 6 y 12 años, solamente los bienes y servicios demandaron $361.566; el trabajo de cuidado agregó otros $335.702. El indicador también funciona como referencia para fijar cuotas alimentarias.
Criar a un hijo de entre 6 y 12 años costó $697.268 durante julio, una cifra equivalente a casi dos salarios mínimos completos. El dato difundido por el INDEC revela la distancia entre el ingreso legal que debería garantizar las necesidades básicas de una persona trabajadora y el dinero que realmente demanda sostener la vida cotidiana de un niño.
El Salario Mínimo, Vital y Móvil se encontraba en julio en $372.400. Esto significa que un hogar necesitó el equivalente al 187% de ese ingreso para cubrir la canasta de un solo hijo en edad escolar. Incluso antes de valorar el trabajo de cuidado, los $361.566 correspondientes a alimentos, vivienda, vestimenta, transporte, educación y salud absorbían el 97% del salario mínimo.
Después quedaban $10.834 para que la persona adulta pagara sus propios alimentos, alquiler, transporte, servicios y medicamentos. La calculadora no falla: lo que no cierra es la vida.
El costo total fue de $545.683 para menores de un año; $649.935 para niños de uno a tres años; $554.646 para el grupo de cuatro y cinco, y $697.268 entre los seis y doce años.
Las diferencias responden a las necesidades materiales de cada etapa y al tiempo que requiere el cuidado. Los niños más pequeños demandan más horas de atención directa, mientras que en la edad escolar aumentan con fuerza los gastos vinculados con alimentación, vestimenta, transporte y educación.
Cuánto costó criar según cada edad
Para los menores de un año, el INDEC calculó $177.233 en bienes y servicios y $368.450 por las tareas de cuidado. El total llegó a $545.683.
En el grupo de uno a tres años, los consumos indispensables representaron $228.850 y el cuidado alcanzó los $421.086. Con $649.935 mensuales, esta etapa tuvo el segundo costo más elevado.
Entre los cuatro y cinco años se necesitaron $291.467 para bienes y servicios y $263.179 para cuidados, lo que llevó el total a $554.646.
La cifra más alta correspondió al tramo de seis a doce años: $361.566 para cubrir consumos básicos y $335.702 por el tiempo dedicado a cuidar. En total, $697.268 mensuales.
Los montos no describen una crianza rodeada de lujos. El componente material parte de la Canasta Básica Total del Gran Buenos Aires, utilizada para determinar la línea de pobreza. Incluye alimentos y un conjunto elemental de gastos no alimentarios, como vivienda, transporte, ropa, salud y educación.
La canasta no contempla vacaciones en el exterior, escuelas privadas de elite ni zapatillas importadas. Calcula cuánto cuesta garantizar condiciones mínimas. Incluso ese piso ya quedó fuera del alcance de una porción enorme de las familias.
El cuidado también produce valor
El aspecto más importante del indicador es que no reduce la crianza a una lista de compras. También le asigna un valor económico al tiempo necesario para alimentar, higienizar, acompañar, trasladar, ayudar con las tareas escolares, atender enfermedades y organizar la vida de los chicos.
Durante julio, el INDEC estimó 147 horas mensuales de cuidado para un bebé menor de un año y 168 horas para niños de uno a tres. Entre los cuatro y cinco años calculó 105 horas y, en el grupo de seis a doce, 68 horas.
Esas horas se valorizan tomando como referencia la remuneración correspondiente a la categoría de asistencia y cuidado de personas del régimen de trabajo en casas particulares. No implica que las familias deban contratar obligatoriamente a alguien, sino que permite ponerle precio a un trabajo que existe aunque nadie lo pague.
Una persona puede no entregar dinero para cuidar a su hijo, pero durante esas horas no puede realizar otra actividad remunerada, descansar ni disponer libremente de su tiempo. El costo permanece oculto porque suele ser absorbido dentro del hogar y, de manera desproporcionada, por las mujeres.
Durante décadas, el progenitor conviviente aportó vivienda, comida, traslados, atención médica, reuniones escolares y disponibilidad permanente, mientras el otro podía considerar que su única obligación consistía en transferir una suma mensual. La canasta de crianza rompe esa ficción: cuidar también es contribuir económicamente.
En el caso de los niños de uno a tres años, el cuidado representa casi dos tercios de la canasta total. No es un agregado sentimental ni una ayuda espontánea. Es trabajo indispensable para que otra vida pueda sostenerse.
Una referencia para las cuotas alimentarias
La canasta elaborada por el INDEC se consolidó como una herramienta para jueces, mediadores y abogados al momento de fijar o actualizar cuotas alimentarias. Ofrece un parámetro oficial sobre el costo real de la crianza y evita que el aporte se determine únicamente mediante estimaciones arbitrarias.
El valor total no se convierte automáticamente en la cuota que debe pagar el progenitor no conviviente. Cada resolución tiene que considerar los ingresos y las posibilidades económicas de ambos responsables, el régimen de convivencia, las necesidades particulares del niño y la distribución efectiva de las tareas de cuidado.
Sin embargo, el indicador permite demostrar que la obligación alimentaria no se limita a comprar comida. El Código Civil y Comercial utiliza el concepto de “alimentos” en un sentido amplio: comprende manutención, vivienda, vestimenta, educación, asistencia médica, recreación y los gastos necesarios para adquirir una profesión u oficio.
También reconoce que las tareas realizadas cotidianamente por el progenitor conviviente constituyen un aporte con valor económico. Si una madre dedica tiempo a cuidar, llevar a la escuela o asistir a una consulta médica, ya está cumpliendo una parte de la obligación, aunque no exista una transferencia bancaria que lo registre.
La canasta no debería funcionar como un techo para las cuotas, sino como una referencia mínima. Las necesidades pueden ser superiores cuando existen problemas de salud, discapacidad, tratamientos, gastos educativos especiales o costos habitacionales particulares.
El costo aumentó más de $100.000 en un año
La comparación con julio de 2025 muestra cuánto se encareció la crianza. Entonces, la canasta alcanzaba $427.889 para menores de un año, $508.333 para niños de uno a tres, $426.741 entre cuatro y cinco, y $536.830 para el grupo de seis a doce años.
En un año, el aumento fue de $117.794 para los bebés, $141.602 entre uno y tres años, $127.905 para el tramo de cuatro y cinco y $160.438 para los niños en edad escolar.
La suba del último grupo ronda el 30%. Durante el mismo período, el salario mínimo pasó de $317.800 en julio de 2025 a $372.400 en julio de 2026, un incremento cercano al 17%. El costo de criar creció, por lo tanto, bastante más rápido que el ingreso mínimo fijado por el Gobierno.
La brecha explica por qué las familias pueden escuchar que la inflación se desacelera mientras su situación continúa deteriorándose. Que los precios suban más lentamente no significa que los salarios hayan recuperado lo perdido ni que las necesidades se hayan vuelto accesibles.
La crianza no espera a que mejore la macroeconomía. Los chicos comen todos los días, crecen, rompen el calzado, necesitan útiles y se enferman. Cada gasto postergado reaparece convertido en una necesidad más urgente.
Cuando tener hijos se vuelve económicamente imposible
Los valores del INDEC permiten entender por qué cada vez más hogares necesitan dos ingresos completos, recurren a familiares o se endeudan para sostener a sus hijos. Una familia con dos niños de entre seis y doce años enfrenta un costo teórico cercano a $1,4 millones mensuales, sin incluir todavía los gastos propios de los adultos.
El dato también ayuda a explicar la caída de la natalidad. La decisión de tener hijos se produce dentro de un escenario de alquileres elevados, trabajos inestables, licencias insuficientes, escasa oferta pública de cuidados y salarios que no alcanzan ni siquiera para cubrir una sola canasta.
El problema no puede resolverse responsabilizando individualmente a las familias. Criar no es un emprendimiento privado desconectado de la sociedad. Requiere jardines maternales, escuelas de jornada extendida, salud pública, licencias parentales, empleo registrado, vivienda y políticas que distribuyan el cuidado.
La canasta oficial del INDEC pone un número sobre ese trabajo. El número dice que criar a un niño costó hasta $697.268 durante julio. La realidad agrega algo más: cuando el ingreso mínimo apenas supera los $372.000, el problema no es que las familias gasten demasiado. Es que el trabajo vale menos que la vida que debe sostener.

























